El concepto de centro cívico en la historia de América Latina, según cambios urbanísticos, funcionalismo y sentido de nación I Parte.

En los centros cívicos más actuales, como el de Guatemala, la utilización del brutalismo con todas sus características estructurales, pero sobre todo simbólicas, no es solamente por la moda estilística, sino que cumple la función de que la monumentalidad nos dice que la patria avanza y se impone ante la historia, reconociéndose en ella, pero superándola.

Mauricio José Chaulón Vélez

agosto 2, 2026 - Actualizado agosto 1, 2026

En otros lugares del mundo en donde existen este tipo de espacios urbanísticos políticos a los que puede denominárseles centro cívico, ya sea porque tengan ese nombreo porque poseen determinadas características, la función está también asociada a la modernidad del liberalismo del siglo XX, con el objetivo de profundizar en el sentido del Estado nación, pero de acuerdo con las ideas que planteaba el contexto.

El rompimiento con lo colonial es evidente en este tipo de espacios, erigiéndose como un potente grito de soberanía nacional. Sin embargo, también los espacios coloniales históricos, como las plazas mayores, han sido convertidas en centros del civismo en los procesos de configuración de los Estados Nacionales.

En los centros cívicos más actuales, como el de Guatemala, la utilización del brutalismo con todas sus características estructurales, pero sobre todo simbólicas, no es solamente por la moda estilística, sino que cumple la función de que la monumentalidad nos dice que la patria avanza y se impone ante la historia, reconociéndose en ella, pero superándola.

Otro mensaje es que esa patria se impondrá también a los problemas del presente, enfrentando con la entereza que simbolizan las grandes planchas de concreto los desafíos del contexto. Pero, debe tenerse en cuenta que esto es desde las ideas dominantes que es importante situarlas en el contexto determinado, porque como muy bien lo exponen Marx y Engels en La ideología alemana (1846), los pensamientos y el ideario de la clase dominante se convierten en la conciencia hegemónica y esto se transfiere a las condiciones materiales de existencia, una de ellas la arquitectura. Por ello es por lo que, en el caso del Centro Cívico de la Ciudad de Guatemala, se observa la interrelación compleja entre las bases del sentido de nación que determinó el segundo liberalismo y la entrada de la Revolución de 1944-1954, junto con el avance de las vanguardias arquitectónicas. Eso lo expondré ampliamente en la siguiente columna.

Lo que busco aclarar ahora, es que los antecedentes de este tipo de espacios en América Latina corresponden a esas aperturas que generaron los regímenes liberales, las cuales son innegables, en la dialéctica de avances y retrocesos que significaron los liberalismos latinoamericanos, pero que los espacios anteriores desde los que funcionaba la patria colonial y luego conservadora, fueron también centros de poder a donde se transfirieron los conceptos modernos de civismo, ciudadanía y patriotismo. 

Guatemala no es el único país en el cual existe un centro cívico como el que tenemos al sur de la zona 1 en la ciudad capital, así como tampoco el concepto es propio del urbanismo guatemalteco. Desde los planteamientos urbanísticos tanto académicos como prácticos, se define un centro cívico como “Un lugar destinado a albergar instituciones y espacios que promueven el desarrollo de actividades tanto individuales como colectivas, en el ejercicio de los deberes, derechos y libertades fundamentalmente cívicas”, como lo expone el Résumé. Nouveau centre urbain et nouvelle ville del Institut d’Aménagement et d’Urbanisme de la Région Parisienne, en 1969. Esta definición urbanística francesa en los inicios de la segunda mitad del siglo XX hace referencia a la modernidad concebida para aquel momento, pero debe tomarse en cuenta que los conjuntos de las plazas mayores y edificios de gobierno heredados de la época colonial y establecidos como los centros políticos y sociales de las capitales latinoamericanas también entran en la definición de un centro cívico, sólo que contextualizado para una época diferente y en las funciones que la modernidad liberal capitalista le impone.

Sin embargo, el término no se ha utilizado para ellos, porque predomina el de Plaza Mayor (en el caso de México, Zócalo; y en el caso de Guatemala, Parque Central), trasladándose el término de centro cívico a nuevos espacios para modernos edificios de gobierno y espacios de ejercicio de ciudadanía en combinación con las significaciones políticas, ya que el concepto de civismo es consustancial a los liberalismos.

En ese sentido, las plazas mayores y edificios de gobierno de origen colonial en Latinoamérica pueden considerarse como centros cívicos históricos, mientras que los espacios como el Centro Cívico de Guatemala se pueden clasificar como centros cívicos modernos. En ambos lugares, se continúan explotando los valores cívicos hegemónicos, es decir los construidos desde la clase dominante que define qué es la nación moderna.

