Guillermo Monsanto y el arte de la trascendencia

Respetado tanto en el ámbito de las artes visuales como en los escenarios del teatro y el cine, Guillermo Monsanto es la prueba viviente de cómo el talento bien cultivado puede dar frutos que se conviertan en legado.

Ana Lucía Mendizábal

diciembre 21, 2025 - Actualizado diciembre 21, 2025

Guillermo Monsanto (Guatemala, 1962) es una de las figuras más constantes y multifacéticas de la cultura guatemalteca actual. Actor, director, dramaturgo, periodista cultural, curador, investigador y gestor, su trayectoria, que arrancó con el cultivo de una vocación temprana, se fortaleció con una profunda convicción sobre el valor de la memoria histórica de las artes. A lo largo de más de 40 años, su trabajo ha dejado huella tanto en los escenarios como en las páginas impresas, las galerías de arte y los archivos documentales del país.

Monsanto creció en un entorno familiar vinculado a la educación y la sensibilidad artística. “Crecí en una casa de maestros: mi abuela Luz, mi mamá y mi papá eran maestros. Mi abuelito no, pero era un hombre muy sensible que escribía poesía y tocaba la guitarra. Había en casa una dinámica que nos facilitó entrar al mundo con otro tipo de estímulos”, recuerda. Desde temprana edad, su inclinación por el arte fue acompañada y estimulada en el hogar.

La formación escolar también tuvo un peso determinante. Estudió en el colegio Julia Camacho Labbe, donde la lectura era un pilar fundamental del aprendizaje. “Yo empecé a hacer mi biblioteca a los siete años, cuando la señorita Julia, directora del colegio, me regaló los primeros dos libros de Julio Verne, Miguel Strogoff y Un capitán de quince años, como premio por haber aprendido a leer”, relata. Aunque con los años su biblioteca se amplió y diversificó, esos primeros libros siguen ocupando un lugar simbólico en su vida.

“Mi abuelita Luz era la que estimulaba mis gustos”, afirma. A los siete años pidió aprender piano y su familia no solo adquirió el instrumento, sino que contrató una maestra para formarlo. Con humor, reconoce que su desarrollo musical fue limitado: “Siempre digo que no soy un pianista consumado, sino un pianista consumido”, acepta.

De la música a la pintura

La música abrió el camino hacia nuevas inquietudes. “A los 13 años tuve un impacto de primer orden. Durante el terremoto escuché a Donna Summer. Me enamoré de ella y sigo enamorado de ella”, confiesa. Esa admiración fue tan intensa que lo llevó a intentar reproducir su imagen a través de la pintura y pidió a su familia tener clases de pintura. A los 16 años ingresó a la Escuela de Pintura Tercero Duarte, donde recibió formación de Guisela Tercero de Samayoa. “Ella me dio los rudimentos para entender cómo se construía una pintura. De cierta forma, fue la base del Guillermo Monsanto que se volvió artista visual”, reconoce.

Aunque no se define como pintor consumado, su formación se amplió con maestros como Dagoberto Vásquez Castañeda, Oswaldo Cercado, Francisco Auyón y Ana María de Maldonado. Esa experiencia temprana le permitió comprender los procesos creativos desde distintas disciplinas, algo que más tarde influiría en su trabajo como curador y crítico.

Periodista y columnista

Guillermo cursó estudios en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Rafael Landívar. Aunque cerró el nivel técnico de la carrera, no realizó el examen privado. Recuerda haber tenido catedráticos como el padre Antonio Gallo Armosino, S. J (Padre Gallo) y Guillermina Herrera Peña, quien, por cierto, afirma, es sobrina de su abuelita. En la universidad fue compañero de comunicadores como Chalo Hernández y Roberto Rodas Molina, entre otros.

Esos estudios le sirvieron para convertirse, más adelante, en un respetado periodista cultural, columnista y crítico de arte. Ha escrito en medios impresos desde 1982. Sin embargo, comenzó a hacerlo con más periodicidad a partir de 1996, en Prensa Libre. Más adelante, cuando las condiciones cambiaron en ese medio de comunicación, lo hizo en otros medios como Siglo XXI, Recrearte, Relato GT. Actualmente tiene una columna en el Diario de Centroamérica.

