José Ramón Andrés Puerta lleva alimento y esperanza a lugares donde ha habido desastres naturales y guerras.
Hay historias que parecen salir al encuentro de quien debe relatarlas. Este es el caso de José, cocinero del mundo, el libro en el que David Unger (Guatemala, 1950) le cuenta a niños y grandes, parte de la vida y obra del chef español José Ramón Andrés Puerta (Asturias, España, 1969), conocido como José Andrés. Se trata nada más menos que del famoso cocinero que luego de ser reconocido como uno de los más talentosos del orbe, haber creado un imperio empresarial y obtenido un sinfín de galardones, decidió saciar el hambre de quienes experimentan tragedias en el mundo.

Unger, quien se identifica como guategringo, por haber nacido en Guatemala y vivido más de 60 años en Estados Unidos, contó a los asistentes a la presentación de su libro en la Filgua, que él ya sabía de José Andrés, antes de pensar en contar su historia. No solo había tenido la oportunidad de comer en su restaurante Jaleo, que se encuentra en Washington, sino, sobre todo, ya lo admiraba por el trabajo benéfico que realiza con su fundación World Center Kitchen. Sin embargo, la nueva aventura literaria del escritor, que en 2014 fue galardonado como Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, comenzó con una propuesta hecha por su amigo Mauricio Velásquez.

En entrevista con eP Investiga, el escritor explicó: “Mauricio es un mexicano que lleva como 25 años viviendo en los Estados Unidos y tiene una pequeña editorial de libros infantiles en inglés. Es nieto de Josefina Velásquez que fue la primera mujer mexicana en publicar un libro de cocina”.
“Mauricio conoce mi trayectoria como escritor y me dijo, ‘David, obviamente sé que escribes novelas y cuentos, pero ¿te interesa escribir un libro de no ficción?’. Me puse a pensar que como él edita libros para patojos el tema sería algo así como de dinosaurios, ballenas y no sé… la verdad es que no me interesaba mucho el género. No estaba muy convencido, pero le pregunté: ‘¿de qué se trata?’, y él me preguntó: ‘¿conoces a José Ramón Andrés Puerta?, yo quisiera publicar un libro sobre él’, inmediatamente acepté.”, relata.



El escritor David Unger, durante la presentación de su libro José, cocinero del mundo, en Filgua 2025.
Claves y coincidencias
Más allá de datos biográficos, en el trabajo investigativo que Unger emprendió se encontró con hechos que de alguna manera explican cómo José Andrés se formó como un ser solidario. “La investigación me llevó a unas pautas muy importantes en la vida de él. Lo que encontré, desde el inicio, fue que los dos padres de José Andrés eran enfermeros que trabajaban en un hospital y cuando él era un patojo, los acompañaba y se daba cuenta de cómo médicos y enfermeros ayudaban a sanar a la gente, no solo físicamente, sino dándoles esperanza de que iban a sobrevivir sus enfermedades… se dio cuenta que había maneras grandes y pequeñas para mejorar la vida de las personas”, asegura.
En su pesquisa, Unger encontró, además, un punto de identificación con José Andrés. “La cocina era su cuarto favorito”, refiere el escritor acerca del entonces futuro cocinero. David señaló que comprende perfectamente ese sentimiento, porque él mismo experimentó algo parecido cuando era niño. “Algunos saben que mis padres tuvieron un restaurante en Guatemala que se llamaba La Casita. Se decía que en los años 50 era el restaurante más importante de Guatemala. Creo que había muy pocos restaurantes, para ser honesto con ustedes. Nosotros vivíamos en el segundo piso y el restaurante estaba en el primer nivel. Yo, como tenía tres o cuatro años, pasaba la mayoría del tiempo en el restaurante, menos en la noche cuando tenía que subir. Yo escribí un cuento infantil que se llama La Casita”, comenta Unger, con lo que hace notar lo importante que fueron esas vivencias para él.
“Yo entendía muy bien esa pasión que tenía José Andrés de estar en la cocina y de sentir todos los olores que surgen de ese espacio: el azafrán, el orégano, las especias maravillosas que dan vida a la comida”, refirió el autor.
En el caso del pequeño José Andrés, según relata el escritor, comenzó a querer involucrarse en la cocina desde los tres años, gracias también, al ejemplo de sus padres. Su padre le decía que podía ayudarlos a rebanar zanahorias y con otras tareas, pero él quería cocinar. “Él se daba cuenta, especialmente los fines de semana, cuando los padres no trabajaban, que el padre hacía una paella enorme e invitaba a todos los vecinos a la casa. Mientras el papá cocinaba, la madre lo ayudaba. Venían los vecinos, se ponían a bailar, a cantar, obviamente a beber un poco de vino y a disfrutar de la vida. Y ese recuerdo lo mantuvo él en mente. Cuando tenía cinco años él estaba convencido que quería ser un cocinero”, aseguró David.
Uno de los consejos que el padre de José Andrés le dio cuando era niño y que David destaca en su escrito, fue el de “aprender a controlar el fuego”, porque “no solo es cuestión de intentar seguir recetas, sino también de saber cómo cocinar”.
