“¿Qué pasaría si las paredes hablaran?”, se cuestionan muchos para referirse a secretos intramuros, a veces, inconfesables. Sin embargo, Rina García Lazo, la hija de la artista guatemalteca Rina Lazo (1923-2019) y del mexicano Arturo García Bustos (1926-2017) accedió a que la casa de su familia “hablara”, a través de un video, en el que se cuenta la historia de amor, arte y solidaridad de sus famosos padres, dos de los muralistas mesoamericanos más relevantes del siglo XX.
En el audiovisual Los pintores de la Casa Colorada, que fue estrenado en México en agosto de 2025 y presentado durante la conmemoración del 17 aniversario de la Corresponsalía Guatemala del Seminario de Cultura Mexicana, es precisamente ese hogar, que también es conocido como La Casa de la Malinche, el que “habla” e introduce a la historia de sus famosos propietarios, que se vincularon con Guatemala durante toda su trayectoria.
Historia, leyenda y mito
Lo primero que relata la «Casa Colorada» es su propia historia y el origen de su otro mote: “La casa de la Malinche”. En el audio, señala: “hay una leyenda que cuenta que entre mis gruesos muros vivió La Malinche con Hernán Cortés, aunque no hay evidencia histórica que respalde esos dichos”. Lo que sí es verdad es que el escritor, abogado y funcionario público José Vasconcelos era su dueño a mediados del siglo XX y se la dejó como herencia a su hija Carmen Vasconcelos de Ahumada.
A finales de la década de los años 1960, Rina y Arturo llegaron a vivir a la casa, y en los años 1970 tomaron la decisión de comprarla y restaurarla. Además, del valor del inmueble, ambos artistas le imprimieron su arte. Siendo muralistas, las paredes de la vivienda se convirtieron en lienzos. La hija explica que, para adquirir esa emblemática propiedad, sus padres utilizaron lo que ganaron por pintar murales del Museo Nacional de Antropología de México. “Con ese dinero dieron el enganche… después tuvieron que pagar durante 10 años la hipoteca. Para ellos esta casa fue un reto”, admite la hija, quien también ha luchado por su la restauración del inmueble, después del terremoto que casi la destruye en 2017 y ha logrado grandes avances con ayuda del gobierno federal de su país.
En el video, además de los “testimonios de la casa”, las vivencias de la hija y las declaraciones de la investigadora curadora y Dina Comisarenco del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y de Mercedes Sierra de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), hay fragmentos de entrevistas con los protagonistas. En ellos, cuentan cómo comenzó su relación, cuando, siendo muy jóvenes, cada uno de sus respectivos maestros (Frida Kahlo de él, y Diego Rivera, de ella) los invitaron para que participaran haciendo carteles y telones para una manifestación que iba a haber el plan Clayton, que abría las fronteras comerciales entre México y Estados Unidos. Ambos fueron al sindicato de ferrocarrileros y ahí se conocieron. Rina, quien siempre era la más expresiva relataba en las entrevistas que “fue amor a primera vista”, aunque su esposo se mostraba tímido y solo se reía ante las revelaciones. Luego, ella decía que “la declaración fue en una pulquería” y él mostraba la misma reacción.
Además de tener como mentores a Diego y Frida, hubo factores que jugaron en favor del nacimiento de su amor, tales como su sensibilidad por el arte y su pasión por la justicia social.
Los protagonistas
Rina nació en Guatemala, el 30 de octubre de 1923. Su padre Arturo Lazo Midence era médico y su madre, Melanie Wasem estuvo siempresumamente interesada en las artes. En su niñez, Rina fue a vivir a Cobán, Alta Verapaz. Ahí, tomó clases de arte con la maestra Lolita Villacorta.
Al volver a la capital, comenzó sus estudios en el Colegio Alemán y solo regresaba a Cobán para las vacaciones. Ya siendo adolescente, la pintora Carmen Neutze le recomendó estudiar junto a Julio Urruela Vásquez, quien pintó los vitrales del Palacio Nacional de la Cultura. Luego se inscribió en la Academia Nacional de Bellas Artes, que más adelante se llamaría Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP).