Monsanto, es Licenciado en Arte Dramático con especialidad en Dirección de la Universidad de San Carlos y Maestro en Educación Especial, carrera que estudió paralelamente a la de Comunicación en la Universidad Rafael Landívar.

El llamado de las tablas

Algunas experiencias de la niñez le prepararon para el encuentro con los escenarios. Cuenta que entre los seis y los 11 años, participó en algunos anuncios porque su padre trabajaba en una agencia de publicidad. Pero un encuentro determinante con el mundo de la actuación se dio en los años de transición entre la adolescencia y la juventud.  “A los 17 años, pasé frente al teatro Gadem (Grupo Artístico de Escenificación Moderna) , que en ese entones estaba en la esquina opuesta al edificio de correos, en la 8ª avenida”. Ahí, leyó el cartel que anunciaba que buscaban actores para estelarizar la obra Romeo y Julieta, de William Shakespeare y decidió ingresar a la audición.

Su buena lectura le consiguió un papel como antagonista. Sin embargo, al llegar a casa y contar lo sucedido, encontró oposición de sus padres. “Me dijeron que hasta que yo no fuera mayor de edad no podía tomar esas decisiones y que no, no podía aceptar”. Guillermo comprende la razón de la negativa de entonces y explica: “Estamos hablando del año 1979. Para entonces, habían desaparecido a Irma Flaquer y Alaíde Foppa, entre otros. Ellos (sus padres) tenían pánico, especialmente porque el teatro que se hacía en el Gadem era político”, externa.

Las tablas no esperaron demasiado, porque ya siendo mayor de edad acudió a su tía Alma Monsanto, prima hermana de su papá, que en esos tiempos había fundado la academia Arte estudio Kodaly, y preparaba una pieza teatral dirigida al público infantil. “Yo le pedí ‘Almita, hacé una obra musical para que yo actúe’. Y ella tradujo y montó Hello Dolly con canciones, coreografías y todo. Ahí comenzó todo este camino y desde ese momento no me he bajado del escenario”, refiere.

Como actor ha trabajado con directores como Luiz Tuchán, Alma Monsanto, Ricardo Martínez, Flora Méndez, Dick Smith, María Teresa Martínez, Mercedes Blanco y Joam Solo, entre otros varios. En 1996 comenzó a dirigir con el grupo (CETAU) que había fundado Consuelo Miranda, quien al enfermar que se quedara a cargo.  

Con este autorretrato, Guillermo Monsanto ganó el examen de fotografía en la Universidad Rafael Landívar, según afirma a través de su Facebook. Foto: Facebook Guillermo Monsanto

El artista identifica, entre sus momentos más emblemáticos, su actuación en Don Juan Tenorio. «Considero que quienes llegan al Tenorio es porque su carrera está consolidada». asegura. Otro trabajo del que se siente orgulloso fue su actuación en la obra TVO, dirigida y protagonizada por Joam Solo. Esta pieza se llevó al cine. Otra producción cinematográfica en la que Guillermo tiene un papel destacado es Antología, de Monteforte Toledo. Su papel es el de una alucinación. También participó en la película muda 2 + 1, producida y dirigida por Lucho Ríos, en 2011. Además, Monsanto fue protagonista del cortometraje La Gota, escrito y dirigido por Elvin Santiagos.

Durante la pandemia, experimentó con la modalidad virtual, con la obra La Dama de las Camelias. Además de realizar radio teatro en Libertópolis, donde se presentaron nueve obras. Actualmente trabaja con la directora cubana Mercedes Blanco.

Entre sus mayores satisfacciones en el ámbito teatral se encuentran piezas escritas y/o adaptadas por él, que lograron un alto impacto entre el público. La primera fue la adaptación de La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde. «Terminábamos una función y media hora después comenzábamos la otra. «, recuerda.

