La etimología de la palabra hemeroteca proviene de las raíces griegas hemera, que significa «día» o «diario» y theke, cuyo significado es «depósito» o «caja», término que también ha sido traducido como «colección». Por lo tanto, estamos hablando de un lugar o espacio donde se depositan diarios, es decir periódicos, para clasificarlos de manera sistemática, a modo de que puedan ser utilizados para consulta. Los criterios para la clasificación pueden ser por fecha, casa editora, línea editorial y temática. El método más común es reunir todas las ediciones de un mismo periódico que salieron en un mes, lo cual ya empastado se denomina tomo. Estas colecciones constituyen la recolección de eventos que han sucedido a lo largo del tiempo histórico y que quedan registrados en la prensa, por lo que se trata de un recurso para el acceso a la historia. En términos metodológicos hablamos de fuentes históricas.
Los periódicos pueden ser tanto fuentes primarias como secundarias, según cómo y para qué los utilice el historiador y la historiadora. El propósito de la investigación y el contexto en el que se redactó la noticia, la nota, el reportaje o la columna determinan la distinción. Si se estudia el pensamiento y las ideas en cierta época, los diarios que circulaban son fundamentales para ello porque permiten ver el desarrollo de cómo se pensaba, con los sujetos hegemónicos, pero también las respectivas disputas y los respectivos quiebres que se definen por los grados de contrahegemonía. Al mismo tiempo, el texto de un diario, independientemente a la ideología desde la que se escribe, sitúa en un momento de la historia, ya sea por una simple descripción de algún acontecimiento o evento, como también por un texto más elaborado.
Todo esto no debe confundirse con la búsqueda y la interpretación de lo que se denomina como verdad, porque eso corresponde a un análisis del discurso, aplicado a la historia, que conlleva la integración transdisciplinar de varias ciencias sociales y humanísticas. Con esto quiero decir que si bien un periódico publicó determinado acontecimiento, esa publicación es una fuente primaria porque demuestra que ocurrió, pero debe leerse de forma cuidadosa en el rigor científico y filosófico la interpretación que le estaba dando quien escribe. En esto segundo es que pueden estudiarse las ideologías, los idearios, las mentalidades, los imaginarios y las prácticas que definieron un contexto. Para quienes nos dedicamos a la profesión y oficio de la historia como ciencia, es decir los historiadores y las historiadoras, los periódicos son una fuente de consulta de vertebral importancia. Por ello es por lo que las hemerotecas son vitales. Un Estado que comprenda esto destinará fondos significativos para su mantenimiento y desarrollo, porque en los diarios se encuentra la historia de un país, de un pueblo, de una sociedad, de una región y de diversos momentos vividos por el mundo.
Los periódicos también pueden ser fuente secundaria cuando sean consultados en sus análisis, interpretaciones o descripciones de hechos pasados y que se publican con muchos años de diferencia. Por ejemplo, un reportaje sobre Alejandro Magno o sobre el primer Campeonato Mundial de Futbol en 1930 que se escriban en un diario reciente.
Ya sea fuente primaria o secundaria, el periódico funciona como un testimonio de diferentes épocas, pudiendo hacer con él los análisis políticos, económicos, sociales y culturales que permiten comprender los procesos. Porque la historia no debe ser un coleccionismo erudito de datos y de cosas, sino la capacidad de analizar los hechos y los acontecimientos de forma procesual y relacional.