Después de la llegada al gobierno de Juan José Arévalo, en 1945, la Asociación de Profesores y Estudiantes de Bellas Artes lanzó una convocatoria para elaborar carteles sobre los actos conmemorativos de la Revolución del 20 de octubre. Rina participó y obtuvo el primer lugar con la obra titulada Por los caminos de la libertad. Ganó la medalla de oro por un cartel elaborado para la Primera Feria del Libro, que se llevó a cabo el 19 de julio y, un año después, ganó un certamen convocado por el Ministerio de Educación. El premio era una beca de año y medio para estudiar pintura en el extranjero y ella decidió irse a México porque estaba interesada en el movimiento muralista que había emergido en aquel país.
En 1946, en la capital mexicana, se puso en contacto con Juan Antonio Franco, un artista guatemalteco radicado en el país vecino, quien había trabajado con Diego Rivera y José Clemente Orozco. Rina ingresó a la Escuela Nacional de pintura, escultura y grabado La Esmeralda.
A los tres meses de empezar clases, su profesor Andrés Sánchez Flores la seleccionó para trabajar como asistente de Rivera, quien en ese momento realizaba el mural Sueño dominical de una tarde en la Alameda Central (1947) en el Hotel del Prado. Por su puntualidad y mística en el trabajo se ganó la admiración de Rivera, quien incluso llegó a retratarla en esa emblemática obra.
Entre otras obras destacadas de Rina, se encuentran Tierra Fértil (1953) que se encuentra en el Museo de la Universidad de San Carlos (Musac). Sin embargo, uno de sus trabajos más relevantes lo emprendió en 1966, cuando fue seleccionada por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez para reproducir los murales de Bonampak para el Museo Nacional de Antropología de México. El trabajo no solo significó mayor prestigio para la pintora, sino, sobre todo, estrechar sus conocimientos con las técnicas artísticas y la mística de la cultura maya. En esa línea también se mencionan trabajos como Venerable Abuelo Maíz (1995) para el Museo de Antropología e Historia de México y Realidad y sueño en el mundo maya. Mágico encuentro entre hombres y dioses, que trabajó junto a su esposo, en el Hotel Casa Turquesa en Cancún.

Una de las obras más significativas de Rina la creó durante los últimos diez años de su vida. Es más, sus allegados cuentan que lo veía como una misión por completar, y el 30 de octubre de 2019, el día del cumpleaños número 96, anunció a quienes le llegaron a acompañar a su celebración que, por fin, había finalizado. Apenas dos días después, el 1 de noviembre, Lazo falleció en su casa en Coyoacán, México.

La historia de Arturo García Busto, con quien Rina se casó en 1949, comenzó el 8 de agosto de 1926. Igual que ella, muy temprano sintió el llamado de las artes. Por eso, primero se inscribió en la Academia San Carlos. Sin embargo, el sistema de esa entidad no le convenció, por lo que pronto se trasladó a La Esmeralda donde una de sus maestras fue Frida Kahlo. Ella pronto enfermó y decidió impartir clases en su casa. Ahí acudían sus alumnos destacados a quienes en el ambiente artístico mexicano se les comenzó a llamar “los fridos”. En el video se revela que Frida llamaba “Bustitos” a Arturo en alusión a su segundo apellido.
Además de ser un muy talentoso artista, se le recuerda como un luchador social incansable y combativo. A Guatemala no solo lo vinculó su amor por Rina, sino también sus trabajos inspirados por la realidad social. Durante 1953 y 1954 llegó al país para dirigir un taller en el cual realizó la serie Testimonios de Guatemala, que por el cual recibió la Medalla de Oro del Movimiento Mundial por la Paz. Entre 1956 y 1957 fundó el taller de grabado en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez, Oaxaca, México.

Fue docente de artes plásticas en el Instituto Nacional de Bellas Artes de México e impartió conferencias y cursos en varios estados de la República mexicana, en Guatemala, Estados Unidos e Italia.
Entre algunos de sus murales se encuentran Pobladores de las siete regiones de Oaxaca, en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México; Oaxaca en la historia y en el mito, en la escalera monumental del Palacio de Gobierno de Oaxaca; La Universidad en el umbral del siglo XXI, en la Estación Universidad del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México, así como Realidad y sueño en el mundo maya. Mágico encuentro entre hombres y dioses, en el Hotel Casa Turquesa, Cancún, Quintana Roo.
En el video presentado, Rina García Lazo destaca su orgullo porque en el Palacio de Gobierno de Oaxaca utilizó la técnica de la encáustica, que es con cera de abeja, pigmento mineral y resina de copal, y la que requiere que el artista además de pintar con el pince, rápidamente utilice un soplete. “Es muy difícil, pero admiro a mi padre escogiera esa técnica milenaria tan complicada para pintar un mural de 220 metros cuadrados”, refiere la hija en otro video sobre la vida de su progenitor.