Lily Monster y Alicia en el país de las maravillas fue otra de sus exitosas puestas en escena. Se trata de una ficción que escribió basado en una experiencia personal. «Tuve un encuentro desagradable con una chica bipolar y esquizofrénica. No tenía su medicamento y todo su odio lo dirigió hacia mí. Esa obra la escribí en tres horas, entre la 1 y las 4 de la mañana. La actriz principal venía de La Casa de Dios y de la iglesia llegaban a ver, porque había una representación del mal, muy fuerte», asegura. Además, la pieza fue de interés de psicólogos, quienes iban a observar las múltiples personalidades del personaje central.

Otras puestas en escena exitosas fueron De amor, odios y otras traiciones y la adaptación que hizo de Pedro y el capitán, de Mario Benedetti. De esta última indica: «Cuando yo leí el libro, parecía más un final romántico y poético. Me puse a investigar la Escuela de las Américas y las realidades que rodearon la historia. Reescribí el guion, basándome en la original. Fue un éxito, pero tenía a personas que sufrían mucho entre el público porque así se habían muerto sus hijos, sus esposos o sus padres. Aunque la obra quedó muy bien, no la vuelvo a montar nunca más en mi vida», sentencia.

Entre los proyectos teatrales que está próximo a presentar se encuentra una comedia, ambientada en 1896, durante el gobierno de Reina Barrios. «Es una familia que se viene de San Marcos y les suceden situaciones para morirse de la risa. Entre ellas, que la hija «solterona» tiene 17 años. A esa muchacha la enamora un cadete, de buena familia, pero todo cachimbiro y les suceden cosas terribles», detalla. Explica, que entre la ficción, aparecerán personajes históricos reales. También prepara la segunda parte de La Dama de las Camelias, y abordará la historia de cuando ella ha muerto y Armando Duval se vuelve loco de la tristeza.

Además, hay una pieza, también próxima a representarse que abordará el tema del bullying. En esta cuenta la historia de un grupo de ex compañeros de colegio que se reúnen y a esa reunión llega quien, según ellos, los acosaba. Todos rechazan su presencia, pero entre pláticas van descubriendo que los verdaderos acosadores eran ellos. Estas piezas están previstas para presentarse en el teatro de Casa Santo Domingo que lleva su nombre en los próximos meses.

En su trayecto teatral, Guillermo, quien es Miembro numerario de la Academia de Geografía e Historia y   docente universitario, ha obtenido importantes reconocimientos, uno de ellos es precisamente el que se haya dado su nombre al espacio teatral de ese importante hotel museo, además de aparecer en las galerías de artistas distinguidos de la Universidad Popular y el Instituto Guatemalteco Americano.

Así nació El Attico

Aunque, Guillermo ya era reconocido en los escenarios también debió ejercer ocupaciones más convencionales, específicamente en una oficina de finanzas, en donde, según señala también destacó. Sin embargo, a pesar de su éxito no se sentía realizado.

En 1984, conoció a Luis Humberto Escobar, un estudiante de leyes, que fue trasladado a la misma oficina en la que él trabajaba. Al explorar sus intereses en común se dieron cuenta que a ambos les interesaban las cuestiones estéticas y soñaban con independizarse.

En 1988, Guillermo le planteó a Luis la posibilidad de convertirse en socios de un negocio y específicamente le propuso, una mezcla de un anticuario-galería de arte y el aceptó. El nombre de El Attico lo eligieron, precisamente, porque iba a ser una venta de antigüedades. Sin embargo, cuenta, «el día de la inauguración, le pusimos punto rojo a todas las antigüedades (con el que se marcan las piezas vendidas en una exposición) y nos las quedamos”, confiesa.

La galería nació con buena estrella. “El mismo día de la inauguración demostró que iba a funcionar. Fue una cosa apoteósica”, expresa Monsanto, quien afirma que llegaron unas dos mil personas a esa apertura. Ese fue un gran augurio para un espacio en el que muchos no creían. “Nos vaticinaron cualquier cantidad de desgracias, que no íbamos a durar ni seis meses y ya vamos para 38 años.”, añade.

Luis se quedó trabajando en El Attico, mientras Guillermo, mometáneamente siguió laborando en la oficina de bolsa de valores en la que ya trabajaba. En esa etapa inicial recibieron el respaldo de varios artistas, especialmente, de César Izquierdo, de quien, entre otras cosas, dice: “Nos enseñó cómo llevar la contabilidad en tarjetas para los que compraban a plazos”.

