Sobre antecedentes de centros cívicos (o de civismo) en regímenes liberales: urbanismo, funcionalismo y sentido de nación/ II Parte

Una de las características de Chapultepec y del parque Minerva es que salieron de los límites de la ciudad establecida durante la época colonial, por lo que los centros de lo cívico se trasladaron a otro espacio para poderlos adecuar con los cánones de la modernidad liberal. Cuando Manuel Estrada Cabrera asumió el poder en 1898, luego del magnicidio de José María Reina Barrios, el Hipódromo y su avenida fueron aún más dinámicos.

Mauricio José Chaulón Vélez

agosto 9, 2026 - Actualizado agosto 8, 2026

Como ejemplos de antecedentes más remotos de los centros cívicos en América Latina en la modernidad liberal de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, aunque no hayan sido llamados así, pueden considerarse el bosque de Chapultepec de la Ciudad de México y, para Guatemala, el Parque Minerva. Habiendo sido Chapultepec un lugar sagrado para los mexicas, Carlos V decretó en 1530 que fuese un espacio administrado por la capital del Virreinato de Nueva España para que las autoridades reales pudiesen descansar. En 1785 el virrey Bernardo de Gálvez mandó a que se construyera un palacio para uso de gobierno, que es el actual Castillo de Chapultepec, hoy Museo Nacional de Historia de México.

Ya en el México independiente durante el siglo XIX, el Colegio Militar lo utilizó como lugar de prácticas y fue el lugar en donde se dio la batalla de Chapultepec el 13 de septiembre de 1847, durante la invasión estadounidense a México, resaltando la resistencia de 6 jóvenes cadetes que murieron en la confrontación, siendo significados en la historiografía mexicana como los Niños Héroes.

En 1895 el gobierno liberal del presidente Porfirio Díaz llevó adelante el proyecto de convertir el bosque de Chapultepec en un centro público de culto cívico, de acceso a la naturaleza y como espacio cultural y artístico. Ese es el nacimiento de un centro cívico en México sin denominarse de esa manera, ya que albergaba el Castillo de Chapultepec, que era la residencia del presidente de la República, en combinación con espacios naturales como el bosque y el lago, así como con monumentos en alusión a la gesta heroica de 1847 y de otros momentos históricos de México. En 1939 el gobierno del general Lázaro Cárdenas ordenó que el Castillo fuese la sede del Museo Nacional de Historia, y Chapultepec, aunque ya no tuvo ninguna sede gubernamental, sí fue construyendo más edificios públicos, principalmente museos, siendo uno de los complejos culturales y artísticos más grandes y valiosos del mundo.

En lo que respecta a Guatemala, el gobierno de Manuel Estrada Cabrera pensó de manera similar con el Hipódromo del Norte. El objetivo de Estrada Cabrera fue hacer un centro cívico y cultural, con la combinación del ambiente natural como escenario, similar a Chapultepec en México. Aunque al igual que con el bosque de Chapultepec no se utilizó el término de «centro cívico», este es el origen de la proyección de lo que ahora se define y se cataloga como tal. Para esos dos casos, podemos plantear el concepto de centros de civismo o lugares de civismo. Una de las características de Chapultepec y del parque Minerva es que salieron de los límites de la ciudad establecida durante la época colonial, por lo que los centros de lo cívico se trasladaron a otro espacio para poderlos adecuar con los cánones de la modernidad liberal. Cuando Manuel Estrada Cabrera asumió el poder en 1898, luego del magnicidio de José María Reina Barrios, el Hipódromo y su avenida fueron aún más dinámicos.

Ese mismo año mandó a construir un templo dedicado a la diosa grecorromana Minerva, como símbolo del pensamiento ilustrado y con el objetivo de realizar un gran acto público que ensalzara las virtudes cívicas e intelectuales desde la perspectiva liberal. Se inauguraron entonces las Fiestas Minervalias, en las cuales el presidente de la República, sus ministros y los estudiantes eran los protagonistas, utilizándose para la representación del presidente como el protector de la juventud estudiosa, el caudillo ilustrado de la nación y el defensor de las ideas liberales. Al realizarse estas fiestas cívicas y académicas, también se ensalzaba a Manuel Estrada Cabrera en el mes de su cumpleaños, noviembre.

Con el Decreto 604 del 29 de octubre de 1899, Estrada Cabrera inauguró las fiestas y quedaron institucionalizadas. La idea original pudo haber sido de Rafael Spínola, secretario de Fomento, quien era fervientemente liberal. El discurso inaugural de las Fiestas Minervalias demostró el sentido liberal ilustrado: “Y nosotros, los que estamos tachados de carecer de creencias religiosas, solo porque rompimos las ataduras de la superstición y amamos la Libertad,​ también tenemos nuestro Dios, pero tan puro, que no encontramos ningún símbolo que lo represente, sino que lo adoramos en su esencia misma, que es la Sabiduría”.[1] (Spínola, Rafael [1900]. Moral razonada y lecturas escogidas. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 199.).

La diosa grecolatina Atenea o Minerva, como exponente de la sabiduría, de las artes y protectora de los artistas y artesanos, fue la elegida para representar a la Ilustración y el pensamiento liberal altamente influido por la masonería. De esa manera, el Estado restó hegemonía a los actos religiosos, aunque Estrada Cabrera, como la mayoría de los presidentes liberales, mantuvo consensos con la Iglesia. El primer templo de Minerva se desplomó al poco tiempo de haberse construido; fue hasta la tercera de las Fiestas Minervalias que se inauguró uno nuevo y mucho más sólido, con bellos elementos artísticos helénicos que denotaban el amplio conocimiento renacentista y neoclásico de todas las personas que intervinieron en su diseño y construcción.

