El guatemalteco Alfredo Caxaj es investido con la Orden de Canadá

El artista y promotor cultural, que en los años 80 llegó como un refugiado político a Canadá, es reconocido con el máximo galardón que ese país ofrece a sus ciudadanos por su trabajo en favor del intercambio cultural internacional.

Ana Lucía Mendizábal

diciembre 14, 2025 - Actualizado diciembre 13, 2025

Alfredo Caxaj obtiene la principal distinción que Canadá otorga a sus ciudadanos por su trabajo como promotor cultural. Foto: Mercedes Caxaj

En 1985, Alfredo Caxaj, su esposa y su hijo de solo dos años llegaron a la ciudad de London, Ontario, Canadá como refugiados. La joven familia debió huir de la violencia política que se vivía en Guatemala durante el Conflicto Armado Interno. El jueves 11 de diciembre de 2025, 40 años después, Alfredo recibió la Orden de Canadá, que es el máximo reconocimiento que ese país otorga a sus ciudadanos. Entre un hecho y otro hay una historia excepcional de pérdidas, dolor, obstáculos, lucha y logros.

La violencia y el racismo

La salida de Guatemala de la joven familia, a mediados de los años 80, fue tan repentina como necesaria. De acuerdo con lo que señala el sitio https://memoriausac.home.blog/, en diciembre de 1982, Marco Caxaj Rodríguez, hermano menor de Alfredo fue detenido y desaparecido. El mismo documento cuenta que Carlos Leonel, el hermano mayor, quien además era catedrático universitario, líder magisterial y miembro del GAM y no dejaba de buscar a su hermano y denunciar injusticias, fue asesinado en 1985 a pocos metros de su hogar.

“En ese entonces la Embajada canadiense tenía un grupo de personas que monitoreaban los casos políticos en Guatemala y el caso de mi familia fue muy conocido”, relata Caxaj. “Nosotros ni siquiera estábamos pensando en salir del país, pero se nos dio esa oportunidad y no nos quedaba alternativa”, refiere.

Los inicios en ese país del norte del continente no fueron nada fáciles. “Primero, ese choque cultural en cuanto a la cuestión del idioma, las diferentes dinámicas sociales que se llevan acá y el clima fue una de las cuestiones que realmente nos impactó”, comenta. “Llegamos un 21 de noviembre y recuerdo que en el aeropuerto había algunos oficiales de migración esperándonos y tenían abrigos, botas, calcetines para que nos las pusiéramos y nosotros decíamos ‘tenemos nuestros suéteres’. Pero de una forma u otra nos forzaron a ponernos eso y cuando salimos del aeropuerto no creíamos lo frío que era este país”, rememora.

Pero el frío no solo estaba en el clima. Resulta que las personas de la embajada canadiense en Guatemala, con la intención de que pudieran adaptarse, decidieron enviarlos a London, Ontario que era una ciudad ni muy grande ni muy pequeña. “Veníamos tan estresados emocionalmente y creyeron que el ambiente iba a ser conveniente para nosotros. Lo que no nos dijeron es que era la ciudad más conservadora y una de las más racistas en todo Canadá. Lo empezamos a experimentar desde el siguiente día en que llegamos”, relata.  Las señales de discriminación eran tan fuertes que en algún momento llegaron a pensar en volver a Guatemala, pero ya habiendo tenido a su hija, pensaron darles a los pequeños la oportunidad de crecer en un ambiente estable.

El poder de la música

En Guatemala, Alfredo ya se dedicaba a la música, por lo que empezó a buscar empleo en ese ámbito. “Uno de mis primeros trabajos lo hice con una Organización no gubernamental y a través de esa institución logré hacer conexiones con las agencias de fondos que tienen que ver con las artes”, indica. Fue ese su inicio como gestor cultural, ya que comenzó a programar eventos de literatura, artes visuales y música con inmigrantes que eran primera generación.