La mayor parte de hemerotecas que nacieron en el mundo a finales del siglo XIX y a principios del XX, lo hicieron en el amparo de la biblioteca. Guatemala no fue la excepción, ya que la creación de la Biblioteca Nacional en 1880 durante la presidencia de Justo Rufino Barrios, contempló una hemeroteca pequeña que dependiera de la Biblioteca. Fue hasta 1960, con Acuerdo Gubernativo del 28 de octubre, que asumió el primer director de una Hemeroteca Nacional pero que aún se encontraba adscrita a la Biblioteca Nacional en términos administrativos. Se trata del periodista y cronista Rigoberto Bran Azmitia. El gobierno de Ydígoras Fuentes lo había nombrado director del Archivo General de Centro América en 1959, para ser trasladado al año siguiente a dirigir la Hemeroteca Nacional, siendo importantes las gestiones de María Albertina Gálvez ante el presidente Ydígoras. Los primeros periódicos que se clasificaron en aproximadamente 500 tomos reunieron ejemplares de la época colonial con La Gaceta y de la republicana con varios diarios.
La Hemeroteca Nacional, como todas las hemerotecas que hay en el mundo, es un tesoro de resguardo de las palabras que construyen una nación y en sí de su historia. Con esto no pretendo decir que los periódicos son la única fuente histórica principal, pero sí son una de las principales. En el caso de la Hemeroteca Nacional, muchas de sus colecciones ya sólo se encuentran ahí, lo que les otorga mayor valor histórico y a su vez un valor de uso que posibilita la reconfiguración de la historia de Guatemala y del mundo en distintas épocas y diferentes contextos.
El Archivo General de Centro América (AGCA) posee su propia hemeroteca, aunque menor que la Hemeroteca Nacional. Ambas funcionan en el mismo complejo de un edificio histórico que hacia el oriente es la Biblioteca Nacional “Luis Cardoza y Aragón” y al poniente es el AGCA. En el segundo nivel de la parte oriental se encuentra la Hemeroteca Nacional “Clemente Marroquín Rojas”. Son dos las razones por las cuales recibe el nombre del periodista y político: el haberse dedicado la mayor parte de su vida a la prensa, escribiendo todos los días, representando para el sistema hegemónico al periodismo que este necesita, y porque como presidente en funciones de la República firmó el Acuerdo Gubernativo No. 55 de fecha 13 de abril de 1967, que eleva a Dirección la Hemeroteca Nacional y la desliga de la Biblioteca. El 23 de junio de 1978 el presidente Kjell Eugenio Laugerud García emitió el Acuerdo que otorgaba el nombre de Clemente Marroquín Rojas a la Hemeroteca, siendo un homenaje póstumo al periodista que había fallecido el 8 de abril de aquel año.
Para ese momento, las capacidades de la institución se ampliaron, recibiendo periódicos nacionales, periódicos departamentales, periódicos escolares, revistas, memorias, anuarios, boletines y periódicos de ocasión, siendo ejemplo de estos últimos el No Nos Tientes, histórico periódico de la Huelga de Todos los Dolores de la Universidad de San Carlos que se publica cada Viernes de Dolores desde 1898, con las interrupciones de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera en 1908 y restablecido en 1920 con ediciones del 12 de junio, 30 de junio, 31 de julio y 20 de septiembre de aquel año, definiéndose en 1921 que se publicara exclusivamente para la Huelga de Dolores. La siguiente interrupción del No Nos Tientes ocurrió durante la dictadura de Jorge Ubico, pero a partir de 1945 ha salido y la mayor parte de sus ejemplares se encuentran en la Hemeroteca Nacional.
