Memorias y anécdotas / Con ocasión del traslado al país de los restos de Asturias

De las experiencias personales que tengo de la obra de Asturias narro sobre las presentaciones de dos de sus obras de teatro, que en su momento me causaron gran impacto, por diversas razones.

Max Araujo

noviembre 1, 2026 - Actualizado octubre 31, 2026

La tarde del 19 de octubre 2023 conocí la tumba de Miguel Ángel Asturias en el Cementerio “Pere Lachaise”, en Paris.  El piloto del vehículo que tenía a su servicio Antonio Pallares Buonafina, embajador de Guatemala ante Francia y la UNESCO, nos recibió en las afueras del aeropuerto Charles de Gaulle: a mí, a Cecilia Skineer Klee y a Otilia Lux de Coti, ministra en ese entonces de Cultura y Deportes, y nos condujo a dicho cementerio para participar en un acto homenaje que organizó la embajada de nuestro país. Cuatro años antes, mediante el Acuerdo Gubernativo número 901-99 emitido el 7 de diciembre de 1999 el presidente de la República, Álvaro Arzú decretó que cada 19 de octubre se celebre por el Ministerio de Cultura y Deportes y por otras dependencias de gobierno el “Día del Escritor Miguel Ángel Asturias”, quien nació el 19 de octubre de 1899. Coincidentemente el 19 de octubre de 1967 se le comunicó oficialmente que fue galardonado con el Premio Nóbel de Literatura, su viuda, doña Blanca Mora y Araujo, murió años después, el 19 de octubre del 2000.

Tuve también el privilegio de participar con muchas personas más, en el Congreso que en 1999 se celebró en el Hotel Dorado, hoy Barceló, en la ciudad de Guatemala, por el que se conmemoró el centenario de los nacimientos de Asturias y de Jorge Luis Borges. Fue uno de los eventos que desarrolló una Comisión de escritores e intelectuales guatemaltecos que integró el Ministerio de Cultura y Deportes.  En dicho congreso también participaron Augusto Monterroso, Luis Alfredo Arango y Mario Monteforte Toledo, entre otros.  Estos escritores fueron galardonados, en su momento, con el Premio Nacional de Literatura que lleva el nombre de Miguel Ángel Asturias, creado en 1988, por el Ministerio de Cultura y Deportes para reconocer a los escritores valiosos de Guatemala.  En otras estampas de mis memorias he contado de cómo surgió este premio.  Estuvo presente en el mencionado congreso la viuda de Borges, doña María Kodama.

La  mencionada Comisión, en la que participaron  Juan Fernando Cifuentes, como  Presidente de la misma,  Enán Moreno, Circe Rodríguez, Marta Regina de Fashen y Gloria Hernández, entre otras personas destacadas, realizó diversos eventos y acciones; una de ellas la gestión para la elaboración, por el escultor Max Leiva, de la estatua que se encuentra en la Avenida Reforma y 13 calle de la zona 9, de la ciudad de Guatemala, así como de varios bustos de Asturias, que se encuentran en otros lugares, incluyendo el  que se puso  en un parque de la Ciudad de México. Otro acierto fue la publicación ese año de la primera edición en Guatemala del libro “Comiendo en Hungría”, escrito por Asturias y Pablo Neruda, por parte de Editorial Cultura y la Embajada de Chile en Guatemala. En ese año editoriales de nuestro país aún no contaban con el Derecho respectivo para publicar obras de nuestro autor, sin embargo, hay que anotar que en 1943 se publicó en La Antigua Guatemala, por la editorial “Ediciones del Aire”, un folleto con el poema “Anoche, 10 de marzo de 1543 “para celebrar el Cuarto Centenario de la Fundación de Santiago de los Caballeros de Guatemala (en el Valle de Panchoy).

