Uq Axik B’e (Atravesar Caminos) es el título con el que la comunicadora, artista y activista maya k’iche Lucía Ixchíu (@luciaixchiugt) le brinda al mundo su visión artística acerca de su lucha y las razones de su exilio. El documental de cinco minutos, que es su ópera prima como cineasta, obtuvo el premio como Mejor Cortometraje Documental en el Festival de Cortometrajes que se celebró en la ciudad de Cannes.
Lucía, que hace cuatro años debió salir del país, luego de casi un decenio de activismo, a través del arte y la comunicación, quiso documentar su viaje, que primero la llevó a Costa Rica y luego a obtener el estatus de asilada en Bilbao, España.
El título del documental, afirma Lucía, obedece a que para ella y su compañero, el director de cámara, Carlos Ernesto Cano, el exilio ha significado muchos cambios. «Nuestros ancestros, en nuestro libro sagrado, hablan del Saqi B’e, que es el camino blanco y nosotros estamos ahorita atravesando el camino», refiere.
Un cambio de vida
La periodista, que es también colaboradora en la sección de Opinión de eP Investiga, estudiaba arquitectura en la Universidad de San Carlos, en la capital en 2012, pero un trágico acontecimiento le cambió la vida: “El ejército de Guatemala masacró a mi pueblo en Totonicapán”, relata. El incidente ocurrido en la cumbre de Alaska fue la primera masacre, luego de los Acuerdos de Paz de 1996. Murieron seis personas y quedaron heridas al menos 40, además, muchos de los que participaban en la que era una protesta pacífica contra el aumento a la energía eléctrica, fueron criminalizados por el gobierno de Otto Pérez Molina.
Para Lucía fue un duro despertar a la realidad en la que las prácticas, que eran comunes durante el conflicto armado seguían vigentes. A partir de entonces, asumió la misión contar las historias desde la perspectiva de las mujeres indígenas. “Porque nosotras también tenemos todas las posibilidades y nuestras miradas para contar nuestra propia historia”, expresa.
Lucía ya se había involucrado en los liderazgos universitarios. Sin embargo, después de la masacre, las circunstancias se dieron para que su actividad se intensificara. Algunos estudiantes participaron en las protestas que siguieron al hecho y en una manifestación se lanzaron zapatos con tinta roja a la sede del Ministerio de Gobernación. A partir de ahí se giraron órdenes de captura contra cinco estudiantes y detuvieron a uno de ellos. Uno de los que logró escapar, decidió entregarse posteriormente y se le impuso una multa de varios miles de quetzales, casi imposible de cubrir.
Fue entonces cuando Lucía junto a otros líderes fundaron los Festivales Solidarios, que tienen como objetivo la defensa de la dignidad de los estudiantes, de pueblos indígenas y de los territorios, a través de manifestaciones artísticas. Poco a poco empezó a ser reconocida como una de las más importantes voces jóvenes indígenas.
Las razones de su exilio
Lucía, quien paralelamente trabajaba como consultora independiente, continuó su trabajo en el colectivo de arte Festivales Solidarios, que en la actualidad se ha transformado en un medio de comunicación que se llama Festivales Media. A través de estos, se montaba una caravana itinerante de arte e incluso proyecciones de cine, entre 2013 y 2020. Estas acciones artísticas acompañaban a resistencias de pueblos indígenas y mestizos que buscaban proteger la naturaleza, a través de la defensa de los ríos y cerros. “Obviamente esto es algo que atenta contra los intereses de empresas extractivas”, señala.
“Nosotros nos volcamos desde la comunicación indígena y comunitaria a contar las historias de los territorios, los casos de prisión política de defensores del territorio como Rigoberto Juárez, Abelino Chub Caal y, en su momento, de Bernardo Caal, un líder indígena defensor del agua”, refiere.
Cuenta que, en 2020, en medio de la pandemia, ella, su pareja Carlos Cano, y su hermana Andrea se encontraban en el bosque de Totonicapán documentando tala ilegal. “Los taladores casi nos matan a mí y a mi hermana. Tuvimos que escapar de la montaña. Fue un momento muy duro”, recuerda.
Además, señala, “tuve que salir del país, criminalizada por ser una líder indígena, joven, activa en la protesta, porque fui dirigente estudiantil del Consejo Superior Universitario del 2014 al 2016. Fui muy activa en la lucha contra la corrupción, apoyando a CICIG y estuve muy involucrada en todo lo que pasó en 2015, desde el movimiento estudiantil”, resume. Destaca que tiene muchos frentes abiertos de lucha porque, incluso, después de dejar la representación estudiantil en 2017, continuó organizando acciones cuando el gobierno de Jimmy Morales sacó a la CICIG, ella y sus compañeros montaron una marcha de artistas que fue masiva.
“Tengo claro que estoy fuera del país por ser una voz incómoda, por ser mujer, por ser indígena, por negarnos a la ignominia a la que han sometido a nuestro territorio”, expresa.
Una pieza para visibilizar
Este primer trabajo cinematográfico de Lucía nació, primero del impulso que le brindaron algunos de sus amigos al animarla a contar su historia, a través del cine. Ixchíu refiere que, cuando acababa de salir rumbo a Costa Rica, se acababa de estrenar El silencio del topo, de Anaís Taracena. Y fue, precisamente ella, la primera en señalarle la posibilidad de utilizar el cine para expresar lo que había vivido.
Posteriormente, en España, el cineasta indígena venezolano David Hernández Palmar le dijo también «tienes la posibilidad del cine para contar tu historia» y él la invitó a la mentoría que ofrecía la organización If Not Us, Then Who? (Si nosotros no, ¿quién?), una organización que destaca el papel crucial de las comunidades indígenas en defensa del planeta.
«Estuve trabajando durante un año. El corto, que dura cinco minutos, tiene imágenes de Guatemala, México y España. Fue editado en México y la posproducción fue hecha en Colombia», describe la cineasta. «Yo soy la directora y guionista. El proceso más duro y doloroso para mí, fue escribir el guion porque quería contar la historia de mi exilio, sin decir que estoy exiliada. Entonces, tuvimos que usar un poco de narrativa, de verso y de prosa, para enfocarnos en algo que no fuera literal. Es un poema sobre mi experiencia personal», describe.
«Decidimos postular a este festival porque nos parece importante contar lo que está pasando en nuestros territorios», externa. Indica también la relevancia que tiene este tipo de material, en momentos en los que líderes como Luis Pacheco y Héctor Chaclán enfrentan cargos judiciales por defender la democracia.
La película, que también está nominado en el Festival de cine de Bilbao, se proyectó dentro del festival de cortometrajes de Cannes el 26 de abril y Lucía fue notificada acerca del premio que obtuvo el lunes 11 de mayo.
Este es el tráiler disponible:
Ixchíu destaca que ante el panorama que se vive, Guatemala también tiene derecho a conocer noticias como esta. «Aquí estamos para posicionar a nuestro país y contar nuestras propias historias», concluye.
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