En la primera exposición participaron los artistas Elmar Rojas, Dagoberto Vásquez, Manolo Gallardo, José Luís Álvarez, Ana María de Maldonado, Walter Peter Koller, Walter Peter Brener y Ana María de Radermann, a quien consideran padrinos.

Guillermo Monsanto y Luis Escobar en las primeras jornadas de El Attico. Foto: El Attico

Monsanto y Escobar pronto se ganaron la confianza de artistas expositores. “Creo que al principio les hicimos gracia”, expone. El apoyo no solo surgió de parte de los artistas que les confiaron sus obras, sino también de otros centros culturales. “Por ejemplo, el Museo Popol Vuh nos ayudó compartiendo su catálogo y el IGA también nos compartió sus invitados más los que nosotros íbamos haciendo”, ejemplifica Monsanto.

Las experiencias han sido variadas y Guillermo cuenta que una de las primeras sorpresas se la llevaron con el artista salvadoreño Carlos Díaz. “Nosotros abrimos en abril y él llegó en mayo o junio, todo desmoralizado porque lo habían rechazado de otra galería, le habían dicho “te falta mucho”. En contraste con la inauguración de la galería a la que habían acudido dos mil personas, a la de la muestra de Díaz apenas llegaron dos, una de las cuales compró un cuadro.

El artista se fue a El Salvador convencido de que había fracasado. Sin embargo, según cuenta Guillermo, al día siguiente llegó Roberto González Goyri a dejar una de sus pinturas y dijo: “A este artista yo lo premié en El Salvador. Me voy a llevar un cuadro”. Posteriormente también adquirieron piezas Ana María Maldonado, Oswaldo Cercado y César Izquierdo. “Vendimos la colección en 15 días. Vino Carlos todo triste y compungido y dice, ‘vengo a traer mis pinturas’. ‘¿Qué pinturas Carlos? Las vendiste todas’, le respondimos. Fue un éxito absoluto’”, recuerda Monsanto, quien dice que la experiencia se ha repetido con otros artistas.

La galería fue acreditándose en el ámbito artístico gracias a los criterios respetuosos que Guillermo y su socio asumieron. «En ese tiempo, casi no había curadores y los primeros que había eran muy maliciosos, porque lo que querían era imponer a sus artistas. Nosotros somos mucho más democráticos. Si nos piden que curemos una muestra vemos qué hay y se trabaja con eso».

Una realidad que cuestiona

Monsanto reconoce que las dinámicas y criterios de los coleccionistas han variado con el tiempo. «Era muy diferente al principio. La gente ponía por delante a los grandes maestros como Dagoberto Vásquez, Guillermo Grajeda Mena, Roberto González Goyri… la gente se dejaba guiar. El problema que hay ahora es que los catálogos se parecen un poco a los de los supermercados. La gente se deja guiar por los precios. Resulta que si un Abularach vale US$2 mil y la escultura de «la nené de algo», vale US$10 mil, entones creen que es mejor porque la obra es más cara», ilustra. Expresa que el criterio básico en la actualidad es recaudar fondos.

Guillermo indica que esta decadencia se evidencia en catálogos que más parecen anunciar artículos de supermercado. «Presentan a 40 artistas nuevos, pero no cuentan de dónde provienen, dónde se formaron… les falta hacer la tarea», expone.

Asegura que, ante estos vacíos de información e interés, él busca, a través de la columna que en la actualidad comparte a través de el Diario de Centroamérica, que la gente tenga a dónde acudir en busca de información específica y más profunda.

«Nosotros estamos viendo una generación superficial que no tiene ningún interés en la lectura y el arte», asegura. Responsabiliza a los sistemas educativos. «Las universidades están creando profesionales emprendedores y a los emprendedores no les sirve leer una novela o saber de historia, si todo está en el teléfono. Las escuelas ya no promueven la investigación y le permiten a los estudiantes que bajen todo de Internet, que no citen, que no utilicen comillas, que no tengan bibliografía», afirma.

