El poeta francés Guillaume Apollinaire, de origen polaco, aunque nacido en Roma, fue una figura clave de las vanguardias artísticas iniciadas en el París de principios del siglo XX. No exageraba Max Jacob cuando profetizó que el siglo XX sería llamado, algún día, «la centuria de Apollinaire».
Llegó a París en 1900, cuando el siglo apenas despuntaba, y se convirtió en el epicentro de la bohemia del Barrio Latino. Amigo de Picasso, Braque, Derain y todos los que estaban reinventando el arte. Apollinaire no se limitó a observar, sino participó activamente en la transformación cultural de su tiempo.
El inventor del surrealismo
Apollinaire fue el primero en utilizar la palabra «surrealismo», acuñándola en 1917 al calificar su obra Las Tetas de Tiresias como un «drama surrealista». El término no se popularizaría hasta años después, cuando André Breton publicara su manifiesto en 1924. Pero la paternidad del concepto le pertenece a Apollinaire, que supo ver el futuro antes que nadie.
Asimismo, fue el principal defensor y teórico del cubismo. En 1913 publicó Los pintores cubistas, el primer libro que definió y explicó este movimiento revolucionario. En sus páginas, Apollinaire no solo analizaba a Picasso y Braque, sino que establecía los fundamentos estéticos de una nueva forma de entender el arte. Fue, además, quien bautizó el movimiento, al igual que había hecho con el surrealismo.
Alcoholes: el libro que cambió la poesía
En 1913 publicó Alcoholes, una obra que rompió con todo lo conocido hasta entonces en la poesía francesa. Apollinaire eliminó los signos de puntuación, introdujo el verso libre y exploró asociaciones de imágenes que hasta entonces parecían imposibles. El libro recogía poemas escritos desde sus 18 años, y en ellos se percibía la transición del simbolismo a una nueva sensibilidad que anticipaba las vanguardias. Alcoholes cambió la poesía francesa. Abrió un camino por el que después transitarían Éluard, Desnos, Arp y e mismo Breton, líder histórico del movimiento surrealista.
Caligramas, la poesía que se dibuja
Pero quizá su contribución más original y reconocible fueron los Caligramas, publicados en 1918, el año de su muerte. Se trata de poemas dispuestos de tal forma que representan gráficamente los objetos y conceptos a los que se refieren. Un poema sobre la lluvia que cae en forma de gotas. Un poema sobre un caballo que dibuja su propia silueta.
Apollinaire llevó al extremo la experimentación formal, anticipando la poesía visual que décadas después explorarían otros creadores. Su idea era que la poesía no solo se leyera, sino que también se viera. Que la tipografía formara parte del sentido, y no fuera un mero soporte.
El poeta asesinado
En 1916 publicó El poeta asesinado, una novela que trata sobre un poeta llamado Croniamantal, ultimado en París en medio de una persecución contra la poesía. Es una obra que mezcla humor, crítica y una reflexión amarga sobre el papel del poeta en la sociedad. Croniamantal, como tantos creadores, es primero martirizado y luego elevado a genio. Apollinaire escribió esta novela mientras combatía en la Primera Guerra Mundial, en la que se alistó voluntariamente para conseguir la nacionalidad francesa. La figura del personaje Croniamantal tuvo que haber influido a Augusto Monterroso, gran lector, para escribir su fábula «La oveja negra» (1969).
La guerra y la muerte
Apollinaire combatió en Verdún y fue herido en la cabeza por metralla en 1916. La herida lo debilitó, y cuando la epidemia de gripe española azotó París en 1918, no pudo resistir. Murió el 9 de noviembre de ese año, dos días antes del armisticio que ponía fin a la guerra. Fue declarado Mort pour la France, una distinción póstuma por su participación en el conflicto.
La influencia en América Latina: Luis Cardoza y Aragón y Vicente Huidobro
La influencia de Apollinaire trascendió las fronteras de Francia y llegó con fuerza a América Latina. Uno de los primeros en reconocer su importancia fue el poeta y crítico de arte guatemalteco Luis Cardoza y Aragón. En su extenso libro de memorias El Río, Cardoza confiesa abiertamente la deuda que su generación contrajo con el poeta francés. Esta influencia se manifiesta en sus dos primeros poemarios, Maelstrom y Luna Park, publicados en los años veinte.
