Sólo en Guatemala se reconoce el béisbol por una canción que marcó una era en el país respecto a este juego: Manos de terciopelo, del Bebu Silvetti. Nacido en Quilmes, Argentina, el 27 de marzo de 1936 y nacionalizado mexicano, Juan Fernando Silvetti Adorno, mejor conocido como Bebu Silvetti, compuso Manos de terciopelo en 1978. Forma parte del disco Concert From the Stars, consignándose la melodía con su título en inglés Velvet Hands. Tanto el disco como la canción fueron muy bien recibidos por el público y la crítica, destacando la genialidad de Silvetti como cantautor, pianista, compositor, arreglista y productor musical, todo lo cual demostraba desde 1974 con la producción de la música de la famosa telenovela mexicana Mundo de juguete.
Silvetti demostró sus amplios conocimientos musicales en todas sus composiciones, así fueran estas para programas de televisión o para sus propios discos. Supo adaptarse a lo que requerían los temas de telenovelas, pero en sus producciones discográficas destacaba la integración del jazz, la música disco y diversas propuestas instrumentales y de música vocal, convirtiéndose en uno de los referentes de los años 70 y 80 en este tipo de propuestas musicales. El disco Concert From the Stars presentó el sintetizador como un instrumento fundamental en las vanguardias sonoras de la época, mezclando voces del tipo easy listening o pop instrumental, por lo que en la actualidad se trata de un disco hito en la música contemporánea.
Esto lo supo leer muy bien Abdón Isidro Rodríguez Zea, narrador guatemalteco de béisbol, quien dirigía y conducía las transmisiones del llamado «deporte rey» en Canal 7 de televisión, desde 1975. Hablar de Abdón, como cariñosamente le decíamos, es referirnos a una institución de la narración deportiva en Guatemala. Aunque sus inicios estuvieron en la radio con las emisoras Ciros y TGW “La voz de Guatemala”, transmitiendo juegos del béisbol nacional, muchas veces desde el Diamante del Parque Minerva, hoy Enrique “Trapo” Torrebiarte, y algunos de los de Grandes Ligas de los Estados Unidos, fue en televisión donde destacó y se hizo célebre. La Serie Mundial entre los Rojos de Cincinnati y los Medias Rojas de Boston de 1975, una de las más emocionante y épicas en la historia del béisbol de las Grandes Ligas, se consagró como la primera televisada en Guatemala que narró Abdón, y de ahí en adelante se volvió eterno para esas generaciones que tuvimos el privilegio de escucharlo. ¿Por qué digo privilegio? Porque Abdón no era sólo un narrador y comentarista, sino fundamentalmente un comunicador que acercaba el juego por medio de del humanismo y de un calor de relación honesta y fluida como si de una reunión de amigos se tratara. Todos quienes le escuchamos con la pasión por el béisbol fuimos amigos de Abdón, aunque él no nos conociera. Su inigualable voz, muy bien modulada para las características del béisbol, resulta hoy inolvidable y plenamente identificable para las generaciones que disfrutamos del beis de las Ligas Mayores a través de Canal 7 de televisión.
Pero no se trataba solamente de la capacidad técnica y la impostación de la voz en la locución de Abdón Rodríguez Zea, sino también y fundamentalmente de la originalidad de sus narraciones en la conducción del juego, convirtiéndolo en un momento ameno con el ingenio o la chispa de mucho del argot popular guatemalteco. Ver el béisbol de las Grandes Ligas narrado por Abdón era un remanso que trascendía el gusto por el deporte. Abdón podía enganchar a cualquiera, aunque no tuviese predilección por el béisbol y no lo entendiera. Tenía frases que se instituyeron como dichos que de forma intergeneracional se comparten entre quienes vivimos sus transmisiones. Abdón comunicaba todo lo que pasaba en el juego con técnica pero también con alguna frase que destacaba su autenticidad como ser humano:
“¡Ave María Purísima!”, la más conocida de todas, podía decirse cuando había una jugada muy buena o decisiva. En esos casos también podía decir “¡Consagrada imagen de Jesús Nazareno de Candelaria, Cristo Rey!”.