García Bustos fue miembro del Consejo Mexicano por la Paz y Representante del Comité Internacional por la Paz; además de ser miembro de número de la Academia de Artes. También fue fundador del Salón de la Plástica Mexicana del Inbal y miembro honorario de la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México, AC.
Entre los premios que obtuvo se cuentan la Medalla de Oro del Movimiento de la Paz (Guatemala, 1953); el Primer Premio y Medalla de Oro en el V Festival de la Juventud, Varsovia (Polonia, 1955); Medalla de Plata en los concursos internacionales de grabado (Moscú, 1957); Diploma de honor Maestro Rafael Ramírez en reconocimiento a la relevante obra educativa realizada durante 30 años y la Medalla al Mérito Docente, otorgados por la Secretaría de Educación Pública (Ciudad de México, 1986).
La hija señala que le encantaría que, con motivo de su centenario, que se cumplirá en 2026, se realice una gran exposición y merecidos homenajes. Mientras tanto, ella sigue luchando por realizar un sueño de sus padres que es convertir la famosa Casa Colorada en un museo donde puedan apreciarse sus obras.
Una corresponsalía, parte del legado
Rina estuvo siempre en contacto con Guatemala y promovía el intercambio cultural. Siendo, como era, corresponsal honoraria del Seminario de Cultura Mexicana, que es una entidad que busca la promoción de la cultura mexicana, le propuso al presidente de esta, que en ese tiempo era Arturo Azuela, que se formara una corresponsalía en Guatemala, él aceptó y pronto, se nombró a la periodista María Eugenia Gordillo como presidenta. Gordillo ocupó ese cargo durante más de 16 años. A finales de 2024 tomó la decisión de trasladar la responsabilidad de la presidencia al artista José “Pepo” Toledo.





