Sobre la obra artística de Alejandro Obregón

Obregón dejó un elocuente y conmovedor testimonio artístico de las atrocidades que emplearon los protagonistas de ese conflicto violento, atrocidades, que, años después, fueron imitadas a menudo por los grupos paramilitares que combatían a las organizaciones guerrilleras.

Camilo García Giraldo

octubre 19, 2025 - Actualizado octubre 18, 2025

Violencia, de Alejandro Obregón

El gran artista colombo-español Alejandro Obregón nació en Barcelona en 1920 de padre colombiano y madre española. Llegó a Colombia a la edad de nueve años donde vivió con algunas interrupciones hasta su muerte ocurrida en Cartagena de indias en 1992. Es considerado unánimemente como el padre del arte moderno colombiano al crear obras, pinturas y murales, siguiendo las pautas del llamado expresionismo figurativo, que se originó en Alemania a comienzos del siglo pasado con artistas como Ernst Ludwig Kirchner y Franz Marc. De ahí, que se propuso en sus más valiosos y significativas obras expresar el alma o espíritu de los dos pueblos a los que pertenecía, el colombiano y el español. Pero, no lo hizo pintando figuras de personajes de estos pueblos o escenas de sus vidas, sino, dos animales que simbolizan sus existencias históricas y culturales, el cóndor y el toro. El primero, que ha estado al borde la extinción, fue el ave que dominaba y adornaba el paisaje con su imponente vuelo las ramificaciones de la cordillera de los Andes donde se concentra y vive la mayor parte de la población del país. Y, el segundo, protagonista principal de la tradicional fiesta brava, hoy cuestionada por muchos, con la que se identifican muchos españoles, especialmente andaluces y castellanos. Son animales fuertes y poderosos integrados al horizonte socio-cultural de sus vidas, y en los que proyectan, de modo tal vez inconsciente, el deseo de ser tan fuertes y poderosos como ellos lo son, el de adquirir o tener esa cualidad en sus vidas.

Estos animales indican para Obregón algo más, que los seres humanos son parte de la naturaleza, que una parte de su ser es de raíces naturales animales, y viven en medio de la naturaleza exterior de donde obtienen todos los recursos y medios que necesitan para conservar y reproducir esas vidas. Y, donde también se depositan sus cuerpos muertos para fundirse y desintegrarse con ella un solo todo. Es en el espacio físico de la tierra, en esa parte esencial de la naturaleza, en la que todos los seres humanos, como todos los seres vivos terrestres, tienen el lugar de sus vidas, y, encuentran también el de sus muertes. Por eso, el espacio físico de la naturaleza exterior que sostiene y rodea la vida de los hombres es, al mismo tiempo, el que diseña la forma de sus cuerpos a la hora de sus muertes, el que da la forma o “fisonomía” a sus cadáveres antes que se desintegren en la naturaleza como parte que son de ella.   

Fundado en esta comprensión, pintó su famoso lienzo Violencia en 1962, en el que nos muestra a una mujer mutilada de un seno cuyo cuerpo se confunde con los contornos de una montaña de la cordillera de los Andes. Una mujer asesinada y mutilada por alguna banda de hombres armados, conservadores o liberales, que se enfrentaron violentamente en los campos del país durante más de diez años, entre 1946 y 1957, dejando un saldo de 200,000 muertos. Con esta obra, Obregón dejó un elocuente y conmovedor testimonio artístico de las atrocidades que emplearon los protagonistas de ese conflicto violento, atrocidades, que, años después, fueron imitadas a menudo por los grupos paramilitares que combatían a las organizaciones guerrilleras.

En efecto, violencia que comenzó el partido conservador, al ganar sobre el partido liberal, las elecciones presidenciales de 1946. Desde el recién inaugurado gobierno de Mariano Ospina Pérez, muchos campesinos conservadores, especialmente de la región andina, comenzaron a formar, bajo la protección o anuencia del régimen, grupos armados llamados “Chulavitas” y Pájaros”, para darse a tarea de matar a sus pares liberales, y, descuartizar, después, sus cadáveres. Los liberales decidieron, al poco tiempo, responder a esa agresión violenta de la misma manera, y, con los mismos métodos, para castigar a los conservadores, que se habían convertido así, en sus declarados y mortales enemigos políticos.

Y, los miembros de estos grupos solían con mucha frecuencia, después de matar a alguna persona, hombre o mujer, perteneciente o simpatizante del partido político enemigo, desmembrar o descuartizar su cadáver. La práctica más común era la de decapitar a la víctima. Acto macabro que hacían porque creían que la víctima no estaría real o verdaderamente muerta, hasta que no le separaran la cabeza de su cuerpo. Aunque, también en muchas ocasiones, sus victimarios colocaban esa cabeza de nuevo en su cuerpo, pero, no en el lugar que ocupaba, sino, en otro distinto, encima del estómago o de los genitales. Y, así creían demostrarse a sí mismos, y, a todos los que vieron esos cuerpos, que eran agentes poderosos y soberanos absolutos sobre la vida y la muerte de sus enemigos políticos.

Pero, Obregón, también nos mostró en este gran lienzo que cuando unos hombres matan a otros indefensos, y, en muchas ocasiones inocentes, y mutilan sus cuerpos, se reflejan en ellos como los espejos más fieles de sí mismos. Ellos también se matan y mutilan así mismos, a su segunda naturaleza, a su naturaleza propiamente humana. Pues, matar y mutilar a una persona indefensa e inocente, constituye un acto de violencia supremo que no tiene ninguna justificación moral posible que daña y degrada gravemente la fisonomía humana de quien lo comete. 

En razón de este doble significado que hemos señalado, estoy convencido que este lienzo de Obregón la mayor obra artística de la historia del país. Es el mayor y mejor retrato plástico de lo que en parte somos, y hemos sido, en el curso de nuestra historia republicana. 

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