Fachada de la Biblioteca César Brañas en la zona 3. Foto: DIGEU-USAC
De visita a casas de amigos, de conocidos o por casualidad, uno descubre que no solo son un hogar sino también centros culturales. Me acaba de suceder cuando fui invitado a la casa de la familia de la escritora y poeta Brenda Solís Fong, ubicada en el condominio Los Manantiales, en carretera a San José Pinula. Es un pequeño museo y punto de reunión de escritores y músicos, sobre todo, del oriente del país. Mi afirmación se sustenta porque estas residencias tienen una biblioteca valiosa, colecciones de pinturas, esculturas u objetos arqueológicos, o porque fueron o son puntos de encuentro para conversaciones, comidas o cafés entre intelectuales y artistas.
Hay casas que posteriormente, después de la muerte de un personaje, propietario de las mismas, han sido convertidas en centros culturales institucionales, como ejemplos la de Cesar Brañas en la zona 3 y la de Flavio Herrera, en la colonia Mariscal, zona 11. Ambas ubicadas en la ciudad de Guatemala. Son dependencias de la Universidad de San Carlos.

De la lectura de libros de algunos escritores, por textos o por columnas de prensa que he leído, he encontrado ejemplos de viviendas como las mencionadas, independientemente de sus tamaños, decoraciones, ubicaciones o arquitecturas. Por ejemplo en el libro de memorias de doña Blanca Mora y Araujo, esposa de Miguel Ángel Asturias, me entero de las visitas y comidas que cada semana ofrecían a intelectuales, artistas, gestores culturales, o a grupos de amigos (as), primero en su casa de Buenos Aires y posteriormente de Paris. De la misma forma he leído sobre los encuentros constantes, con cenas o reuniones, que se tenían en las casas de Luis Cardoza y Aragón, de Gabriel García Márquez y de María Asúnsolo, de la ciudad de México. Aclaro que eran grupos distintos en cada vivienda, no relacionados entre sí, y que no siempre eran los mismos asistentes. Lo mismo sucedió a principios del siglo XX cuando la presencia en la casa de Gertrude Stein, en París, era un acto de consagración para escritores y pintores que vivieron parte de la Belle Époque en esa ciudad.
De entre los callejones de mi memoria describo con más detalle sobre cinco casas de la ciudad de Guatemala y menciono de paso otras viviendas. De la primera recuerdo con nostalgia las reuniones, que en los años noventa, en momentos entrañables, mantuvimos en la vivienda de Francisco Morales Santos e Isabel Ruiz, en la zona 3, Barrio Santa Marte. Esta casa todavía conserva una colección de pinturas de Isabel y la biblioteca de Paco, así como los estudios de ambos. Visitarla es volver a vivir aquella época. Otra de las viviendas, en los mismos años, que recuerdo con cariño es la de Luis Alfredo Arango, en la colonia Tikal, zona 7, en la que el pequeño estudio de este literato se convirtió en un epicentro de encuentros y de aprendizajes sobre los oficios de poetas, narradores y artistas de la plástica.
Y que decir la casa de Carlos René García Escobar, estudioso de culturas populares, en la colonia La Florida, zona 19, en la que cada 23 de diciembre, fecha del cumpleaños del anfitrión, se presentaba un grupo de baile de moros de la Aldea lo de Bran. Nos agasajaban con deliciosos platos de pinol, comida declarada patrimonio cultural de Guatemala, identitario de municipios como San Raymundo, en donde cada año, a principios de septiembre se celebra un festival dedicado a ese plato prehispánico y ceremonial, elaborado a base de maíz, de carnes y con otros condimentos. El cumpleañero lo acompañaba con “cuxa” y otras bebidas espirituosas, que servían a los invitados. Llegar a su casa en esa fecha fue visita obligatoria para muchos de sus amigos. Pero además, fue una vivienda de encuentro constantes; ocasiones en las que se componía el mundo.
De este recorrido por mis recuerdos no puedo dejar de incluir la vivienda del padre Ramón Adán Stürtze (Víctor Pabsch) en la colonia El Amparo, Península de Bethania, zona 7, en la que, por tardes y noches, de la década de los ochenta, entre literatura y nuestro sueño por construir un mundo mejor, iniciamos la aventura de los “Módulos de Esperanza”. Asistían personajes de nuestro mundo cultural
La otra casa que incluyo en este ejercicio de memoria es la de Irina Darle; un pequeño museo, situada en la Colonia El Sauce, de la zona 2, en la que también, en la misma década del siglo pasado, en nuestras conversaciones con ella, con Luis Alfredo Arango, Amable Sánchez y Víctor Pabsch, conocimos de la vida de grandes de España, ya que en la memoria privilegiada de la anfitriona desfilaban, entre otros, Salvador Dali, Luis Rosales y Ana María Matute, con quienes compartió, en su juventud, en ese reino.
Podría incluir en este recorrido de recuerdos las viviendas de Hugo Cerezo, en La Antigua Guatemala, en la que él entregaba la Orden del Chile Verde; galardón del que he contado en otros textos, o de las casas de Juan Fernando Cifuentes, en la zona 15, la del estudio del maestro Galeotti Torres en la zona 5, la casa Museo de doña Odette Arzú, en la zona 14, la de Carmen Matute y su esposo Carlos, en la zona 12 , la de Luz Méndez de la Vega y Mario Alberto Carrera, en la zona 10, así como de las distintas casas en las que vivió Mario Monteforte Toledo, del apartamento de Tasso Hadjidoduo en el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala, del hogar de Carolina Escobar Sarti en la zona 15, o de las viviendas de algunos de los embajadores de España y México en Guatemala.
De todos ellos tendría que destacar su excelente don de ser anfitrionía, independientemente que algunas casas las conocí ya en el siglo XXI, sin embargo, quise destacar en este texto las cinco viviendas que escuetamente describí en este texto porque fueron muchas las veces que las visité, y porque compartí en las mismas, en varias ocasiones, con intelectuales, escritores y artistas de Guatemala y del extranjero. Como olvidar de entre ellos a quienes traté en distintas casas, incluyendo residencias de embajadores los embajadores indicados, a personajes originarios de otros países como José Balza, Carlos Fuentes, Teodoro González, José Luis Cuevas, Eraclio Zepeda, Eduardo Liendo, Denzil Romero, Roberto Sosa, Ernesto Cardenal, Manlio Argueta, Rogelio Sinan, Carlos Montemayor, Hugo Lindo, Manuel Vásquez Montalbán, , Fernando Sánchez Drago, José Agustín, entre muchos más, pero también porque pude ver el desarrollo de obras literarias o de obras de la plástica, o porque fueron para mi centros de aprendizaje. Sus residentes y sus visitantes se convirtieron en maestros. Por ellos conocí diversos temas de cultura y de la vida.
Estoy seguro que todos los que nos dedicamos a asuntos de arte tenemos ejemplos de casas que son o han sido centros de cultura y de los momentos que en las mismas hemos compartido con personas y personajes del arte y de otras expresiones de cultura. No debemos olvidar, e incluso promover, que en los exteriores de muchas de esas viviendas se pongan placas conmemorativas, sobre quienes nacieron o vivieron ahí, para que se preserven para la historia, como se hace en otros países.
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