También existe la clasificación de Centros Cívicos Temáticos, que se da para espacios de desarrollo para la ciudadanía en área de cultura, arte, deporte y tecnología. Muchos de los centros cívicos temáticos se encuentran en un solo edificio y en algunos casos también se clasifican de este tipo dentro de los centros cívicos modernos. Sin embargo, el término de centro cívico moderno surgió a partir de ya avanzada la primera mitad del siglo XX y sobre todo en la segunda mitad, en relación con grandes espacios para albergar edificios públicos, o sea de índole estatal o gubernamental, combinados con plazas, áreas peatonales para comunicar los distintos lugares del centro cívico y el arte plástico integrado como elemento simbólico fundamental.

Dentro de los ejemplos más recientes de un centro cívico moderno que combina lo político con lo temático es el del Parque Bicentenario en Santiago de Chile, cuyo nombre se da para conmemorar la independencia chilena de España, que se firmó en 1818. El Parque Bicentenario que se encuentra en la comuna de Vitacura en Santiago, se inauguró en su primera parte en el 2006 y la segunda fase fue inaugurada en el 2011. Alberga un edificio municipal, áreas verdes, un estanque, salas de exposiciones artísticas, salones culturales, entre otros. Se trata de la integración entre naturaleza, edificios políticos de gobierno local y cultura, siendo prioritario que el paisajismo articule una estética atractiva entre lo arquitectónico, lo escultórico y lo natural.[1]

Muchos centros cívicos definidos como tal en América Latina han surgido también de las adecuaciones que en los centros tradicionales heredados de la época colonial se han realizado, como por ejemplo la Plaza Bolívar de Caracas, Venezuela, o el centro de Santiago de Chile. Lo que determina que el nombre de centro cívico se haya adecuado, es que se adoptaron cambios para modernizar edificios y plazas. Esto ha sido ampliamente trabajado por Fernando Carrión en su obra Centros Históricos de América Latina y el Caribe (Quito: FLACSO, 2001), libro que recomiendo. En ese sentido, podría decirse que la adecuación del Parque Central y del Parque Centenario de la Ciudad de Guatemala entre 1982 y 1985 para convertirlos en plazas, forma parte de esas adecuaciones modernizadoras funcionalistas, aunque no por eso se les denominó con el nombre de «centro cívico», pero en ellos se desarrolla una actividad cívica, sobre todo en efemérides nacionales. Tampoco significa que fue a partir de esos cambios estéticos en la Plaza Mayor y el Parque Centenario de la Ciudad de Guatemala que estos espacios empezaron a funcionar como centros de civismo: esto fue desde mucho tiempo atrás.

Otro caso importante de analizar es el de la Ciudad de México, cuando la Plaza de la Constitución, denominada así por la Constitución de Cádiz de 1812 y conocida popularmente como El Zócalo, pasó de ser un espacio de jardines a una planicie en 1958. Fue el gobierno del partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) con la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México con Claudia Sheinbaum (2018-2023) y luego con Martí Batres Guadarrama (2023-2024) que comenzó a utilizarse el término de centro cívico para el centro histórico de la Ciudad, principalmente las áreas del Zócalo, el Palacio de Gobierno, la Catedral y sus cercanías más próximas. Sin embargo, el término no es concretamente el de «centro cívico», sino que se integra a una definición más amplia de considerar al Centro Histórico como “el espacio cívico, social, cultural y político más importante del país”, como lo propone Martí Batres Guadarrama.

Finalizo esta columna citando y recomendando el importante análisis de Batres Guadarrama, para comprender con mayor amplitud el caso del Centro Histórico de la Ciudad de México en relación con la conceptualización de un «centro cívico», titulado “El Centro Histórico se configura como el espacio cívico, social, cultural y político más importante del país”, que se encuentra en el Boletín 01/2024 del Gobierno de la Ciudad de México, Autoridad del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Continuarán estos abordajes sobre el tema de los centros cívicos en la próxima columna. Gracias por su lectura.   


[1] Para el tema del Parque Bicentenario en Santiago de Chile, han sido importantes dos referencias:

  1. Teodoro Fernández (2007). Arquitectura en el paisaje. Serie Monografías de Arquitectura Chilena Contemporánea.Santiago de Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile.
  2.  Camila Merino (2023). Parque Bicentenario de Vitacura. Vitacura, Santiago de Chile: Municipalidad de Vitacura.
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