La Feria Internacional del Libro de Guatemala es un gran acontecimiento cultural, especialmente para la literatura de nuestro país, por lo que significa para el ecosistema del libro. Hoy día, en la realización de la misma, en fechas previas y posteriores, se realizan eventos: homenajes, talleres, seminarios, entre otros, que hace que se tenga como una gran fiesta, pero también una oportunidad para adquirir distintos saberes.
Conocí de la primera de estas ferias, que se celebró en uno de los salones del Parque de la Industria, cuando siendo asesor del despacho de Otilia Lux de Cotí, el Ministerio de Cultura y Deportes, por sus instrucciones dio un aporte, que, recuerdo fue de treinta mil quetzales, para la organización de esta. Estuve presente en una conversación previa.
En años anteriores a esta primera ocasión, años dos mil, ya se habían celebrado ferias del libro en Guatemala, como la municipal de la ciudad capital, que todavía se realiza. Tuvo su origen en la administración del alcalde Manuel Colom Argueta. Su encargado fue Enrique Augusto Noriega, papá del poeta Enrique Noriega, Premio Nacional de Literatura. Otros antecedentes, no los únicos, son: a) Las ferias departamentales que organiza una asociación que dirige Gustavo Ardiano, propietario de la Librería Marquense, una de estas la de La Antigua Guatemala, que este año cumplió su 38 edición. Se lleva a cabo durante el mes de julio de cada año, en el Parque Central de esa ciudad. b) Las ferias México- Guatemala que en los años noventa se realizaron en las instalaciones del hoy Museo de la Universidad de San Carlos, en la 9 avenida de la zona 1. En cada ocasión se tuvo la presencia de editoriales de México y de nuestro país. c) Los Bazares de libros que bajo la dirección de Jesús Chico, propietario de la cadena de librerías Artemis&Edinter, la Fundación Copronihuac, una entidad formada para la atención de niños huérfanos por el conflicto armando, se realizaron en el Centro Cultural Universitario de la USAC, en la 2a. avenida del Centro Histórico. Estos bazares tuvieron mucho éxito, tanto en la recolección de libros como en la venta. Me consta porque formé parte del comité organizador.
Desde la primera FILGUA cada feria ha sido un éxito, en cuanto a participación de editoriales, libreros e intelectuales. Cada año ha sido mejor que el anterior. Se incorporan nuevos hechos que la mejoran. Uno de ellos, importante, la traslación del lugar a Fórum Majadas. Se terminaron los problemas con la entidad que administra el Parque de la Industria, pero también por el entorno apropiado que da el complejo comercial denominado “Majadas”. Un lugar ligado a mis recuerdos de niñez. Su barranco aledaño y sus sitios baldíos fueron escenarios de algunos de nuestros juegos.
No es cierto, como se ha afirmado, que las primeras ferias contaron con pocos expositores y con pocos asistentes, porque la primera ocasión, año 2000, surgió por un compromiso que un grupo de editores guatemaltecos, agremiados en la Cámara de Industria, adquirieron de organizar una Feria Centroamericana del Libro (FILCEN), con una, ahora inexistente, asociación centroamericana de editores, formada a sugerencia del Centro Regional de Fomento del Libro y la Lectura (CERLAC), cuya sede se encuentra en Bogotá. Esta entidad fue creada por la UNESCO, como uno de los organismos regionales en el mundo relacionados con el libro y la lectura; objetivos que fueron ampliados posteriormente a bibliotecas y Derecho de Autor. Colombia se ofreció a sufragar la mayor parte de los gastos de funcionamiento de dicha entidad. Es por ello por lo que tiene el derecho de proponer quien la preside, dentro de una terna de connacionales que envía a las autoridades de la UNESCO cuando corresponde. En esta entidad internacional se nombra al Director dentro de los propuestos en esa terna. Por años, en el presente siglo, representé a Guatemala en reuniones y asambleas de CERLAC, por nombramientos que me hizo el Ministerio de Cultura y Deportes. Este organismo impulsó la creación del proyecto para la Ley del Libro en Guatemala, emitida en 1989, y colaboró con la emisión de las Políticas Nacionales del Libro, la Lectura y Bibliotecas, entre muchos proyectos nacionales y regionales. Años después propuso otro proyecto de ley para el libro y la lectura, común para toda Iberoamérica, que en el caso de nuestro país sustituirá a la ley vigente. Todavía no ha sido presentada al Congreso de la República.