La primera edición de ese encuentro fue exitosa, lo que hizo que la confianza en el trabajo de Alfredo creciera y se le concedieran más fondos. Vimos la respuesta positiva de la comunidad. “Algo que fue una inspiración enorme para mí fue haber ido a Toronto con uno de mis maestros de la universidad. No podíamos creer la diversidad cultural que existía en esa ciudad”, explica. Añade que London no era culturalmente diversa. “Era muy anglosajona, muy blanca”.

El profesor lo llevó a presenciar un concierto de siete percusionistas que iban de distintas partes del mundo. Alfredo quedó maravillado y le dijo al profesor: “Hagamos algo así en London». «Para mí haberme enfrentado con la diversidad cultural fue un choque en el sentido positivo. Me dije ‘podemos conocer tantas culturas del mundo a través del arte culinario, lo visual y la música. Fue una inspiración para mí”, acepta.

Un festival sin fronteras

El trabajo se multiplicó para Alfredo, quien además de realizar su labor musical en London, empezó a organizar eventos culturales. “Fueron tan bien recibidos y exitosos que llegó el momento en el que pensé ‘¿por qué no hacemos un festival de verano que refleje esta diversidad cultural, pero con artistas profesionales?’. Así nació el London Sunfest, un festival de música y jazz de todo el mundo. Caxaj cuenta que algunos músicos locales que no llenaban los estándares de calidad que el festival exigía, les reclamaban que se dijeran inclusivos, pero no aceptaran números amateurs, pero los organizadores buscaban dar prestigio al festival, y su fórmula funcionó.

En lo que sí es inclusivo es en el acceso al público, porque luego de tres décadas, el encuentro cultural sigue siendo de entrada gratuita. En él se ofrece música, danza, artesanías y gastronomía de todo el mundo y en la actualidad recibe a más de 220,000 personas.Según señalan varios medios de comunicación canadiense, este encuentro artístico se ha convertido en la “celebración principal de culturas del mundo en Canadá”.

Alfredo también es responsable de la organización y producción de un programa de actividades durante todo el año, que incluye la Serie de Música y Jazz del Mundo Sunfest, Programas Escolares de Extensión y Exposiciones de Arte.

El orgullo familiar

El papel de Alfredo ha sido sumamente notable. Antes de ser investido con la Orden de Canadá, el guatemalteco ya había conseguido otras importantes distinciones. En 2013, fue reconocido como uno de los 10 latinos más influyentes en Canadá. En ese mismo año recibió la medalla Reina Isabel II jubileo 60 años, y en 2015, obtuvo un reconocimiento de parte del alcalde mayor y el Concejo de la ciudad donde reside.

Alfredo Caxaj celebra en familia la distinción otorgada por el gobierno canadiense.

Su inclusión como Miembro de la Orden de Canadá es, a decir de Caxaj, “muy significativo porque es el honor más grande que cualquier ciudadano canadiense pueda tener por parte del gobierno. Para mi familia y para mí es sumamente significativo, porque es un reconocimiento al trabajo que se ha ido desarrollando por muchos años en favor del arte y la cultura”, recalca.

La medalla de la Orden de Canadá con la que se honra a los más destacados ciudadanos de ese país. Foto: Mercedes Caxaj

“Cuando pensamos en que 40 años atrás vinimos a este país como refugiados políticos escapando del Conflicto Armado Interno, sufriendo la pérdida de dos de mis hermanos, vemos que ha sido una jornada muy larga, llena de muchos desafíos, pero al mismo tiempo, lleno de muchas satisfacciones. Pienso que el arte y la cultura es algo que nutre a las comunidades. Una comunidad sin arte ni cultura es una comunidad sin alma”, asevera.

Otro de los méritos que Caxaj es el haberse convertido en referente de este tipo de movimientos culturales. “El papel que nosotros hemos desarrollado no solo en esta comunidad, se ha creado un perfil de lo que hacemos a nivel nacional e internacional”, asegura.  “Nos han colocado como ejemplo para desarrollar actividades similares a las que hemos hecho aquí en la ciudad de London”, agrega.

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