Diarios y revistas que ya han dejado de publicarse se hallan en los anaqueles de la institución, por lo que su consulta no sólo es contextual sino sumamente rica en la recuperación de la prensa que dejó de existir y cuyo único resguardo es la Hemeroteca Nacional. Aunque hay otras hemerotecas en el país, tanto públicas como privadas, la más grande en colecciones es la Nacional “Clemente Marroquín Rojas”. El trabajo que se realiza en ella por parte del personal especializado es arduo y la mayor parte del tiempo se realiza a la contracorriente que marcan las dificultades de un presupuesto que debería ser más alto, ya que una entidad de ese tipo merece mayor esfuerzo por parte del Estado. Entre personas que se han especializado en bibliotecología, archivística, historia, ciencias de la comunicación, antropología, arqueología, editorialismo y otras técnicas afines, se realiza una significativa labor de conservar, resguardar, ordenar y proporcionar al público que lo requiera las delicadas colecciones. Se parte del principio de que todo pueblo debe conocer su historia y para ello se necesita de las fuentes y de la memoria. Todo esto lo reúnen los periódicos, quedando en quien los consulta y estudia el trabajo de la interpretación. Por ello es por lo que la Hemeroteca Nacional, como todas las hemerotecas en cualquier parte del mundo, adquieren una relevancia enorme, ya que contienen la información que permite recorrer el sendero de la historia en múltiples caminos que están constituidos por la variedad de temas que hay en los periódicos. Y si no se encuentra lo que en específico se busca, al menos el periódico puede ser una ventana o una puerta que conduce a otras fuentes.
De esto eran conscientes varios intelectuales en Guatemala antes de que existiera la Hemeroteca Nacional. Mariano Gálvez, siendo presidente del Estado de Guatemala durante la República Federal de Centro América, mandó a que se enriqueciera la incipiente Biblioteca estatal con periódicos. José Joaquín Palma, el poeta bayamés que escribió la letra del Himno Nacional, fue director de la Biblioteca en el gobierno de Manuel Lisandro Barillas y tuvo la iniciativa de adquirir diarios de prensa como recurso de lectura. Rafael Arévalo Martínez, quien dirigió la Biblioteca Nacional entre 1927 y 1945, implementó la encuadernación de las colecciones de periódicos, con una clasificación mejorada.
Las tres personas que han tenido la Dirección de la Hemeroteca Nacional han realizado un trabajo encomiable desde lo que las posibilidades reales les han permitido: el periodista y cronista Rigoberto Bran Azmitia, de 1960 a 1997; la periodista y gestora cultural María Eugenia Gordillo, de 1998 al 2021, logró que el 28 de octubre de 2003 fuese declarada la Hemeroteca Patrimonio Cultural de la Nación; y la bibliotecóloga y periodista Mayra Angélica Marroquín Natareno, del 2023 a la fecha, ha promovido la digitalización de varias colecciones y el levantamiento del catálogo electrónico para facilitar las consultas.
Somos muchos historiadores y profesionales de ciencias sociales quienes utilizamos la Hemeroteca Nacional. Mis investigaciones sobre el pensamiento, el poder y la hegemonía durante la llamada Guerra Fría y la genealogía del anticomunismo en Guatemala que realizo como investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, requieren de la Hemeroteca Nacional y de otras hemerotecas del país y de América Latina. A pesar de sus limitaciones, la institución siempre me atiende con amabilidad y respeto a mi trabajo, con un personal dispuesto a la guía y al servicio. Es necesario que el Ministerio de Cultura y Deportes destine mayor atención a la Hemeroteca Nacional, sobre todo en estos tiempos en que la llamada virtualidad y la irrupción cada vez más grande y atropellada de la denominada «inteligencia artificial» ha disminuido los periódicos impresos y la recurrencia a la prensa ha descendido. Porque no debe confundirse la búsqueda de noticias con la lectura de un periódico con todo lo que ese medio conlleva. La salvaguarda de las colecciones hemerográficas es una tarea de primer orden en lo que a las fuentes históricas respecta y también al patrimonio artístico-cultural de la Nación. La Hemeroteca Nacional merece ser mejorada y más promovida como lugar de visita e investigación. En su 66 aniversario va mi saludo a tan importante institución, invitando a que participemos en el evento Convergencia genealógica, donde investigadores actuales hablarán de cómo la investigación hemerográfica es fundamental. El evento será el miércoles 28 de octubre a las 17:00 horas en la sede de la Hemeroteca.
Agradezco a su personal el trabajo que realizan todos los días y las posibilidades que nos brindan a quienes nos dedicamos al estudio de la prensa en Guatemala desde nuestra profesión de la historia.
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