De la primera FILGUA
El comité organizador lo presidió don Oscar de León Castillo, propietario, en ese entonces, de la Editorial Oscar de León Palacios. Él falleció en el 2012. Fue un ser humano extraordinario, amable, sencillo y noble. Muchos escritores guatemaltecos fueron favorecidos de su generosidad. Él mismo, al igual que su papá, por quien lleva el nombre dicha editorial, fue escritor. En el 2002 ganó el primer lugar en el Certamen Permanente Centroamericano 15 de Septiembre en la rama de cuento, por su obra Los cuentos de abue.
Desconozco cómo fue, y quiénes tomaron la decisión para que simultáneamente con la FILCEN se organizara la primera FILGUA, que de ese año al 2008 fue bianual. A partir de esa ocasión se convirtió en anual.
Siendo la primera feria con expositores de los países centroamericanos, se tuvo una participación exitosa, que se ha repetido en cada ocasión. Desde ese inicio hubo reconocimientos y homenajes a distintas personalidades, así como mesas redondas, presentaciones de libros, formaciones y otros eventos, que le han dado la personalidad que tiene, de no ser solamente venta de libros. La feria desde hace algunos años se dedica a países como invitados, y a personalidades de la cultura, entre estos puedo citar a Irene Piedrasanta, Jesús Chico, Jorge Luján Muñoz y Francisco Pérez de Antón. Este año se dedicó a la guatemalteca-española Marta Casaús Arzú, hija de doña Odette Arzú Castillo, cuyos cuatro tomos de sus memorias, que llevan el título de “Saudades” recomiendo, porque son fascinantes. Escritos con mucha honestidad y veracidad. Una radiografía de Guatemala y de la alta sociedad guatemalteca. Es hermana también de la escritora María Odette Canivell Arzú, quien es catedrática en una universidad de los Estados Unidos, y presidenta de la Editorial La Pepita, sobrenombre de la poeta Josefa García Granados, de una rama familiar ascendiente de las mencionadas.
De mis participaciones en la Feria
Recuerdo que en una de las ferias participé dando una conferencia sobre Derecho de Autor y Derechos Conexos, y en otra se me asignó como encargado de un stand del Registro de la Propiedad Intelectual. Fue una experiencia agradable. Lo atendí desde que se abría hasta que se cerraba. Esto cada día. Conversé con el público y respondí a preguntas. Me asignaron esa labor, previa consulta. Lo acepté gustoso. En esos años tuve un contrato como asesor jurídico en el Departamento de Derecho de Autor del mencionado Registro.
En el primer año de la FILGUA en Fórum Majadas di una explicación a bibliotecarios, como exponente, en una capacitación, sobre las Políticas Nacionales del Libro, la Lectura y Bibliotecas. Las conozco porque fui presidente del congreso respectivo en el que se decidieron y de la comisión que las elaboró.
En otro año, participé en un homenaje que se hizo a Humberto Ak’abal, por la cercanía que tuve con él, ya que conozco de cómo y cuándo surgió a la vida literaria. Se de aspectos de su vida. Como notario hice en 1992, la identificación de su nombre con el que es conocido como literato con el de José Humberto Acabal Ixcamparij; nombre con el que se le inscribió en el Registro Civil de Momostenango. Oficié también su boda civil, en 1996, con Nicole Bieri, de nacionalidad Suiza, con quien procreó a su único hijo. Esos actos y otros relacionados con él se encuentran documentados en mis registros notariales.
En cuanto a actos para la presentación de libros de mi autoría he tenido el privilegio de los siguientes: En el año 2022 de Memorias y anécdotas afables. Personajes e instituciones de la cultura guatemalteca. El acto fue organizado por ADESCA, entidad que juntamente con Morales Santos Editor publicaron el libro. En el 2023 La cultura motor del desarrollo integral. Cuadernos para principiantes. La editorial fue nuevamente Morales Santos Editor, y en el 2024, Derecho de la Cultura publicado por la editorial Nueva Narrativa.
Unas anécdotas para ser contadas. Son parte de la historia de la FILGUA
En el Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado para el año 2017 el Congreso de la República consignó dentro del presupuesto asignado a la Dirección General de las Artes, dependencia del Viceministerio de Cultura, un millón de quetzales para la realización de la Feria Internacional del Libro, “FILGUA”, y una cantidad equivalente para el festival ICARO, de cine. Fue un salto cualitativo y cuantitativo para ambos eventos, ya que en años anteriores fueron los funcionarios que manejaron los presupuestos en el Ministerio de Cultura y Deportes quienes sugirieron a las autoridades respectivas cuánto se destinó para cada año. La dependencia del Ministerio de Cultura encargada de entregar los aportes fue la Editorial Cultura, perteneciente a la estructura de la Dirección General antes indicada. Aclaro que en el año 2008 fue la Presidencia de la República, por medio de la Secretara de Comunicación, a cargo del fallecido periodista Ronaldo Robles, quien se encargó del aporte que se dio para la FILGUA de ese año.
