“En un país que muchas veces parece dar la espalda a sus artistas, el Premio Artista del Año se ha mantenido firme como un faro de reconocimiento y estímulo, alumbrando los caminos del talento guatemalteco durante más de cuatro décadas”, expresa el artista Pepo Toledo en el prólogo del segundo volumen del libro Lo que soñé… lo vivo, en el que se documenta, a través de breves reseñas, la trayectoria de quienes han sido homenajeados desde 1981 con este galardón, y como apunta Toledo, “también se fortalece, reafirma y proyecta el legado de una mujer excepcional: María Eugenia Gordillo Morales (Guatemala, 1937)”.
El libro es, de acuerdo con Álvaro Sosa, artista también reconocido por el premio, y encargado del mercadeo del ejemplar, “un documento histórico en el que se encuentra a más de 600 artistas que han sido reconocidos a través de 45 años”. “Es un tesoro nacional. En él podemos encontrar no solo a los exponentes del arte que han sido reconocidos a nivel nacional e internacional, sino también a personas talentosas que han influido en sus comunidades, porque para nosotros el arte es lo que cambia a una sociedad”, añade Sosa.

María Eugenia Gordillo señala que esta publicación ha sido un estímulo, sobre todo, en un año que ha sido particularmente duro para ella, porque luego de sufrir un accidente el 23 de diciembre de 2024, ya no le fue posible conducir y acudir a todos los eventos artísticos a los que solía asistir. Sin embargo, se mantiene al tanto del quehacer cultural y cuando puede, se hace presente. Su criterio acertado y visionario, es el que ha sostenido el prestigio del galardón. Sin embargo, admite que desde hace un par de años, acepta opiniones de quienes colaboran con ella. Afirma que sus más allegados la animan para que, a pesar de las dificultades, el galardón llegue a los 50 años.




En las páginas del libro se encuentran distintas generaciones y ramas artísticas.
Ver y apreciar a los otros
Cuando se le pide a María Eugenia que identifique la raíz de su vocación por reconocer los logros de otras personas, asevera: “Venía conmigo, como vienen las cosas con cada persona. Algunos tienen una inmensa ambición de dinero o de puestos elevados. Yo siempre me preguntaba ‘¿por qué no le agradecemos a las personas que hacen tanto por nosotros’”.
Esa inquietud acompañó también a una temprana vocación periodística que se desveló siendo alumna del colegio Inglés Americano, en donde dirigió el periódico EAS Times. Y precisamente, años después, en cuanto tuvo la oportunidad de exaltar méritos de alguien más, la primera persona a la que le ofreció un homenaje fue a su maestra de primeras letras, Miss Amalia Cosenza, de quien afirma: “Nos enseñó a leer y a escribir a mí y a mis tres hijos. Nos hizo ese gran favor de la vida”. Recientemente, tuvo ocasión de traer al presente ese tributo celebrado en el Club Italiano, a través del espacio Vivencias, que desde hace unos años escribe para la Revista D, de Prensa Libre. “No se imagina la cantidad de llamadas que recibí de todos los alumnos del Colegio Inglés Americano que recibieron enseñanza de Miss Amalia Cosenza. Todos la recordaron”, añade.
Acerca del primer artista al que premió, el pintor Eduardo Madriz Escobar, cuenta que era muy talentoso y que fue como un abuelo para sus hijos, uno de los cuales también pinta. A Madriz le entregó una medalla que su familia guarda hasta la fecha, porque fue el único reconocimiento que se le brindó al talentoso exponente del arte visual.
Entre los cientos de reconocidos hacedores de arte, que luego galardonó como Artista del Año, no podían faltar grandes figuras como Carlos Mérida (1891-1985), quien además de su indiscutible talento y proyección internacional, era amigo de su familia, e incluso, cuenta, la llamaba, afectuosamente, “mi niña” porque la conocía desde que era muy pequeña.
Otra de las grandes personalidades del arte, de quien tuvo el aprecio fue la muralista Rina Lazo (1923-2019). “Ella me decía ‘mi relacionista’, porque a ella sí la habían olvidado en Guatemala e hice lo posible porque se le reconociera y todavía lo hago”, expresa Gordillo y trae a colación la presentación del documental que se proyectó durante la celebración del más reciente aniversario de la Corresponsalía Guatemala del Seminario de Cultura Mexicana, en donde se presentó un video acerca de la casa que habitaron Lazo y su esposo, el también pintor Arturo García Bustos (México, 1926-2017). Señala que mantiene estrecha comunicación con la hija de la pareja quien le comunica los pasos que se dan en favor de la memoria de sus padres.