La edición fue de 400 ejemplares. También en 1969, se publicó la primera edición guatemalteca de “El Señor Presidente”, por la Editorial Universitaria de la USAC, con portadas de Guillermo Grajeda Mena. Tuve un ejemplar de esa edición. Cronológicamente la primera publicación de dicha novela se hizo en la ciudad de México, en el año 1946, por el editor Bartolome Costa Amic. La publicación la pagó la madre de Asturias, según lo cuenta Juan Olivero, en su libro “El Miguel Ángel Asturias que yo conocí, relatos anecdóticos” publicado en 1980 por la editorial Cultural Centroamericana. Olivero fue gran amigo de Asturias, desde su niñez. De jóvenes compartieron estadía en Paris. Hoy día, editoriales como Cultura, Piedra Santa y FyG publican las obras de Asturias en Guatemala, porque han obtenido los derechos respectivos. Incluso el Ministerio de Cultura y Deportes publicó en 2022 una traducción de “El Señor Presidente” en idioma Kaqchikel.

Previo a la conmemoración de dicho centenario Asturias ya había recibido de Guatemala varios homenajes importantes, entre estos, que algunos centros educativos lleven su nombre y que el Centro Cultural de Guatemala, inaugurado en     1978, también lo lleve, porque en 1987, mediante el Decreto 35-87 del Congreso de la República, emitido el 11 de junio 1987, así lo estableció. El mismo Congreso, en 1967, lo declaró “guatemalteco insigne” y creó la “Orden Miguel Ángel Asturias”, mediante el decreto 1724, de fecha 7 de diciembre de 1967, que se otorga a personas, que, en cualquier campo del ecosistema del libro, o como escritor o investigador o ensayista en temas de literatura, haya realizado un trabajo que debe ser reconocido.

De las experiencias personales que tengo de la obra de Asturias narro sobre las presentaciones de dos de sus obras de teatro, que en su momento me causaron gran impacto, por diversas razones, la primera cuando en 1971, con los compañeros que integramos el Grupo de Teatro Experimental de Derecho (TED), de la USAC,  por decisión de Zoila Portillo, nuestra directora, actriz y excelente gestora cultural,  viajamos un atardecer, en un jeep conducido por Maynor Elías Ogaldez, compañero  de estudios en la Universidad Mariano Galvez” para presenciar la obra “ La audiencia de los  Confines”, que se presentó en las “ Ruinas de Capuchinas”, hoy un edificio restaurado, donde se encuentra el Centro de Formación Española.

Lo recuerdo como un excelente montaje, bajo la codirección de Rubén Morales Monroy, Luis Domingo Valladares y Marco Antonio Flores. La otra obra es la adaptación que para el teatro hizo el dramaturgo Hugo Carrillo de la novela “El Señor Presidente”, que se presentó con mucho éxito, en casi cien ocasiones, en la sala de teatro de la Universidad Popular, en 1974, bajo la dirección de Rubén Morales Monroy, cuyo adaptador, se dijo, fue un alemán de nombre Franz Metz, que vivía en la Mosquitia, Nicaragua. Años después se supo que fue un seudónimo, que por razones personales usó Carrillo.  Las dos obras me causaron un gran impacto emocional.  No olvido esas presentaciones.

Una tercera experiencia fue el encuentro con Amos Segala, en 2003, en Paris, quien solicitó mi intervención para que el gobierno de Guatemala continuara como copatrocinador de la “Colección Archivos” de la Unesco, que se inició como un reconocimiento a los archivos personales de Asturias. De este encuentro y de la colección mencionada publiqué en este medio digital un texto.

Otra anécdota es cuando Marco Vinicio Mejia, en 1991, me trajo de México, un ejemplar del Libro “Asturias casi una novela” con una dedicatoria escrita de su autor Luis Cardoza y Aragón. Conservo el ejemplar en mi estudio de casa.

