Ernesto Boesche Rizo: el triunfo del talento y la perseverancia

El artista que en 2024 fue galardonado con el Premio Carlos Mérida, se convierte ahora en el primer centroamericano en recibir el Premio Internacional Leonardo da Vinci, otorgado por el Consejo Internacional de las Artes (CIA) de las Naciones Unidas de las Artes.

Ana Lucía Mendizábal

abril 27, 2025 - Actualizado abril 25, 2025

Ernesto Boesche Rizo se ha destacado, durante más de seis decenios, por la versatilidad de su obra y por su labor docente dentro de las artes. Foto: Ministerio de Cultura y Deportes

La pasión por el arte que Ernesto Boesche Rizo (Baja Verapaz, 1936) descubrió a temprana edad lo ha llevado no solo a crear una gran variedad de piezas artísticas con distintos formatos y técnicas, sino también a inspirar a miles de alumnos y colegas. Es precisamente esa fusión que se da entre su faceta de creador y la de docente la que lo hizo acreedor al Premio Internacional Leonardo Da Vinci, que anualmente otorga el Consejo Internacional de las Artes (CIA) de las Naciones Unidas de las Artes y Ciencias (UNOTA, por sus siglas en inglés).

Ernesto Boesche es el primer centroamericano en recibir la distinción internacional. Foto: Ministerio de Cultura y Deportes.

El galardón distingue a artistas, inventores, pensadores, educadores e investigadores del mundo de las artes plásticas que se constituyen como inspiración. Y quienes conocen al maestro Boesche, pueden constatar que merece tanto esta como otras distinciones que le han sido otorgadas durante su prolífico trayecto.

Generoso como es, al momento de recibir el galardón, lo dedicó a sus colegas, que como él han dedicado su vida a aportar su talento al mundo del arte.

Los logros tempranos

El artista, que el año pasado fue galardonado con el Premio Carlos Mérida, máxima distinción que otorga el país a un artista de la plástica comenzó sus andanzas por el arte en sus primeros años. Dibujaba y pintaba muy bien, incluso, sin conocimiento de técnicas.

Vieja calle de Salamá hacia el Cerro de la Cruz. Foto: Cortesía Francisco Escobar

Al concluir sus estudios de primaria, se mudó a la ciudad de Guatemala para estudiar primero los básicos y luego magisterio en la Escuela Normal Central de Varones. En 1955 ingresó a la Escuela Nacional de Artes Plásticas en los cursos de dibujo y pintura. Ahí, su talento comenzó a ser reconocido y 1956, gracias a una beca que le otorgaron la Dirección General de Bellas Artes y el Instituto de Cultura Hispánico, tuvo la oportunidad de cursar estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En esta prestigiosa institución vivió un episodio muy significativo y que terminó de confirmarlo en su vocación. Siendo él alumno de los primeros cursos, decidió asistir como oyente a una clase avanzada. En ella se realizaba el retrato de una gitana llamada Natalia Castro. A pesar de no estar inscrito el curso, Ernesto decidió realizar la tarea, junto a los estudiantes que sí estaban asignados. La sorpresa fue que, al finalizar el ejercicio, el maestro al ver su trabajo dijo que era el mejor de todos.  

Natalia Castro, la Gitana, de Ernesto Boesche. Foto: Cortesía Francisco Escobar

Al regresar de España, comenzó a realizar exposiciones y entre 1958 y 1985 se integró como parte del cuerpo docente de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) e incluso, en años posteriores regresó a impartir talleres, cursos o clases. Además, entre 1972 y 2024 tuvo su propia academia en la zona 1. desde 1972 hasta agosto de 2024, tuvo su propia academia de arte en la zona 1. También ha sido docente o docente invitado en entidades de educación superior como la Universidad de San Carlos, la Rafael Landívar y la Mariano Gálvez.

Sin límites

En una entrevista concedida a eP Investiga en septiembre de 2024, refería cómo su ejercicio artístico no ha tenido fronteras. “Yo he querido darme el gusto de pintar y dibujar con muy diferentes técnicas y con distintos temas como la naturaleza, bodegones, paisajes y retratos. También he hecho cuadros creativos, incluyendo los que incluyen la figura humana y algunas ambientaciones que han sido de mi predilección. Algunas cosas que van tirando a lo abstracto en técnicas como óleo y acrílico”, detalla. Ha sido ilustrador, fotógrafo y ha hecho videos.

Vieja Puerta San Jeronimo Baja Verapaz, de Ernesto Boesche. Foto: Cortesía Francisco Escobar

Desde 1971, trabajó en Publicidad Centroamericana, con la dirección del artista español Ramón Ávila. Como ilustrador su trabajo también ha quedado plasmado en libros como la primera edición de El Mundo del Misterio Verde, de Virgilio Rodríguez Macal, (1956) y la edición del libro Pedro K’iché y otros relatos, de Flavio Rojas Lima.

Ha sido investigador cultural, y uno de los trabajos más notorios realizados en esa área es el libro Centenario de la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla 1920-2020, que se publicó en agosto de 2023.

Otra de sus inclinaciones artísticas es la música. En España, Boesche adquirió una armónica de 64 tonos en la cual llegó a ejecutar elaboradas composiciones. Además, mientras cursaba el último año de Magisterio en la Escuela Central Normal para Varones, compuso una melodía infantil.

Boesche no se centra sólo en sus propios logros, también promueve a otros artistas.  Participa en la organización del Certamen Nacional de Pintura de Baja Verapaz, que desde hace algún tiempo lleva su nombre y este año cumple 28 años.

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