Una de mis memorias de niñez en el lugar que llamamos muchas personas de manera coloquial Hipódromo del Norte, específicamente en el espacio de bosque de lo que quedó del antiguo Parque Minerva, es observar entre árboles grandes tableros de ajedrez diseñados para mostrar estrategias en las jugadas. Debajo de ellos había maestros enseñándoles a niños, niñas, jóvenes y adultos el juego denominado deporte ciencia. A varios de estos profesores les recuerdo de avanzada edad, con carácter tranquilo como suelen tener los ajedrecistas cuando se encuentran en la sintonía de una partida. A finales de los años 70 y en los 80 del siglo XX, cuando transcurrió mi infancia y el inicio de mi adolescencia, cerca de esa particular comunidad del ajedrez, se alquilaban bicicletas y triciclos, por lo que muchos y muchas infantes que íbamos con la emoción de disfrutar de dar una vuelta en uno de ellos teníamos un primer contacto con las piezas colocadas en papel sobre los grandes tableros colgados, que servían como pizarras didácticas para mostrar todo lo concerniente a la disciplina. Y algunos nos quedábamos observando, otros se inscribieron y varios que por una u otra causa no fuimos alumnos de esa relevante academia al aire libre al menos nos inspiramos más para adquirir libros sobre el ajedrez y conocer lo básico por nuestra propia cuenta. Tuve algunos vecinos y amigos de la época que asistieron a ese inolvidable espacio, y con el tiempo conocí a más personas que tuvieron esa importante experiencia.
Todo comenzó el 25 de abril de 1971 cuando la Municipalidad de Guatemala, bajo la alcaldía del licenciado Manuel Colom Argueta, abrió el programa Ajedrez bajo los árboles en el Parque Minerva e Hipódromo del Norte. El nombre era ya distinto a lo convencional y desde ahí se representaba un objetivo amplio e integral en la concepción de la formación educativa popular. Los maestros ajedrecistas Guillermo Vassaux Estévez y Carlos Salazar fueron designados para dirigirlo. El maestro Vassaux fue uno de los fundadores de la Federación Nacional de Ajedrez y catorce veces campeón de Guatemala, mientras que el maestro Salazar había sido bicampeón del país en 1943 y 1944. Este programa fue un proyecto innovador en Centroamérica para la enseñanza y divulgación del ajedrez y uno de los más importantes en su género de didáctica del deporte ciencia integrado a la educación popular, teniendo la riqueza de ser al aire libre en un bosque, siendo de los pioneros en América Latina.
La importancia del programa se evidencia en el apoyo desde la alcaldía de Colom Argueta. Durante la inauguración estuvieron presentes los maestros Vassaux y Salazar; el síndico municipal Alberto Viau, en representación del alcalde; Augusto Enrique Noriega, jefe de la División de Educación y Cultura de la Municipalidad; Raúl Monroy, presidente de la Federación Nacional de Ajedrez; y David Vela, intelectual y director del diario El Imparcial. Esta academia al aire libre dentro de un bosque fue célebre, ya que formó a niños y niñas en el deporte ciencia durante 20 años, siendo semillero de grandes jugadores y jugadoras. El maestro Vassaux y el maestro Salazar jugaban partidas simultáneas, enseñando estrategias que también estaban en los libros que el primero de ellos escribió y en sus columnas que publicaba en algunos diarios nacionales. También formaron a otros maestros que después se integraron a la Federación Nacional de Ajedrez de Guatemala, brindando muchos de ellos y de ellas su tiempo en el programa Ajedrez bajo los árboles, ya que laboraban de forma voluntaria en la continuación de la enseñanza ajedrecista.

Ajedrez bajo los árboles llegó a su final en 1991. Yo continuaba en esa época siendo un asiduo visitante del Hipódromo del Norte y de repente, como suceden muchos acontecimientos, un día ya no vi los tableros ni encontré a los maestros con sus alumnos y alumnas. Recuerdo que se lo comenté a mi padre y él a su vez a nuestro gran amigo José Carlos Grajeda Chew, maestro ajedrecista guatemalteco que fue seleccionado nacional en la XXIII Olimpiada de Ajedrez en Buenos Aires, Argentina, de 1978, y quien me acercó al conocimiento de la disciplina regalándome mi primer tablero siendo yo un pequeño niño. Carlos Grajeda, residente en España desde 1981 y en donde continuó formándose en el ajedrez, lamentó que el programa se terminase, ya que siempre lo tuvo en alto valor.
El 14 de diciembre del 2017, la Municipalidad de Guatemala inauguró un monumento de homenaje al histórico programa Ajedrez bajo los árboles, en el sector norponiente del bosque del Parque Minerva. La placa dice “Ajedrez bajo los árboles. Guillermo Vassaux. Maestro Emérito de Ajedrez”. Se diseñó un círculo con graderíos y un tablero de ajedrez en el centro, con el estilo de un pequeño anfiteatro. Cerca de éste, en uno de los sectores para juegos del Programa Espacios Seguros de Convivencia para Jóvenes (CONVIVIR), ejecutado por la Municipalidad de Guatemala y cofinanciado por la cooperación República Federal de Alemania en el 2018, se colocaron mesas de cemento con tableros de ajedrez formando un círculo. Algunos días de los fines de semana hay personas que practican el deporte ciencia ahí, pero ya no existe un programa institucionalizado como Ajedrez bajo los árboles. La Municipalidad de Guatemala, el Ministerio de Cultura y Deportes, la Federación Nacional de Ajedrez y otras entidades podrían reactivarlo, con los libros del maestro Vassaux y otros, así como con la asistencia de diversas herramientas didácticas que funcionarían muy bien en un entorno natural e histórico como lo es el Parque Minerva y el Hipódromo del Norte. En la memoria de muchas personas, yo incluido, está Ajedrez bajo los árboles con una significación especial. Ni se diga de quienes fueron alumnos y alumnas de él.
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