Debo mencionar también que, en el año 2017, el Ministerio de Cultura y Deportes, cuando yo laboré en el Viceministerio de Cultura, se emitió un Acuerdo Ministerial que declaró ese año como “Año del Cincuentenario del Otorgamientos del Premio Nobel de Literatura al escritor Miguel Ángel Asturias “. Entre los eventos que se realizaron se encuentra la publicación por parte de Editorial Cultura de los libros: “Sien de alondra “, en la Colección Poesía Guatemalteca, Serie Rafael Landívar (Volumen 112), y la primera edición de “Memoria de mis memorias,” de doña Blanca Mora y Araujo de Asturias en la colección “Serie Biografías”, número 5. La autora narra una serie de hechos y acontecimientos que vivió con don Miguel Ángel, desde que lo conoció hasta su muerte. El Consejo Asesor de Editorial Cultura estuvo integrado ese año por José Roberto Zuñiga, director general de las Artes, y por los escritores: Carmen Matute, Gloria Hernández, Luis Méndez Sainas, Gerardo Guinea Diez y Julio Serrano Echeverria. Como editor Franciso Morales Santos.

En las palabras liminares del libro, elaboradas por Fernando Feliu Moggi, escribe, octubre de 2017, al inicio de su texto lo siguiente: » En una playa del Mediterráneo, una mujer anciana está contando historias. Son historias confusas, sobre un ser casi mítico, un hombre inmenso, magnético, un brujo-narrador, hecho de una materia que contenía el todo, que desbordaba el todo. Con ese nuevo lenguaje viajó desde la ladera de los grandes volcanes, la cabellera espesa de las selvas, los valles, colinas, lugares verdes, y los pueblos de casas blancas como juguetes de nacimiento de su pequeño pueblo natal, hasta las principales metrópolis del planeta”, más adelante  expresa “ Conocí a Blanca Mora y Araujo de Asturias, la anciana que contaba esas historias, a mediados de los años 80 del siglo pasado en la playa de La Rápita, en Mallorca, apenas a un par de kilómetros donde hoy escribo estas líneas».

Libro que se publicó, creo, gracias a que Fernando tenía el manuscrito respectivo, quien, en esa introducción indica que a pesar de que la obra contiene algunas imprecisiones, señaladas en su momento por críticos conocedores de la vida y obra de Asturias, prefirió que se publicara así, por la riqueza verbal, con recuerdos y datos de la autora, por respeto a ella. Entre los agradecimientos a personas que le ayudaron doña Blanca citó e Marco Vinicio Cerezo Blandón, quien era estudiante en Paris cuando inició las memorias, quién le ayudó en un inicio a pasarlas a máquina. Entre las dedicatorias están los guatemaltecos Mario Roberto Morales, Lucrecia Méndez de Penedo y Luis Cardoza y Aragón

Como un agregado importante para la historia de la publicación de la primera edición de la novela “El Señor Presidente”, y de la literatura guatemalteca . transcribo el WhatsApp que Francisco Morales Santos, poeta, escritor, crítico de arte, Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, 1998, me envió, hace unos días, cuando le comenté que escribiría un texto sobre nuestro Premio Nobel.

“En 1940, Bartolomé Costa-Amic fundó Ediciones Libres y, posteriormente, Ediciones Quetzal y la histórica Editorial B. Costa-Amic (Altres-Costa-Amic). Político, editor e impresor catalán que desempeñó un papel fundamental en la historia cultural de Guatemala durante la llamada Primavera Democrática (1944-1954). Exiliado en México tras la Guerra Civil Española, Costa-Amic se trasladó a Guatemala en 1948, contratado por el gobierno del presidente Juan José Arévalo. Su estancia en el país se extendió hasta 1954, cuando tuvo que abandonar el territorio debido al golpe de Estado que derrocó al presidente Jacobo Árbenz. El presidente Arévalo le encomendó la tarea de montar, organizar y dirigir la Editorial del Ministerio de Educación Pública. Bajo su dedicada gestión, la institución imprimió miles de ejemplares con un fuerte enfoque en la alfabetización y la democratización del conocimiento. Coordinó la famosa Biblioteca Popular, un programa editorial de popularización cultural que distribuía libros de bajo costo. En este sello se publicaron textos escolares, obras de autores guatemaltecos y clásicos de la literatura universal.

Bienvenidos los restos de Asturias a la patria de sus querencias.

Tags:
0 Comentarios

Comentarios de la comunidad

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?