“¡Qué lindo!”, era una de sus expresiones predilectas cuando sucedía algo extraordinario en el juego y en el momento en que se enfocaba a alguna bella mujer del público. Este dicho lo tomó de dos hermanos que fueron entrañables personajes del centro de la Ciudad de Guatemala, conocidos por muchas personas como los Cuachitos Gaytán, quienes se destacaron por su jocosidad, ingenio y sabiduría. Conocieron a Abdón Rodríguez porque vivían cerca de la Radio Ciros, en el sector de la 2ª. avenida y 11 calle de la zona 1, y llegaban con frecuencia a visitarlo. Los Cuachitos Gaytán, Rafael y Gabriel Gaytán Castillo, fueron muy amigos de mi padre y por medio de él lo fueron también de toda mi familia.
“¡A un out de la victoria!”. Lo decía cuando solamente faltaba un out para que se terminara el juego y algunas veces podía decir una variante: “A un out de la cerveza!”.
“La bola se va, se va, se va, te fuiste Marcelina!”, cuando se conectaba un jonrón; surgió en alusión a su hija menor, Marcela Rodríguez Uceda, apreciada compañera de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos.
“¡Arriba Chicacao!”. Expresión que decía en cualquier parte del juego en alusión al municipio de Chicacao, departamento de Suchitepéquez. Abdón dijo una vez que la decía porque le recordaba un alegre momento de fiesta en que estuvo para la feria del lugar.
“Primera del cuarto / Primera del octavo, ¡salud!”. Con esto hacía referencia al cuarto y al octavo de aguardiente o de otros licores, cuando anunciaba que empezaba el cuarto o el octavo inning.
“Que gane siempre el mejor, pero mejor si ganamos nosotros”. / “Nunca diga nunca”. Por lo general, decía estas frases al terminar el juego y despedir la transmisión.
“¿Estará bueno o no?”. Lo decía en relación a alguna jugada o cuando se enfocaba a alguna mujer aficionada en el estadio que a él le parecía bella.
“Pasando el Niágara en bicicleta”. Se refería cuando un lanzador o pitcher no podía mantener el control en un momento del partido.
“Vida, si tuviera cuatro vidas, cuatro vidas serían para ti”. Tomada de una canción popular mexicana, compuesta por el maestro Justo Carreras, que por lo regular Abdón la decía en cualquier momento del juego, colocándole a la locución un eco especial para darle mayor realce.
“Nunca van tan lejos los de adelante si los de atrás corren bien” y “Caballo que alcanza, gana”, las decía cuando el equipo que iba perdiendo comenzaba a disminuir la ventaja, empataba o remontaba el marcador.
“¡Mi botella, Parlama!”. Lo expresaba en cualquier parte del juego, como una broma a un amigo personal en reuniones bohemias.
“¡Pero si no es piñata!”, cuando un bateador fallaba un intento tirándole a una bola muy alta y le marcaban strike tirándole.
“¡El rancho ardiendo!”, en referencia a momentos de alta tensión del juego en que el equipo que se defendía no lograba detener la ofensiva del rival.
“Como decían en el Campo Marte: ya están ya”. Esto lo expresaba cuando uno de los equipos estaba prácticamente vencido, aunque el partido no se hubiese acabado.
También podía introducir en cualquier momento del juego versos de distintos poemas. Los más comunes eran:
“¡Ah malaya quién pudiera con esta soga lazar al viento que se ha llevado lo mejor de mi cantar!”.
Este es un verso de la obra Itinerario del payador, de Marcelino Román (1908-1981), quien fue poeta, escritor, periodista, cronista y folclorista argentino. El nombre payador se le da al canto y a la poesía que se improvisa en muchas regiones de Argentina, sobre todo en la cultura gauchesca.