A pesar de ello, reconoce que hay esfuerzos por superar esta situación. «Tenemos una asociación de museos en Guatemala, a la que pertenece El Attico y se está profesionalizando constantemente. Se busca que las curadurías sean más certeras, los documentos más amigables y que exista mayor acercamiento con el público», enfatiza.

La misión del rescate

Si una carencia ha presentado la cultura guatemalteca es la falta de documentos en los que conste el quehacer de los artistas, por eso, uno de los mayores aportes que Guillermo Monsanto ha hecho es su trabajo en el Centro de Documentación de El Attico. Acerca de los inicios de este espacio, recuerda que llegó un cliente alemán que requirió información de Dagoberto Vásquez. “Yo sabía lo básico, pero no teníamos documentos”.  Se dieron cuenta de la falta de información disponible y en 1991, se abrió el centro que hasta ahora dirige Monsanto.

“Empezamos a pedir catálogos en galerías y a los artistas. Creció tanto que, por ejemplo, heredamos los catálogos del Patronato de Bellas Artes, los catálogos de Roberto González Goyri, no solo de él, sino su colección de catálogos, los de María Elena de Lamport, de Edna Núñez de Rodas… y así fue creciendo exponencialmente” destaca.

Desde el Centro de Documentación de El Attico se han realizado trabajos de investigación y publicaciones con entidades como el Banco de Guatemala, Fundación Rozas Botrán, la Universidad Francisco Marroquín, Banco Industrial, Fundación Paiz para la Cultura y el Arte, Fundación G&T Continental, Museo Casa Santo Domingo, entre otros varios. El equipo de Galería El Attico, ha valuado e inventariado importantes colecciones institucionalizadas y particulares. En la actualidad, se encuentran valuando colecciones de arte muy importantes, entre ellas, la del Banco de Guatemala.

Entre las publicaciones más relevantes que Monsanto y sus equipos han realizado desde el centro de documentación se encuentran El mundo de Tún, Retrospectiva histórica del arte en Guatemala y Datos dispersos de la plástica guatemalteca 1892–1998.

Los cambios y la transición

Con el tiempo, las condiciones de El Attico fueron cambiando y Monsanto, quien anteriormente se había trasladado a vivir en la capital, decidió regresar a la Antigua Guatemala. Para él ya no resultaba práctica la movilización porque en ciertos horarios se tardaba tres horas en llegar a la galería. Luis Escobar, quien vive en la zona 15 también tenía complicaciones con el congestionamiento vehicular.

Los galeristas también notaron que muchos de los coleccionistas ya no asistían a las inauguraciones y les pedían que les enviaran información e imágenes de las piezas disponibles, a través del correo electrónico. Entonces, en 2019, tomaron la decisión de trabajar de manera virtual. Tenían programado realizar una exposición de despedida en 2020, sin embargo, la pandemia hizo que se cerrara todo en marzo de ese año.

En la actualidad, la página oficial de la galería mantiene información básica acerca de las actividades, entre las que se incluyen la organización de exposiciones alternativas en diferentes espacios. Actualmente, en el Museo de la Universidad de San Carlos (Musac), se exhibe la exposición de grabados Zaldívar, perteneciente a la colección Monesco (Monsanto Escobar) de El Attico y estará abierta hasta febrero. «Este año (2025) tuvimos dos exposiciones en la Cooperación Española», explica.

Para los próximos meses tienen prevista la publicación de tres nuevos libros. Dos son monografías artísticas. La primera es de Diana Fernández que ya se encuentra en manos de la editora Silvia Lanuza y se va a presentar con una exposición que la artista hará con cambio de iconografía y de tamaño de sus piezas que ahora serán monumentales. La segunda monografía es del artista Salvador Saravia. El tercero de los libros contiene tres obras de teatro y 10 relatos de terror escritos por Monsanto. Estas últimas dos aún no tienen fecha fija de publicación, pero espera se hagan en los próximos meses.

En la actualidad, desde la Antigua Guatemala, Guillermo Monsanto continúa activo en la investigación, la escritura, la curaduría y el teatro. Convencido de que la cultura solo trasciende cuando se documenta, su trabajo se mantiene como un puente entre el pasado, el presente y las futuras generaciones del arte guatemalteco.

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