En el primer año de mi gestión como Viceministro de Cultura, año 2016, se aportó para la FILGUA trescientos mil quetzales, porque eso fue lo que estaba destinado en Editorial Cultura. No se pudo cambiar. Dicha cantidad era insuficiente para la realización de la misma, a pesar de contar con otros apoyos que se reciben del arrendamiento por los espacios y por el pago de ingreso a la feria. Los funcionarios de gobierno tienen que respetar los presupuestos y partidas aprobadas. Trasladarlas a otras necesidades o a otros destinos tipifica los delitos de malversación, de órdenes ilegales, de tráfico de influencias, entre otros. Es un abecedario el de los delitos que pueden cometer si no son cuidadosos.
Me imagino de la alegría de los organizadores de la Feria al enterarse que el Congreso de la República, que por esos días presidía el licenciado Mario Taracena, que contaba entre sus asesores al analista, político y escritor Miguel Ángel Sandoval (el zurdo), les había asignado un millón de quetzales. Fue la primera vez que apareció una partida para la FILGUA en el Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado. Gracias a las gestiones del Ministro de ese año, José Luis Chea Urruela, se incrementó además el presupuesto para la Dirección General de las Artes que venía disminuyendo cada año por el aporte constitucional y obligatorio que se aprueba para el Viceministerio del Deporte y la Recreación, en virtud que es un porcentaje del mencionado presupuesto, que cada año aumenta, como se puede verificar en los registros respectivos.
Sucedió que tres meses antes de la fecha de la realización de la FILGUA 2017 llegó a mi despacho Raúl Figueroa Sarti, presidente ese año de la Gremial de Editores. Me manifestó su preocupación porque en la Cámara de Industria le manifestaron que esa entidad no recibiría el dinero para la feria. Ya se había dado algunos problemas con dicha entidad. Bajo su personalidad jurídica hasta ese año se habían realizado las ferias anteriores. La Gremial era parte de dicha Cámara empresarial. Le respondí que era el momento de poner en marcha el proyecto de crear una asociación, desligada de la Cámara de Industria; un proyecto que años atrás habíamos escrito con Irene Piedrasanta. A Raúl le pareció la idea. Se puso en marcha. Constituida la asociación le solicité al contador público, Jaime Haroldo Requena, uno de los asesores del vice despacho, que se encargara de la inscripción, como persona jurídica, en la SAT. Al mismo tiempo sugerí que se realizaran los trámites ante la Contraloría de Cuentas para la cuentadancia respectiva. El resultado fue que en un tiempo prudencial se normalizó la situación legal de la nueva entidad que se encargaría de recibir el millón de quetzales.
Para explicar el porqué de “Asociación”, seguida de la palabra “Gremial”, que parece un contrasentido, la situación es la siguiente: El nombre “Gremial de Editores” ya se había acreditado como organizadora de la feria, siendo que la ley de ONG, en esos años, no prohibía el uso del nombre que se tiene. Por eso, en nuestro proyecto, decidimos con Irene, anteponer la palabra “Asociación”, el resultado es que el nombre de la nueva entidad fue “Asociación Gremial de Editores”, En este año dicho nombre no habría sido aprobado en el Registro de Personas Jurídicas del Ministerio de Gobernación (REPEJU). Hay criterios, más que prohibiciones. Y cuento, como ejemplo un caso similar, que sucedió en México. Leyendo el valioso libro sobre el origen del nombre del “Fondo de Cultura Económica”, escrito por Víctor Díaz Arciniega, con el título de “Historia de la Casa. Fondo de Cultura Económica (1934-1996)”, descubrí que la denominación de esta prestigiosa editorial surgió de una equivocación, ya que en una dependencia del gobierno mexicano se constituyó un “fondo” económico para apoyar la labor editorial de textos sobre temas económicos, de una editorial que se pretendía crear, y así se consignó en una partida presupuestaria, siendo que uno de los fundadores creyó que ese era el nombre de la empresa, y lo inscribió en su momento como nombre identitario, podemos decir comercial, para identificar el trabajo que se empezaba a hacer con la nueva editorial estatal, que desde sus inicios comenzó a editar y publicar libros de distintas áreas, no solo de economía. “Cosas veredes, Sancho amigo”. No solo en Guatemala, pues, se dan casos similares como poner Asociación y Gremial juntos, ya que jurídica y académicamente son distintos. No se entendería sin la explicación que di anteriormente.
