Escribir y hablar sobre Enrique Noriega (nació en 1948) como poeta, hijo de Enrique Augusto Noriega, —-quien perteneció a la importante generación del cuarenta, me refiero al padre— sería suficiente, pero se dejaría fuera su valioso trabajo como tallerista, editor, gestor cultural, y antologista: Por su creación literaria le fue otorgado el premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, año 2010.
Como tallerista influyó en muchos escritores para que encontraran su camino. Como editor por la publicación de libros con su propio sello “Ediciones del Cadejo” que responde al apodo que años antes le puso a Marco Antonio Flores, porque no bebía pero acompañaba a los amigos bolos del grupo que formaron en torno a la literatura y a otras expresiones artísticas, que Flores describe en la novela “Los muchachos de antes”, o en La Tipografía Nacional, en donde desarrolló una extraordinaria labor, escogiendo y editando obras importantes de la literatura guatemalteca, o en otras dependencias y editoriales.
Como gestor cultural por la organización y difusión de eventos, a título personal o como encargado de la Unidad de Fomento del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura y Deportes, cargo con el que ha sido colaborador y asesor para algunas de las obras de Editorial Cultura. Como autor de antologías por los valiosos libros que ha realizado. Sin embargo dada la extensión que tengo para escribir este texto, explicaré de tres de sus “travesuras” literarias, que en lo personal me relacionan con él, y otra, la cuarta, en la que no tengo ninguna participación.
La primera se sitúa en el año 1990, cuando fui nombrado director de la asesoría jurídica del Ministerio de Cultura y Deportes, pero mi cargo, como lo manifestó en una ocasión Marta Regina de Fashen, exministra, fue mucho más allá, porque en ese año, entre otros oficios, en dicha dependencia, fui miembro del primer Consejo Asesor de la Editorial Cultura, cuya primera publicación fue la novela “Bajo la Fuente” del escritor y dramaturgo Manuel Corleto, ya fallecido. El caso es que un grupo de sindicalistas se oponían para que el nombre de Juan Fernando Cifuentes apareciera como encargado de dicha editorial en una colección de publicaciones que con el nombre de “Estuche” realizó Noriega, pero si aceptaron que otros nombres aparecieran. Dicha colección se hizo en papel kraft, de 60 gramos, con un estuche de cartón ship calibre 18, con el nombre de Poesía Guatemalteca Siglo XX, serie Antonio Brañas. En la colección apareció mi nombre junto al de Maria del Carmen Pellecer, Luis Alfredo Arango y Cifuentes, como Consejo Editorial, creado “de hecho”, que se convirtió posteriormente en el primero como lo indiqué antes.
En esa colección, –cada folleto no pasó de 30 hojas sueltas, dentro de un empaque –, se publicó poesía de los siguientes autores (incluyo el título de sus obras): Luis Eduardo Rivera,” Las voces y los días”; Rafael Gutiérrez, “Epigramas a Angélica”; Edgar Gutiérrez, “Para concluir su hechizo”; Aída Toledo, “Brutal batalla de silencios”; Francisco Nájera, “Su cuerpo, las palabras”; Sergio Morales, “Fósiles y otros restos”; Violeta Blanco, “Sueños Paloma”; Mario Roberto Morales, “Epigramas”; Méndez Vides, “Recuento de Batallas”. Antonio Brañas, “Poesía escogida”.
La segunda travesura es la siguiente: corrían los primeros meses de la administración, como ministro de Cultura, del poeta Iván Barrera, año 1993, del siglo pasado, cuando Enrique Noriega llegó a mi oficina profesional y me pidió que lo acompañara para hacer una grabación. No me dijo a donde y a quién. Al llegar al sitio, que tenía un estudio forrado con cajas de huevo, me pidió que leyera las narraciones contenidas en uno de mis libros. Él lo llevó. Al terminar de leer, la persona que hizo la grabación le indicó a Noriega que había salido bien, y que se podía continuar con las siguientes grabaciones.
Todas llevaron como título “El autor. Voz viva”. En la parte de atrás de cada casete se puso la fecha de nacimiento del escritor y el título de algunas de sus obras. En ese momento me enteré que la grabación había sido de prueba, y que yo serví de » conejillo de indias». Fue el primer casete con el que se inició el mencionado programa de grabaciones, por las que escritores guatemaltecos leyeron parte de su obra. Grabaciones que se hicieron en distintas fechas. Fue parte del trabajo del que se conoció como “Comité Central Permanente de Muestras”–, creado en esa época—Se grabó, en cada ocasión, a un escritor leyendo parte de su obra, en poesía o en narrativa, (de algunos se hicieron dos casetes, uno de cada género) de los siguientes autores: Arturo Arias, Mario Monteforte Toledo, Augusto Monterroso, Luz Méndez de la Vega, Delia Quiñónez, Luis Alfredo Arango, Francisco Morales Santos, José Luis Villatoro, Francisco Albizurez Palma, Luis Eduardo Rivera, Méndez Vides, Margarita Carrera, Víctor Muñoz, Luis Eduardo Rivera, Dante Liano, Marco Antonio Flores, Carmen Matute, Otto Raúl González, Luis Aceituno, Mario Roberto Morales, Agusto Enrique Noriega, Iván Barrera, Julio Fausto Aguilera, José Luis Villatoro, Carlos Paniagua, Alfonso Enrique Barrientos, Francisco Nájera, Aida Toledo, Ana María Rodas, Margarita Carrera, Enrique Noriega, William Lemus, Rafael Gutiérrez, Rodrigo Rey Rosa. Desconozco si se grabó a otros autores. Los casetes descritos son los que tengo, en una copia, en mi colección personal.