Durante la presentación que Unger hizo, contó también cómo José Andrés comenzó a trazar su camino a muy temprana edad. “A los 15 años decidió irse solo a una escuela de cocina. Hizo el aprendizaje en Barcelona y tenía como 18 años cuando fue contratado para cocinar en un restaurante que se volvió el más famoso de todo el mundo, El bulli”. En ese lugar, que fue cinco veces reconocido como el mejor del mundo entre 2002 y 2009, estuvo bajo las órdenes del famoso chef Ferran Adrià. En ese emblemático local, José Andrés trabajó por año y medio. Posteriormente, se trasladó a Nueva York y laboró en restaurantes de esa ciudad. Luego llegó a Washington y fundó Jaleo, con el que introdujo la cultura de las tapas al ámbito culinario estadounidense. “Lo que a él le gustaba de las tapas es que la gente comía conjuntamente en una mesa grande. Como se hace en los pueblos de Guatemala”, refirió Unger.
El éxito y los galardones llegaron para José Andrés, pero eso no impidió que se diera cuenta de las necesidades que lo rodeaban. Por esa razón, además de su trabajo en sus propios restaurantes, dos días a la semana acudía a cocinar y servir a los necesitados en comedores de beneficencia en Washington.
Las tragedias y la solidaridad en acción
Si bien, José Andrés ya estaba embarcado en obras de beneficencia, en 2010, un terrible terremoto en Haití fue el inicio de la que es, hasta ahora, su gran obra solidaria. “Vio las imágenes en la televisión y dijo ‘no me puedo quedar aquí sentado viendo esta tragedia. Yo soy cocinero y tengo experiencia en cocinar para gente necesitada’. Entonces llamó a varios amigos y con un tono algo fuerte los obligó a que lo acompañaran a Haití. Alquiló un espacio en un avión para sus estufas y la comida, porque no había comida accesible en Haití en ese entonces”. Llegó con sus equipos a ese lugar, dispuesto a alimentar a los necesitados. Pero ahí, le esperaban nuevas lecciones.
“Él hacía los frijoles al estilo español y a los haitianos no les gustaban así”, relata Unger. Como ha declarado el escritor en otras entrevistas a medios internacionales, en Haití una aldeana le explicó que ellos se comían los frijoles colados, no enteros y los sazonaban de diferente manera. “Se dio cuenta que él no podía imponer su cocina en los países que él visitaba donde había una tragedia, él se tenía que adaptar al país o a la situación. Era muy importante ser muy flexible”.
Según los hallazgos de Unger, hasta ahora, la World Center Kitchen ha ofrecido más de 800 millones de comidas gratis a sobrevivientes de tragedias que van desde el huracán María que afectó a Puerto Rico, la guerra entre Ucrania y Rusia hasta la erupción del volcán de Fuego en Guatemala. Precisamente en este país, a José Andrés le esperaba otra lección y fue la de la importancia de involucrar a las comunidades a las que sirve “No solamente podía contar con personas del pueblo como ayudantes en la cocina sino, también con gente que podía cosechar la comida y hacer llegar la comida a la gente más necesitada. Y eso fue una de las lecciones más importantes”, refiere el autor.
Unger destaca cómo los valores inculcados en la infancia de José Andrés se han traducido en su ser solidario. “Él tenía el recuerdo de cómo era la vida en su aldea, como la comida podía volver a la gente feliz y cómo ser solidario uno con el otro. No ser individualista. Todas esas acciones que eran muy importantes para él y fortalecieron mucho el trabajo que él hizo”, anota.
“Su ONG ahora recauda millones de dólares y él podría pasar en su casa muy feliz recibiendo premios y trofeos, pero no, siguió trabajando. Durante la pandemia de covid-19, fue a Nuevo México donde hay tribus de poblaciones indígenas de los Estados Unidos que han sido muy maltratadas por los gobiernos norteamericanos por cientos de años. Viven en zonas muy aisladas, lejos de hospitales, lejos de acceso a comida y él fue a estos lugares y les dio a comer a esta gente muy necesitada”. Además, en Nueva York, donde debido a la pandemia murieron más de 100 mil personas, “José Andrés, fue a los hospitales y puso a su gente a cocinar para los doctores y las enfermeras porque estaban trabajando turnos de 12 horas constantes sin cesar para tratar de mantener a la gente viva. Después de esas 12 horas podían bajar y comer en cualquier momento libre. Hizo eso por meses”, enfatizó Unger.
Siendo como es un libro infantil el que David Unger presenta, al escritor le parece importante hacer notar, que como él dice: “Es un héroe. Porque hablamos de beisbolistas, cantantes, actores y escritores como héroes, pero este es un tipo que sí se puso a trabajar”.
“Cuando Rusia invadió a Ucrania, antes de siete días él estaba ahí cocinando para la gente. Los hombres y las mujeres ucranianos fueron como soldados a luchar, pero él agarró a los adolescentes y a las mujeres que se quedaban sin luchar para que lo ayudaran a preparar comida”, relata.