Pero los problemas no terminaron con la creación y aprobación de la asociación por las autoridades respectivas de gobierno. Resulta que la Directora Financiera de la Dirección General de las Artes, Licenciada Yasmin García de Lima, me indicó que legalmente no se podía entregar el dinero a la asociación constituida porque en la Ley del Presupuesto de ese año se consignó, -si recuerdo bien-, “para la organización de la Feria Internacional del Libro FILGUA”. Su argumento, que no existía ninguna entidad con ese nombre. Cité a una reunión de varios colaboradores para que analizáramos el caso. Antes de la misma, hice mi análisis. En dicha reunión se me insistió que la administradora tenía razón. Uno de los abogados convocados coincidía con ella. De manera astuta les hice leer el texto, y ellos repitieron en su argumento. Les pedí que lo leyeran otra vez. Y el mismo resultado. Tomé la palabra y les dije, están equivocados, claramente dice “para la organización”, que viene del verbo organizar, por lo que no importa quien sea la entidad organizadora. Si es la Asociación Gremial de Editores la organizadora, a esta se le debe entregar el dinero. La norma no prohíbe hacerlo. Con ese argumento los convencí. Fue así como se trasladó sin ningún problema a la “Asociación Gremial de Editores” el millón de quetzales para la realización de la feria de ese año. Para el año 2018, cuando yo ya no estaba en el cargo, no hubo ningún problema legal puesto que funcionó el mismo presupuesto del 2017. No fue aprobado el correspondiente a ese año. Es una norma presupuestaria para ese tipo de casos.
Para el año 2019 sirvió de base legal para el traslado un Acuerdo Ministerial emitido por el doctor José Luis Chea, exministro de Cultura y Deportes, por el que se estableció el compromiso del Ministerio de destinar un millón de quetzales para la FILGUA. Desconozco cual ha sido la fórmula legal a partir del 2020, pero el caso es que cada año ha aumentado el aporte que el Ministerio traslada para la realización de FILGUA, siendo que este año, 2025, fue de cinco millones, lo que permitió la realización de eventos previos y de la Feria propiamente dicha, así como otros eventos que han sido públicos. Creo que es el caso del exitoso Centroamérica Cuenta y algunas ferias del libro departamentales. Me sujeto a que se me corrija si mi afirmación está equivocada.
La FILGUA es una fiesta que siempre he disfrutado. En años anteriores, no este 2025, pasé horas en su recinto, viendo y comprando libros, tomando café, y conversando con amigos y amigas. Me colé entre los públicos para las presentaciones de libros, mesas redondas y conferencias. No pasé desapercibido en esas ocasiones pues como dice un amigo “sos un escritor de más libras que de libros.”
Uno de los aspectos que me interesa resaltar de la feria de este año es que pude observar, en algunos stands, libros de autores guatemaltecos, “nuevos”, todavía poco conocidos en el mundo de las letras, y de otros que, por razones que ignoro, no son incluidos en la mayoría de estudios sobre nuestras letras como el caso de Fernando Ramos, Francisco Sandoval ( o Franco Sandoval), Carolina Escobar Sarti, Fernando González Davison, María Odette Canivel Arzú, Brenda Solís Fong, Haroldo Requena, Juan Antonio Canel y Gustavo Adolfo Bracamonte y Daniel Alarcón, entre otros, que ya tienen una abundante producción literaria y de calidad. Incluyo a autores de origen maya y a otros que ejercen su oficio en lugares fuera de la ciudad capital. Vi también antologías de cuentistas y de poetas en la que aparecen nuevas voces. Adquirí algunas obras de estos autores.
Mi visita a la FILGUA 2025, me demostró que si hay interés en la compra de libros físicos. -vi a muchas personas hacerlo,- y que la Industria Editorial de Guatemala y de países de Centroamérica se consolida.
Mis felicitaciones y mi agradecimiento a los comités organizadores de cada FILGUA, y a todas las personas y entidades, públicas y privadas, que las han hecho posible.
Dos hechos nada agradables me sucedieron en mi visita el domingo pasado. El primero que siendo una persona de 75 años se me indicó que hiciera cola, un poco larga, en la fila de quienes pagaban su entrada. Al momento de llegar a la taquilla seguí de largo por lo que uno de los guardianes me indicó que no podía pasar hasta que no me registrara. Le indiqué que los adultos estamos exonerados de pago, pero me indicó que sin el registro no me dejaría entrar, pero enseguida cambió de opinión y me permitió hacerlo. Este requisito no se indicó en los anuncios de la feria.
Y el segundo hecho, que fue por mi culpa, perdí la constancia de ingreso al parqueo, por lo que se me indicó al momento del pago que el costo era de cien quetzales. Las tres horas y media la estadía en el recinto principal de la Feria me salió en esa cantidad. Pero ni modo, no hay “hojuelas sin miel”.
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