Los planos estructurales fueron obra del ingeniero Rodrigo Molina, la fachada fue planteada por el ingeniero y arquitecto Manuel María Girón, y la supervisión de la obra fue responsabilidad de los ingenieros Julio Behrens y Luis Paiella. Las columnas las diseñó y elaboró el artista Antonio Doninelli, mientras que los relieves estuvieron a cargo del escultor venezolano Santiago González.  El maestro de obras Salvador Navas fue uno de los supervisores generales y también trabajaron los artesanos Rafael Sotomayor y Maximiliano Larrazábal.

El estilo del templo se considera jónico-romano. Tenía seis columnas en cada lado y era de 25 metros de longitud. El estilóbato o plataforma era de dos metros de altura y dentro se realizaban los principales actos. Los relieves de Santiago González eran sobre temas alegóricos a la sabiduría, de acuerdo con los parámetros liberales, mientras que el tímpano se refería a la importancia institucional de las Minervalias. Quienes trabajaron en el diseño y construcción de esa obra eran de los más reconocidos maestros en su campo en aquel momento.

En los capiteles había medallones de los personajes históricos que representaban el sentido de la patria y de la nación, como un panteón nacional que al mismo tiempo reflejaba los pactos entre los grupos hegemónicos, ya que combinaba personajes eclesiásticos con seculares: Cayetano Francos y Monroy, Francisco Marroquín, Pedro Molina, José Cecilio del Valle, Miguel Larreinaga, José Venancio López, Simeón Cañas, Alejandro Marure, Mariano Gálvez, Justo Rufino Barrios, Lorenzo Montúfar y Miguel García Granados. En uno de los dinteles estaba la inscripción: “Manuel Estrada Cabrera, Benemérito de la Patria”. En el otro se leía “Manuel Estrada Cabrera presidente de la República a la Juventud Estudiosa”. En las Minervalias también se hacía alusión de que Estrada Cabrera era el protector de la juventud estudiosa, el jefe del partido liberal y el Pericles de Guatemala.

Así pues, en la zona del Hipódromo se pusieron en escena las relaciones simbólicas entre el gobierno Estrada Cabrera y la sociedad liberal de la Ciudad de Guatemala, en una estética ilustrada propia de la modernidad de principios del siglo XX. Se le empezó a conocer como “Parque Minerva”, y las Minervalias reunían a artistas, escritores, poetas, cronistas e intelectuales diversos, en actos intergeneracionales que reforzaban las ideas del Estado-Nación guatemalteco desde la perspectiva liberal, pero con un sentido funcionalista para el civismo y el fomento de la nacionalidad. Las Minervalias eran tan significativas que la primera filmación registrada en Guatemala en un gran evento data de octubre de 1905, precisamente en una de estas festividades, y estuvo a cargo de Carlos Valenti Sorié, padre del reconocido artista plástico Carlos Valenti.

Durante el resto del año, el Hipódromo, el Parque Minerva y la Avenida del Hipódromo o de Minerva se constituyeron en el paseo de muchas personas, dentro de un ambiente campestre pero que era de la Ciudad. Esto era tomado de las planificaciones urbanísticas europeas, sobre todo francesas, alemanas, suizas, belgas y británicas.

El Parque Minerva y la antigua plaza de Jocotenango se convirtieron así en los extremos de un trayecto elegante de la capital. El sector era enaltecido por la opinión pública y el discurso oficial eurocéntrico y racista, tal y como lo hace el siguiente relato del Diario de Centro América del 18 de agosto de 1905: “La iglesia humilde no queda ni en cimientos, donde antes se asentara un pueblo de a saber qué raza de indios; las chinamas se ven chatas, feas y grotescas al lado de los chalets. En el fondo del paseo donde antes quizás se extendía misteriosa arboleda penetrable solo para los enamorados que en ellas buscaban un refugio para las ternezas de sus coloquios, se levanta un templo a la sabiduría, como un faro que invita a un pueblo con su blanca luminaria de mármoles”. Por lo tanto, estos elementos de civismo se encuentran sobre bases excluyentes.

En el Parque Minerva se mandó a construir un mapa en relieve de la República de Guatemala por disposición directa del presidente Estrada Cabrera.  Entre el 19 de abril de 1904 y el 29 de octubre de 1905 se realizó esta extraordinaria obra de ingeniería y arquitectura, con una perfección que ha sido valorada por diversas instituciones nacionales e internacionales a lo largo del tiempo. La obra estuvo a cargo del teniente coronel e ingeniero Francisco Vela y del ingeniero civil Claudio Urrutia. Los dibujantes fueron Eduardo Castellanos, Salvador Castillo y Eugenio Rosal; los artistas Domingo Penedo y Antonio Doninelli realizaron los detalles estéticos de los accidentes geográficos, incluyendo colores y texturas, así como de la barda que rodea la obra para los espectadores, mientras que el maestro de obras fue Cruz Zaldaña.

Podemos plantear que todo este conjunto es un antecedente de centro cívico en la Ciudad de Guatemala, partiendo de su funcionalismo con un claro objetivo social, ideológico, político y cultural: afianzar el criterio y sentido de patria que la clase dominante establece. Esto es así en cualquier lugar del mundo, pero la diferencia radica en quiénes se ven beneficiados con este fomento.

[1] Rafael Spínola (1900). Moral razonada y lecturas escogidas. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 199.


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