La misión y sus sacrificios
Unger cuenta que “también está en Gaza, desde que Hamás atacó a Israel y la reacción de Israel fue exageradamente fuerte y sigue siéndolo, porque hay que decir las cosas tal como son”, indica Unger. “Él fue a Palestina en Gaza y estuvo trabajando y seis de sus ayudantes murieron por las bombas”, contó Unger en la presentación. Esa situación hizo que los palestinos esperaran que José Andrés hiciera un comentario en contra de Israel, pero, aunque sí habló de la muerte de sus colaboradores, no dijo nada más, porque, según refiere Unger, “su papel es darle de comer a la gente. Esa es su principal objetivo en la vida. Yo lo admiro mucho por eso”, enfatizó.
El libro es ilustrado por Marta Álvarez Miguéns, quien según comenta, Unger, puso un gran empeño en trasladar a imágenes los episodios que se cuentan y hacerlo fácil de comprender a los niños desde los seis años. Ella, además, nació en un poblado muy cercano al lugar de nacimiento de José Andrés, por lo que le logró recrear con más precisión los ambientes que se describen.
El libro, que Unger ha presentado en escuelas en Nueva York y México también llevó al escritor a escuelas de Guatemala, como parte de sus actividades en Filgua. Acerca de esa experiencia en los establecimientos guatemaltecos compartió: “Fui a dos escuelas. La reacción de los patojos es increíble. En las escuelas públicas y escuelas parroquiales, los patojos de nueve, diez y once años tienen una conciencia que me dejó mudo. Entienden perfectamente el papel de este libro y de qué se trata el papel que ha jugado José Andrés”, añadió.
Señala que, el libro, además del relato de la vida y obra del chef, tiene también el objetivo de inspirar. “Busca hablar con los patojos para que cuando estén pensando en qué carrera tienen que seguir, si quieren ser arquitectos, cocineros o lo que sea, deben estar conscientes de que lo que estén haciendo sea para mejorar este mundo”.
Indica que es importante que los niños enfoquen su admiración en personajes que hacen bien al mundo. “No tengo que decirles cuál es la situación aquí en Guatemala, pero es importante que los patojos sientan una esperanza y que se apunten a mejorar este mundo y que tomen como un ejemplo no a Donald Trump, no Benjamín Netanyahu o a Vladimir Putin, sino a alguien que está poniendo todo su corazón a mejorar este mundo”.
El libro fue publicado originalmente en inglés por Penguin Random House y posteriormente fue traducido por Unger al español para Ediciones Castillo.
Unger señala que, hasta la fecha, según sabe, se han vendido más de 20 mil copias de su libro en inglés y ha sido traducido al español, catalán y chino, entre otros idiomas. Por el momento en Guatemala aún no existen acuerdos comerciales con Ediciones Castillo para su distribución, pero en Amazon puede adquirirse la versión de tapa dura bajo el título José alimenta al mundo.

Añade que no ha tenido la oportunidad de conocer personalmente a José, y que el mismo mes cuando se publicó su libro en Estados Unidos, se dio a conocer también un libro con un sello del propio Andrés Puerta que se llama Un plato de esperanza. “En algún momento tratamos de ponernos en contacto con él para ver si él se interesaba en el libro, pero creo que no le llegó esa petición a él directamente, porque está rodeado de mucha gente”, añadió el escritor. Indica que él también intentó acercarse a través de una feria internacional, pero que José Andrés se mantiene constantemente en movimiento”.
Los próximos pasos
David Unger tiene otros títulos dedicados los niños también incluye La Casita (2012) y Dormir con la luz encendida (2023). En el primero relata la odisea que como niño vivió al tener que irse de Guatemala y adaptarse a Estados Unidos. En el segundo, cuenta cómo vivió él las circunstancias que obligaron a esa salida del país.
El también autor de novelas como El precio de la fuga y El Manipulador, además de cuentos como los contenidos en Ni chicha ni limonada, entre otros, explica que vive una etapa en la que quiere concentrarse en su familia. “No tengo otra novela, entonces estoy escribiendo cuentos, ensayos y libros infantiles. Pero, en los últimos nueve años, desde que publiqué El Manipulador, no he encontrado algún pretexto para apartar tres o cuatro años de mi vida para escribir una novela. Ya soy un hombre de mayor edad, tengo nietos, los quiero gozar”, asegura.
A pesar de esa pausa en su producción de novelas, el también traductor y representante internacional de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, pronto presentará una nueva traducción de su obra Para mí eres divina, que fue la obra elegida por él para ser publicada cuando en 2014 ganó el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias. “Esta nueva traducción de Denise Phé Funchal se publicará en agosto, con F&G Editores. Me hace ilusión porque es más guatemalteca, más sabrosa. La anterior se hizo en México y tiene muchos mexicanismos, no es lo mismo”, expresa, el autor, quien afirma que tiene también ya al menos ocho cuentos, pero espera reunir más para realizar una nueva publicación.
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