Cuando, años después- escribí los textos del libro «De balas, de bolos y de bolas» incluí un cuento titulado «El retorno a casa», en el que, como personaje narrador, descubro que en realidad soy van Gogh.
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Luis conoció también el lado negativo del conflicto entre las dos patrias, de optar por una de ellas a expensas de la otra.
El suicidio en Notre-Dame puso en acción una liturgia oficial poco requerida, usada para borrar las marcas anti sagradas que en la catedral parisina habría dejado la autoinmolación de Antonieta Rivas Mercado y se revivió la cuestión del destino de las voluntades trastornadas.
París fue siempre una ciudad de puentes, colmada de piedras históricas. De Nôtre Dame a las Catacumbas. Pero no la tierra prometida para César Vallejo, sino una especie de purgatorio existencial, lugar intermedio entre el paraíso modernista y el infierno de Verlaine.
Gómez Carrillo, al final de su vida, comenzó a añorar su país, pero no se atrevía a regresar. Su imprescindible texto Evocación de Guatemala es una pieza maestra de la nostalgia por la patria. El texto impresionó a su amigo el escritor belga y Premio Nobel Maurice Maeterlinck que le dijo: “Vamos a morir allá”.
Nunca olvidaré el desagradable episodio que protagonicé en la rue Greneta cuando estudiaba en París. Resulta que vivía allí Joelle, una joven vecina muy amable que nos invitaba de vez en cuando a mí, a Luis Eduardo Rivera, el escritor guatemalteco y a Jacobo Rodríguez, el famoso pintor chapín, a cenar en su casa. Una…
Bien podría decirse que Asturias amó París y la cultura francesa, porque allí encontró a Latinoamérica y, más allá de toda expectativa, también encontró a Guatemala.
Mientras veía el mar rememoraba su casa en el barrio de la Candelaria, a sus padres, Ernesto y María, y a su hermano Marco Antonio. La bruma del día no impedía el recuerdo de su novia Zoila Gálvez.
Llegué a la rue Grenetta en algún momento indeterminado de 1982. Yo tenía algún tiempo de deambular por París y alguien me habló de Luis Eduardo Rivera y Raúl de la Horra: “Son escritores, buena gente, medio anarquistas y viven cerca de la calle de las putas”, me dijeron. El apartamento quedaba en un altillo…