Cardoza y Aragón, además de poeta, fue un agudo crítico de arte, y supo ver en Apollinaire una figura bisagra, un punto de inflexión entre las vanguardias y, al mismo tiempo, un rompimiento radical con la tradición. En sus escritos críticos, Cardoza subraya que Apollinaire recomendaba a las nuevas generaciones romper con Charles Baudelaire, una afirmación que en su momento resultó provocadora. No se trataba de negar al padre del simbolismo, sino de liberar a la poesía de sus ataduras para que pudiera volar hacia territorios inexplorados. Para Cardoza, Apollinaire no era solo un poeta, sino un catalizador de la modernidad.
La influencia de Apollinaire encontró en el poeta chileno Vicente Huidobro a uno de sus más entusiastas seguidores. Huidobro llegó a París en 1916 y trabó amistad con Apollinaire, colaborando con él en la influyente revista literaria Nord-Sud. Este encuentro fue decisivo para la gestación del Creacionismo, movimiento vanguardista que Huidobro fundaría y que revolucionaría la poesía en español.
La influencia de Apollinaire en Huidobro se percibe en múltiples niveles. El chileno adoptó la supresión de los signos de puntuación, una innovación que, como se sabe, fue iniciada por Mallarmé pero que Apollinaire llevó a sus últimas consecuencias. También asimiló la noción de que el poema debía ser una «totalidad lírica independiente», una obra creada en todas sus partes y no meramente descriptivo o explicativo.
La huella de Apollinaire es particularmente visible en Horizon carré (1917), el libro con el que Huidobro hizo su presentación definitiva en la escena vanguardista parisina. Esta obra, publicada en francés y con ilustraciones de Juan Gris, revela una influencia directa del poeta francés, hasta el punto de que algunos críticos la han calificado de «derivativa». Incluso el poema «Paysage», incluido en este libro, se presenta como un caligrama, siguiendo el modelo del propio Apollinaire.
Pero la influencia no fue solo formal. Apollinaire había hablado de la obra de arte como una «creación», como algo que el artista hace nacer, y esta idea resonó profundamente en Huidobro, que la incorporó a su doctrina creacionista. El chileno llevó estas teorías a España, donde en 1921 dio una conferencia en el Ateneo de Madrid que influyó decisivamente en la formación del Ultraísmo, el movimiento vanguardista español.
Traductores y difusión en el mundo hispanohablante
La obra de Apollinaire ha sido traducida al español por destacados poetas y escritores en España. Donde el conocimiento de Apollinaire llegó de la mano del poeta chileno Vicente Huidobro y del escritor y traductor Rafael Cansinos Assens, que fueron dos de los principales introductores de los movimientos de vanguardia europeos. El poeta Guillermo de Torre fue de los primeros en traducir a Apollinaire: en 1919 publicó el cuento «El guía» en la revista Cervantes y el poema «Sollozos» en la revista Grecia.
En América Latina, en el siglo pasado, la obra de Apollinaire fue traducida y difundida por poetas como Marco Antonio Campos y el premio Nobel Octavio Paz. El poeta chileno Braulio Arenas realizó una traducción del poema «Zone» que fue publicada en la revista Árbol de letras en 1968. El poeta y traductor Rodolfo Alonso publicó en Buenos Aires, en 1980, una antología titulada El mundo de Guillaume Apollinaire, que incluía una selección y traducción de textos del poeta francés. Ese mismo año, el argentino Federico Gorbea publicó su Poesía completa de Apollinaire en la editorial Ediciones 29.
Apollinaire murió a los 38 años, pero en menos de dos décadas transformó la poesía, el arte y la crítica. Fue el puente entre el simbolismo y el surrealismo, el teórico del cubismo. Su legado es inmenso: sin él, el arte del siglo XX no se entiende.
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