También se hizo un casete con la voz de Miguel Ángel Asturias, quien ya había muerto, que Noriega tomó, creo, de un disco que se grabó en años anteriores. Lo valioso de estos casetes es que se escucha a los propios autores leyendo parte de su obra. Algunos fallecieron años después. Ya pasaron 33 años desde que se hicieron esas grabaciones, por eso son valiosas. Desconozco cuál fue el número de casetes de cada una. Tengo entendido que Noriega ya las pasó a otras plataformas de difusión.
Cuando estuve en el cargo de director del Patrimonio Documental y Bibliográfico, presenté a Quique con don Rafael Montoya, encargado de la sección de no videntes de la Biblioteca Nacional Luis Cardoza y Aragón, quien le ofreció la tecnología que ellos tienen para esos traslados, pero no si se realizó o no.
El tercer hecho del que escribo es el relacionado con una Antología del Cuento guatemalteco del siglo XX, que fue parte de los cuatro libros de la colección presidencial que lleva el título de “Colección Guatemala”, una edición primorosa, de lujo, 1000 ejemplares, que Noriega realizó en el 2015, con el sello de Editorial Cultura, en el que me incluyó entre los autores seleccionados.
Los créditos de la edición son los siguientes: Alejandro Maldonado Aguirre, presidente de la República. Ana Maria Rodas, Ministra de Cultura y Deportes, Claudia Maria Ciudad Real de Melville, Viceministra de Cultura. Jacobo Nitsch Velasquez, Director General de las Artes. Francisco Morales Santos, Editorial Cultura. Consejo asesor: Dante Liano, Luis Eduardo Rivera, Luis Aceituno, Méndez Vides, Enrique Noriega. Diseño de portada. Wingston Gonzalez. Prólogo. Dante Liano. Los autores incluidos son: Rafael Arévalo Martínez, Alfredo Balsells Rivera, Francisco Méndez, Mario Monteforte Toledo, Virgilio Rodríguez Macal, Ricardo Estrada, Augusto Monterroso, Alfonso Enrique Barrientos, José María López Baldizón, Luis Alfredo Arango, Marco Antonio Flores, Ana María Rodas, Luis De Lión, Dante Liano, Luis Eduardo Rivera, Víctor Muñoz, Max Araujo, Franz Galich, Aida Toledo, Méndez Vides, Luis Aceituno y Rodrigo Rey Rosa.
Y la última de las travesuras de Noriega, que comparto en este texto de memorias y anécdotas, se refiere a la colección “Bicentenario Guatemala 1921-2021” que se publicó, 1000 ejemplares, papel bond beige de 75 g. con los sellos de Gobierno de Guatemala, Ministerio de Cultura y Deportes y Bantrab, y su nombre solo aparece como autor de uno de los libros que lleva el nombre de “La independencia. Su bicentenario (1821-2021)”, 311 páginas.
Fue público que él colaboró y que fue uno de los principales asesores, juntamente con Paco Morales Santos, en la selección de las obras y de los autores publicados. Todos los libros tienen portadas y contraportadas en color azul, con letras blancas y dibujos del mismo color. Para su presentación se elaboró una caja del mismo color, tipo estuche, que le sirve de plataforma. Algunos libros estuvieron al cuidado de FyG Editores, otros del equipo de Editorial Cultura, que dirigió Francisco Morales Santos, mencionado antes, entre quienes se encuentran los escritores Martin Diaz, Wingston Gonzalez y Alejanddro Reyes (“ruido”).
Estos datos explican el porqué de la calidad de la colección. Los escritores y obras publicadas son: Popol Vuh” ( traducción de Francisco Ximénez), Rusticatio Mexicana. Rafael Landivar (selección de Francisco Morales Santos, Traducción de Ignacio Loureda), Poesía Periodismo Personaje. María Josefa García Granados (selección de Enrique Noriega). Poesías. José Batres Montufar. Cuadros de costumbres guatemaltecas. José Milla y Vidaurre. El despertar del alma. Enrique Gómez Carrillo. Poesía de Luis Cardoza y Aragón, (selección de Enrique Noriega), La oficina de Paz de Orolandia. Rafael Arévalo Martínez. Romances de la barriada, Manuel José Arce y Valladares. Cuentos. César Brañas (selección de Francisco Morales Santos). El señor Presidente. Miguel Ángel Asturias. El resucitado. José Humberto Hérnandez Cobos (Estudio preliminar de Delia Quiñonez), La oveja negra y demás fábulas. Augusto Monterroso. Antología Personal de poesía. Margarita Carrera. Cuentos de Joyabaj. Francisco Méndez. Cárcel de árboles. Rodrigo Rey Rosa. Sq´aqaw yechel aqanej/ gemido de huellas. Sabino Esteban Francisco. Poemas grises. Isabel de los Ángeles Ruano. Eva y el tiempo. Lorena Flores Moscoso. Esta desnuda playa, Ana María Rodas, y el libro de Noriega mencionado antes.
Tengo claro que cualquier selección y criterios responden a las preferencias y conocimientos de los autores de publicaciones, antologías etc. Siempre se encontrarán omisiones y se harán críticas. En el caso de Enrique Noriega, al igual que de otros antologistas se deben reconocer sus valiosas aportaciones. Entre todos han hecho un corpus de la literatura guatemalteca.
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