“No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fría,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía”.
Estos son versos del poema Un pensamiento en tres estrofas del poeta colombiano Antonio Muñoz Feijoo (1851-1890), publicado por primera vez en el periódico Rayo X a finales del siglo XIX. Varios años después, en 1954, se publicó en el libro La poesía en Popayán.
Al terminar un juego, Abdón podía declamar uno de estos dos poemas: Hagamos un trato, del uruguayo Mario Benedetti (1920-2009) o el siguiente del nicaragüense Ernesto Cardenal (1925-2020), incluido en su libro Epigramas, de 1961, dentro de sus poemas Para Claudia:
“Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
pero a ti no te amarán como te amaba yo”.
Las transmisiones del béisbol producidas y conducidas por Abdón Rodríguez Zea eran puestas en escena épicas, vibrantes y casi cinematográficas. Se integraba a ellas un estilo literario y poético, haciendo de los protagonistas y de los juegos en sí algo mítico, lo que convirtió al mismo Abdón en un mito y lo constituyó en un patrimonio de la locución para Guatemala. Fue un artista de la narración deportiva.
Por supuesto que tuvo sus influencias, como sucede con toda persona virtuosa. La más importante fue la del periodista y locutor de origen argentino Buck Canel, quien fue un referente de las narraciones deportivas para Latinoamérica desde Estados Unidos. Fue la famosa voz latina para el programa Cabalgata deportiva Gillette, la cual en los años 80 condujo también Abdón Rodíguez Zea en Guatemala, junto a las cápsulas Venga al mundo deportivo Marlboro que se transmitían por los canales 3 y 7 de televisión. Buck Canel introdujo una manera de narrar el béisbol de Grandes Ligas, especialmente los partidos de los equipos neoyorquinos, los Dodgers de Brooklyn, los Yankees y los Mets, que integraba el lenguaje popular de los narradores caribeños (cubanos, dominicanos, puertorriqueños, venezolanos, colombianos), los mexicanos y los estadounidenses, haciendo un estilo que marcó una época para el béisbol por la radio en las décadas de los 40, 50, 60 y 70. Esto le llevó a ser considerado como la voz en español de la Serie Mundial, habiendo narrado un total de 42 Series Mundiales de manera consecutiva. En 1985 fue exaltado al Salón de la Fama del béisbol, en Cooperstown, New York, Estados Unidos, por lo que recibió el prestigioso premio Ford C. Frick que se otorga a los locutores y periodistas de este deporte. Buck Canel fue el primer narrador latinoamericano en recibir el honor.
Si Buck Canel es legendario, también lo es Abdón Rodíguez Zea para nosotros en Guatemala. Abdón tomó arte del gran maestro Buck Canel y de otros narradores menos conocidos, pero igual de importantes, de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Nicaragua, México y Estados Unidos. Sus quiméricas narraciones también exponían el béisbol de manera técnica, normativa y científica. Al mismo tiempo eran pequeñas clases de geografía americana, porque mencionaba de manera explicativa ciudades, regiones y accidentes geográficos de Estados Unidos, Canadá, México, el Caribe y Centroamérica. Resaltaba a cada jugador y a cada coach, como si fuese el más importante entre todas las glorias del béisbol, fuera quien fuera. Pero el principal aporte de Abdón era que generaba comunidad, como si todos quienes estábamos en el juego (el narrador, los aficionados por televisión y en el estadio, los jugadores, los mánagers y los coaches) nos conociéramos y fuésemos amigos. He ahí la diferencia de sus maravillosas narraciones y lo que puede llegar a hacer un comunicador de su talla.