Bienvenida a los nuevos corresponsales Enán Moreno, Regina de Toledo y María Regina Moraga y lectura de las poetas Miriam de León y Delia Quiñónez, durante el acto realizado en la Embajada de México.
Durante la conmemoración de los 17 años de la corresponsalía, que se celebró en la Embajada de México, Toledo recalcó la importancia que México ha tenido en su vida y carrera. En principio, contó que cuando como empresario de mecánica automotriz hizo un viaje en automóvil a California y recorrió gran parte del territorio mexicano. Luego, ese vínculo se hizo más fuerte gracias a su tío abuelo, el renombrado escritor Mario Monteforte Toledo, quien vivió dos exilios en México y en 1986 volvió al país. Pepo, además, contó que su primera exposición internacional Esculturas peligrosas, la hizo en ese mismo país, en el que también realizó una gira de 18 meses. Posteriormente también colocó en México la primera pieza de su serie Ángel de la paz. “México me ha perseguido con mucho cariño”, acotó el ahora presidente de la corresponsalía.
Toledo expresó su agradecimiento y admiración hacia María Eugenia Gordillo, de quien señaló es una mujer que ha tenido «una vida institucional extraordinaria».
La Ministra Consejera de la Embajada de México, Mónica Velarde, realzó el trabajo que se ha realizado y enfatizó en que la corresponsalía de Guatemala es la más activa de las cuatro que existen fuera del territorio mexicano, ya que realiza actividades que exaltan tanto la cultura de México como la de Guatemala.
Nuevos corresponsales
Cada año, como parte de la ceremonia de celebración de sus aniversarios, la corresponsalía da la bienvenida a nuevos corresponsales. En esta ocasión los nuevos miembros son el escritor y docente Enán Francisco Moreno Martínez; la chef y promotora cultural Adriana Regina Mejía Cruz de Toledo y la arqueogastrónoma María Regina Moraga Durán. He aquí los méritos que llevaron a la aceptación de sus candidaturas:
Enán Francisco Moreno Martínez nació en San Antonio Suchitepéquez, 9 de enero de l949. Se graduó como Perito Contador de la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales de Occidente (ENCO), en 1971. En ese establecimiento publicó artículos y sus primeros poemas en el periódico y la revista escolares. También fue director del programa radiofónico Destellos de la Encod, el cual se transmitía por Radio TGQ, La Voz de Quetzaltenango. En l970, ganó el concurso literario de salutación a la reina de la escuela y fue declarado Poeta Laureado. En 1971 presidente de la Asociación de Estudiantes de San Antonio Suchitepéquez –AESA-.
En 1973, comenzó sus estudios de Letras en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos. En 1976, junto a otros estudiantes y profesores fundó junto a otros estudiantes y maestros, y fue director del periódico literario Soluna, que es el periódico literario que más tiempo se ha publicado en Guatemala. En 1980, obtuvo el título de Licenciado en Lengua y Literatura Española e Hispanoamericana. En 2001 obtuvo la Maestría en Letras y en 2006, el Doctorado en Educación, impartido por la Universidad de La Salle, de Costa Rica.
Se ha desempeñado como profesor universitario e investigador en las áreas de lenguaje y literatura guatemalteca. Ha publicado artículos y ensayos en periódicos y revistas.
En el área de lenguaje ha escrito y publicado Lengua oral y lengua escrita: diferencias, Redactemos mejor, y Ortografía fácil. En el campo literarioha publicado Libro de poemas, Palabra de poeta, Poeta molinero, No hay soledad amarilla, Usted puede contar conmigo (narrativa breve), Elogio de la literatura (ensayo) y Literatura guatemalteca (ensayos sobre varios autores).
Cuenta con algunos títulos aún inéditos como En un pueblo de la costa, el cual yo quiero acordarme (memorias), Un afán apasionado (mini novela), Historias de animales (cuentos para niños), Poemas para niños y Códice de los días y las noches (diarios o apuntes personales)
Entre los reconocimientos que ha obtenido se cuentan un , Accésit en los Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango, en 1975, por su poema Génesis; segundo lugar, por el cuento titulado Vivencia, en los Juegos Florales del Carnaval de Mazatenango, l977; primer lugar en el Certamen Literario de Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla, en 1978por su cuento Sueño de tiempo; primer lugar en la rama de poesía de los Juegos Florales Centroamericanos de Cobán, Alta Verapaz, en 1979, y el Premio Bienvenidos al Arte, otorgado por el Grupo Cultural Epidauro, a su poemario Libro de poemas, en l992. Ha sido declarado, junto con otros escritores, visitante distinguido por las municipalidades de Quetzaltenango y Totonicapán.
Ha sido integrante del Consejo Asesor para las Letras del Ministerio de Cultura y de la Comisión del Centenario de Miguel Ángel Asturias, de la Comunidad de Escritores de Guatemala y directivo de Asociación Cultural Enrique Gómez Carrillo. Coordinó, durante siete años, el Club de Lectura de la Biblioteca Central de la Universidad de San Carlos. Actualmente dirige el Instituto de Literatura Guatemalteca.
Adriana Regina Mejía Cruz de Toledo nació en la ciudad de Guatemala el 18 de abril de 1953. Inició su carrera diplomática como Asistente de Embajada y Consulado en la Embajada de Colombia en Guatemala (1973–1976).
A partir de 1976 se especializó en cocina guatemalteca, japonesa, china e italiana, e incursionó en el arte de la repostería y la escultura en azúcar desde 1978. Entre 1992 y 1996 se desempeñó como Asistente de Mercadeo en el Parque Zoológico Nacional La Aurora.
De 2000 a 2009 colaboró activamente en la cocina para indigentes The Lord´s Kitchen, Formó parte del Comité de Damas del Club Rotario Guatemala Sur entre 2000-2009, colaborando activamente en Arte Subasta.
Entre 2006 y 2010 lideró el grupo de ayuda personal y social D’Mujeres, impulsando el crecimiento emocional y espiritual de mujeres en situación vulnerable. Dirigió el programa Educación para el hogar (2009–2011), enfocado en habilidades prácticas y valores familiares, para Fundación Operación Rescate.
En 2013 se incorporó como colaboradora del Seminario de Cultura Mexicana, Corresponsalía de Guatemala.
María Regina Moraga Durán es Licenciada en Administración Gastronómica y Chef profesional por la Universidad InterNaciones. Cursó estudios en Arqueología en la Universidad de San Carlos. Se identifica como Arqueogastrónoma.
Ha sido asesora y conferencista independiente en Arqueogastronomía desde 2013 y docente del curso de Arqueogastronomía en Guatemala en el Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín. Además, fue Subdirectora de la Escuela de Gastronomía de la Facultad de Ciencias Económicas en la Universidad InterNaciones, y encargada del laboratorio de materiales en el Museo Popol Vuh.
Ha sido ponente en el Simposio de Investigaciones Arqueológicas de Guatemala, en 2000, 2003, 2005, 2013, 2018, 2019, 2021 y 2023; en el Coloquio de Arte Rupestre, Guatemala (2020), en los congresos sobre Antropología de la alimentación en México, México (2021), Congreso sobre pensum arqueológico en Perú, Perú (2020), y el Congreso Internacional de Arqueología, El Salvador (2013)
Participó en el documental Regina Moraga: Descubriendo el pasado de Guatemala. DW Español, Alemania 4 julio de 2023. Ha publicado artículos en Prensa Libre, Revista D, Revista Amiga. Es Miembro Académico de Slow Food Capítulo Guatemala, a cargo de Festivales Gastronómicos y ha sido capacitadora para INGUAT del Taller “Arqaueogastronomía”.

En el acto de celebración de la corresponsalía, la escritora Miriam de León leyó sus poemas Lluvia, En la búsqueda y Una caja sin tapa, y la literata Delia Quiñónez compartió su poema Evocación de las palabras.
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