Otro de los importantes intelectuales a quienes ha tenido la oportunidad de destacar es el escritor e investigador Carlos Navarrete. También menciona al músico Sergio Rafael Reyes, quien reside en Nueva York y que recientemente estrenó un video de su obra Resiliencia de los pueblos indígenas de Guatemala, la cual pronto será presentada en Guatemala.
María Eugenia ve con satisfacción los afectos que se ha ganado entre diversos grupos artísticos. Menciona, por ejemplo, a los pintores de Comalapa, entre ellos a Paula Nicho. Recuerda que cuando siete artistas provenientes de ese poblado llegaron para recoger su premio, ella le pidió ayuda a Primerose Barone, la entonces presidenta de la Societá Dante Alighieri, brindarles alojamiento y se quedaron en la sede de la entidad. «Eso no lo olvidan», acota. Además, también mantiene amistad con artistas de Sololá, como Domingo Peneleu. “Me tienen un inmenso cariño y lo pregonan», dice con orgullo.
También tiene memorias del bailarín y coreógrafo Fernando Navichoque, fallecido a principios de enero de 2026, de quien señala que siempre recordaba lo importante que había sido para él recibir el Premio Artista del Año siendo joven. «Nunca me olvidaré que él salió como La muerte en una coreografía que presentó Ana Elsie Aragón… la figura de Fernando era monumental como bailarín y fue espectacular. Por esa presentación fue la que lo premié», explica.
Recuerda con gran cariño a los primeros galardonados dentro de la gala Artista del año celebrada en 1981, entre ellos a la bailarina y coreógrafa Christa Mertins. De entre quienes ya no están de esa primera premiación, rememora a Luis Felipe Girón May (1952-2013), de quien cuenta, “me tenía un gran aprecio, porque estuve hasta en su camerino en Austria”, expresa.
En la reciente entrega del premio, la locutora Lucy Bonilla, quien también ya fue galardonada, entregó a María Eugenia Gordillo una plaqueta de parte de su hija Gaby Moreno, quien a través de un video, agradeció a la periodista el haberse constituido en un impulso para su carrera, a través del premio, cuando ella aún era una niña.
Los cimientos
Gordillo, quien se destacó como pionera en el área periodística al ser la primera mujer en escribir crónica deportiva en Guatemala, a través de Prensa Libre, también escribió para El Imparcial con el apoyo del escritor César Brañas, además, participó en distintas publicaciones en la Revista de Naciones, de Édgar A. Nicolle, quien fue uno de los que primero apoyó la entrega de los premios. Además, durante 22 años fue directora de la Hemeroteca Nacional de Guatemala Lic. Clemente Marroquín Rojas.
Su trabajo reporteril la acercó a las figuras del arte, al que había estado ligada desde su ámbito familiar. Su tatarabuela fue Vicenta Laparra de la Cerda (1831-1905) de quien tenía referencias directas ya que su tía bisabuela Luz, una de las hijas de ella, que vivía en casa de su abuela, les contaba anécdotas a María Eugenia y a sus primos. La figura de esa mujer que en el siglo XIX ya se distinguía como intelectual y que hacía que algunas vecinas corrieran sus visillos y murmuraran diciendo: «ya vienen los hombres de la Chenta», cuando recibía en su casa a los poetas de su tiempo, fue una inspiración e hizo que María Eugenia se preguntara, «¿por qué no se habla más de ella?»
Otra influencia artística fue la de su abuelo el caricaturista José Cayetano Morales, conocido como Mon Crayón (1874-1929), de quien el artista Guillermo Grajeda Mena indicó: “en los albores del siglo XX surgió el más fuerte y apreciado de los caricaturistas guatemaltecos”, de acuerdo con una reseña que hace Guillermo Monsanto en una reseña de El Attico.
Precisamente su tatarabuela y su abuelo motivaron a la creación de medallas para ramas específicas del arte. En el caso de la Medalla Vicenta Laparra de la Cerda, se estableció para reconocer los logros de escritoras, mientras que a los caricaturistas destacados se les premia con la Medalla Mon Crayón. También se han creado otros reconocimientos de este tipo como la Medalla Fabiola Perdomo para quienes se lucen en el mundo de la danza; la Medalla Ricardo Mata para los artistas de la fotografía y la Medalla Marta Bolaños de Prado para los educadores en el área musical.
Todas estas historias constan en el nuevo libro, que como indica Pepo Toledo, «no es una simple recopilación de nombres o una galería de logros. Es la crónica viva de la cultura guatemalteca contada a través de sus protagonistas, una historia colectiva que se entreteje desde los escenarios, las galerías, los talleres, los atriles y los estudios de grabación…»
Toledo añade: «Desde sus inicios, María Eugenia Gordillo intuyó que premiar a un artista no era solo celebrar un momento destacado, sino crear memoria, preservar la historia y tender puentes hacia el futuro.»
El libro ya está disponible a través de www.loquesone.com
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