Abdón era un buen lector. Sabía de poesía, prosa y literatura académica amplia, sobre todo latinoamericana y en los campos de las humanidades y las ciencias sociales. Tenía la sensibilidad de la estética, por lo que también conocía de cine, teatro y artes plásticas. Esto no sólo se comprobaba en sus transmisiones deportivas, sino también en su carrera como periodista y comunicador, cuando dirigió el noticiero de Canal 7 y trató de darle un enfoque más integral e incluso crítico. Fue en esa época en que Abdón terminó su relación con la televisión abierta de Guatemala. Nunca se ha aclarado el porqué de su retiro de ese espacio televisivo, pero podría ser que comunicadores así no son convenientes para el sistema hegemónico. Sin embargo, habrá que seguir investigando al respecto. Era un momento en que comenzaban a cambiar los enfoques de estos medios de comunicación en el país, por lo que la última temporada de béisbol de Grandes Ligas que narró Abdón por Canal 7 fue la de 1990, con la victoria de los Rojos de Cincinnati sobre los Atléticos de Oakland en la Serie Mundial. Lo sustituyó su hermano, Rafael Rodríguez Zea, quien había sido narrador en idioma español para los Padres de San Diego y los Rangers de Texas, y cazatalentos (scout) de los Bravos de Atlanta, por lo que tenía una gran experiencia en el conocimiento del béisbol. Lamentablemente, perdió la vida trágicamente el 22 de febrero de 1996, perdiendo también la locución deportiva a un grande. La Serie Mundial de 1991 que ganaron los Mellizos de Minnesota a los Bravos de Atlanta fue conducida por Rafael Rodríguez Zea, quien rápidamente se ganó el cariño del público a pesar de que se extrañaba a Abdón. Los conocimientos de Rafael eran extraordinarios, así como su técnica, lo que demostró en las pocas pero significativas temporadas de béisbol que narró antes de su trágico fallecimiento. Mantuvo la canción Manos de terciopelo o Velvet Hands que se programaba en las transmisiones de Canal 7, ya que era parte central de la identidad del béisbol que Abdón Rodríguez Zea había construido. Abdón adaptó esta canción en 1978, recién salida, y ya para la legendaria Serie Mundial de 1979 que ganaron los Piratas de Pittsburgh a los Orioles de Baltimore, considerada una de las mejores de la historia, la programó para que fuese el tema. De ahí en adelante todo juego de béisbol de Grandes Ligas con la conducción de Abdón tuvo esta canción. Lo hizo de manera genial, introduciendo partes de la melodía en diferentes momentos del partido, dándole más emoción. En conversaciones y pequeñas entrevistas que he realizado para estos temas, todos los que vivimos esa época relacionamos el béisbol con esa canción. En las mentes de varias personas con las que he conversado al respecto surge Velvet Hands cuando sintonizan un juego de béisbol actualmente; inclusive, una persona me expresó que cuando ve el béisbol pone la canción en su teléfono.
En la Serie Mundial de 1986, la cual ganaron los Mets de Nueva York a los Medias Rojas de Boston, las transmisiones de Canal 7 con Abdón innovaron con la programación de una canción popular, aparte de Velvet Hands que era inamovible, para darle sentido de más fiesta y alegría al juego. La canción de esa Serie fue El uy, uy, uy del grupo El Súper Show de los Vásquez, llamados sencillamente Los Vásquez, conjunto mexicano de Veracruz, México, y que fueron pioneros en el uso de sintetizadores y otros instrumentos de música electrónica en las cumbias. Fue tal la buena recepción que tuvo esta novedad en el público, que Canal 7 realizó un vídeo con la melodía y jugadas del béisbol de Grandes Ligas, principalmente de esa Serie Mundial, que se transmitió durante muchos años como identificación de la televisora. Fue en esa Serie Mundial de 1986 que ocurrió el que se considera el mayor error en la historia de las Series Mundiales, cuando un batazo aparentemente fácil se le fue entre las piernas al primera base de los Medias Rojas, Bill Buckner, permitiendo que los Mets ganaran el Sexto Juego y la Serie se extendiera a siete, terminando con el triunfo de los neoyorquinos habiendo estado Boston a un out de la victoria en ese inolvidable juego número 6, aunque cuando ocurrió el error de Buckner el partido ya se había empatado 5 a 5. Quienes la vimos en Guatemala, recordamos cómo se exaltó Abdón cuando Buckner no pudo quedarse con esa bola, a pesar de ser uno de los mejores primeras bases de las Ligas Mayores en ese momento.
