Romper esquemas también es hacer política

Mariana Rohrmoser

octubre 27, 2026 - Actualizado octubre 27, 2026
Mariana Rohrmoser

Sabido es que Guatemala se aproxima a un nuevo proceso electoral en medio de acontecimientos que nos obligan a reflexionar sobre el país que tenemos y, especialmente, sobre el que deseamos construir.

Frente a ese escenario surge una pregunta inevitable: ¿estamos preparados para hacer política de una manera diferente o continuaremos reproduciendo los mismos esquemas?

Una vez más quisiera dirigir estas palabras a la juventud guatemalteca. A esa generación que tiene ante sí la oportunidad de cuestionar, proponer y participar sin necesidad de esperar a ocupar un cargo público. Recordemos que para hacer política no se requiere exclusivamente pertenecer a un partido o aspirar a una candidatura. Significa también interesarse por los asuntos nacionales, fiscalizar a las autoridades, exigir explicaciones y comprender que el silencio y la indiferencia tienen enormes consecuencias.

En ese sentido, romper esquemas no significa rechazar todo lo anterior por el simple hecho de ser lo mismo, sino por tener la valentía de examinarlo críticamente y cambiar aquello que ha demostrado no funcionar.

La juventud no debe heredar ciegamente las lealtades, los prejuicios, ni las confrontaciones de generaciones anteriores.

Debe construir bajo su propio criterio, aprender a escuchar ideas distintas y comprender que la política no puede seguir siendo una lucha de personas, sino una discusión seria sobre principios, propuestas y sobre todo soluciones.

Existe, además, una responsabilidad ciudadana que merece importante atención: la elección de diputados.

Solemos concentrar buena parte del debate electoral en los candidatos presidenciales, olvidando que el Congreso de la República constituye uno de los pilares fundamentales del sistema democrático.

En este se aprueban leyes, se toman decisiones presupuestarias y se ejercen importantes funciones de fiscalización y control político. Sin embargo, no es un secreto, que mucho de lo anteriormente expuesto se hace bajo la artimaña del tráfico de influencias y la corrupción.

Una ráfaga de preguntas vienen a la mente y pocas encuentran respuesta.

¿Conocemos realmente a quienes integran las listas de candidatos a diputados?. ¿Investigamos sus trayectorias, sus antecedentes, sus propuestas y su comportamiento público?. ¿O simplemente marcamos una casilla por simpatía hacia un candidato presidencial o por una identificación partidaria que pocas veces cuestionamos?

La renovación política en general tampoco puede reducirse a cambiar rostros. Una cara nueva tampoco garantiza honestidad, así como una trayectoria prolongada no constituye, por sí sola, motivo para descalificar a nadie. Lo verdaderamente importante es examinar la probidad, la independencia de criterio, la preparación y la coherencia entre lo que se promete y lo que se ha demostrado con hechos.

A quienes todavía no tienen la edad necesaria para aspirar a determinados cargos públicos, se les insta a involucrarse. Existen espacios de formación y participación ciudadana, así como de observación, organización y debate, desde los cuales pueden comenzar a conocer el funcionamiento del Estado y contribuir a fortalecer nuestras instituciones.

A quienes ya han cumplido la mayoría de edad, se les recuerda que el empadronamiento constituye el primer paso para ejercer plenamente su derecho al sufragio. No basta con expresar inconformidades en las redes sociales o lamentar los resultados después de cada elección. Es necesario informarse, participar y acudir a las urnas con plena conciencia de lo que representa cada decisión.

Un voto individual puede parecer insignificante, pero millones de decisiones individuales determinan la integración de nuestras autoridades. Ninguna preferencia partidaria debe considerarse intocable, así como ninguna candidatura debe quedar exenta del escrutinio ciudadano. Las lealtades políticas merecen ser revisadas a la luz de los hechos y jamás mantenidas por costumbre

Aunque genere miedo e incertidumbre, Guatemala necesita una ciudadanía que no tema preguntar, disentir, ni exigir rendición de cuentas.

Está claro que voces desperdigadas no lograrán nada, por lo que provocar esa verdadera unión, concentrada especialmente en esa juventud  que no confunda rebeldía con intolerancia, ni madurez con resignación, hará la diferencia. Ojalá ésta comprenda que la democracia requiere tanto participación como responsabilidad, y que las transformaciones duraderas difícilmente surgirán de repetir las mismas prácticas que tanto cuestionamos.

Las elecciones de 2027 representan una nueva oportunidad para ejercer esa responsabilidad.  Los resultados son inciertos, pero lo que sí se tiene claro es que la calidad de nuestra democracia depende también del interés, la preparación y la participación de sus ciudadanos.

A la juventud le corresponde decidir qué papel desea desempeñar en la vida pública, teniendo claro que el futuro no se construye únicamente esperando que otros cambien las cosas, sino asumiendo desde hoy esa responsabilidad de comprenderlas, cuestionarlas y participar en ellas.

Porque romper esquemas también es hacer política. Y hacer política, en su sentido más noble, es comprometerse con el país que compartimos.

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