Otra de las canciones icónicas que las transmisiones de béisbol por Canal 7 programaron, fue Burbujas de amor de Juan Luis Guerra y 440, del disco Bachata Rosa. Este tema dominicano era un gran éxito internacional en 1990 y fue precisamente para aquella Serie Mundial, la última que narró Abdón en la televisión nacional abierta, que se programó.
En los años posteriores a su significativa carrera en los canales 3 y 7, Abdón Rodríguez Zea narró el béisbol, principalmente de postemporada, para algunas empresas de televisión por cable. También estuvo dedicado a la radio, con programas de música del recuerdo en español y en inglés en Fabuestéreo y en Emisoras Unidas, en los cuales incluía poesía, crónicas y variedades que eran muy bien recibidas por los radioescuchas.
Tristemente, el 25 de abril de 2005 Abdón Isidro Rodríguez Zea falleció debido a complicaciones de salud. Fue un duro golpe no sólo para su familia sino para todas las personas quienes tenemos en Abdón una de las referencias de la locución y la comunicación en Guatemala. Si el béisbol era ya un deporte con muchos aficionados antes de las transmisiones de Abdón, él fue un impulsor que aceleró el amor por «el deporte rey». Desde la radio y principalmente a través de la televisión nacional abierta, Abdón Rodríguez Zea fue una inspiración para que surgieran más jugadores y jugadoras de béisbol y sóftbol, respectivamente. Lector de poesía y de prosa; promotor y gestor cultural a través de los medios de comunicación y en el ámbito de la religiosidad popular como cucurucho y dirigente de varias asociaciones de la Semana Santa, principalmente en la Hermandad del Señor Sepultado de Santo Domingo, siendo importante decir que a Abdón se le debe la iniciativa de que los canales 3 y 7 de televisión nacional abierta transmitieran las procesiones de la Semana Mayor; locutor deportivo que también comentó fútbol y otros deportes en distintos eventos, como por ejemplo los Mundiales de Futbol de México 86 e Italia 90 y los partidos de campeonato de futbol americano colegial de Estados Unidos, así como la transmisión del Súper Bowl de la NFL durante algunos años, siendo él mismo promotor de las transmisiones; conductor de programas musicales; periodista con sentido crítico y amplio; columnista de prensa. Todo esto fue Abdón, pero, principalmente, fue el mejor narrador de béisbol que pudimos tener en Guatemala y para quienes lo disfrutamos plenamente, nos atrevemos a decir que del mundo, aunque sonemos demasiado aventurados. Abdón Rodríguez Zea y las Manos de terciopelo son una evidencia sustantiva y concreta de la valía de este narrador que dejó entre nosotros frases inolvidables que muchas veces decimos en la cotidianidad, como resultado de su importante trayectoria desde el béisbol. Para nuestras generaciones, octubre sonaba a Manos de terciopelo o Velvet Hands, antes de que los objetivos neoliberales se apoderaran de los medios de comunicación, que si bien eran negocio en los 70, 80 y 90, al menos mantenían un sentido de lo que dejaron los Estados de Bienestar respecto a crear comunidad. Esto lo entendió y lo puso en práctica Abdón Rodríguez Zea, y de ahí que aquella icónica canción de Bebu Silvetti elegida para una Serie Mundial a finales de la década de 1970, se quedara en la eternidad etérea de lo que significa el béisbol como posibilidad de tejido social en Guatemala.
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