Ponce Vaides estaba por estrenar los tanques para amedrentar a los manifestantes en las calles, pero detuvo tal orden porque el Partido Liberal le propuso la candidatura presidencial y, orgulloso, reiteró en un discurso radial que las elecciones se realizarían en noviembre, seguro de ganar, porque los uniformados controlaban los votos.
A Francisco Arana no le causó gracia que se cancelara la parada militar del día nacional, pero se sorprendió que en el desfile militar en la Plaza de Armas cientos de maestros y universitarios se dieron por protestar contra el régimen en medio del gentío que había llegado a ver el desfile. De pronto bajaron de una docena de camiones más de 100 cakchiqueles con machetes en mano al mando y se lanzaron contra los manifestantes que reclamaban al gobierno “¡Elecciones limpias!”. Corrieron tras ellos sembrando terror, pero se detuvieron al oír la voz de Ponce Vaides en los altoparlantes de la Plaza de Armas, quien desde el balcón presidencial calmó a los campesinos y les dio las gracias por su apoyo. En voz alta les prometió que liberaría la venta de licores en sus pueblos y ellos, al detenerse, alzaron los machetes al cielo, gritando: “¡Viva Ponce Vaides!”, pues Ubico antes de renunciar la había prohibido. De esa forma culminó si novedad el desfile y todos desaparecieron a mediodía dejando la plaza desolada, los comentarios y chismes en cada hogar.
Dado que el embajador Long presionaba porque los bienes y cuentas bancarias de los alemanes pasaran a manos del Estado guatemalteco como castigo porque Berlín inició la guerra, Ponce Vaides así lo decretó de un plumazo, y fueron confiscados los bienes según el listado del Ministerio de Hacienda embargados en 1941 por la misma presión americana, con base a la lista hecha por los agentes del FBI que le seguían los pasos a los nazis de acá y de Centroamérica, al punto que conocían en detalle las acciones de la policía corrupta secreta de Ubico, que exigía a la élite local y extranjera un estipendio mensual para no ser vejados por Bernabé Linares, que dirigía la temida policía judicial.
Los bienes alemanes eran una riqueza inmensa pues valían más que la propiedad de la UFCo en el país, entre ellos, 100 de las más grandes fincas de café. ¿Quién se quedará con ellas?, se preguntaban los agentes estadounidenses cuando entendieron que los generales estaban tentados de apropiárselas, pero también eso quería hacer la oligarquía terrateniente empobrecida liberal y conservadora. Entre los grandes bienes confiscados figuraban grandes fincas de azúcar, predios urbanos, muchas casas y mansiones, beneficios de café, comercios, talleres, el ferrocarril en Alta Verapaz… Long entendió que se daría un choque entre los grupos indicados por quedarse con esos bienes. Las familias alemanas afectadas y sus socios guatemaltecos odiaron a Ponce Vaides y decidieron acabar con él y se unieron a la oposición conformada por los hiper católicos Toriello, Alejos y Arzú.
Un grupo de judíos llegó a casa de los Toriello y le ofrecieron a Jorge apoyar con plata su causa a cambio de que un futuro gobierno eliminara la prohibición de entrar a Guatemala a los hijos de Abraham y Jacob. Willy y Jacobo Arbenz recibieron a los cabezas de las familias Aparicio y otras de Quetzaltenango, pues eran socios de firmas alemanas y las iban a perder, y por ello, querían unirse para derribar a Ponce Vaides.
Sabido de lo anterior, Long hizo un reporte para sus jefes, pero no pudo recomendar ninguna acción. Hizo otro reporte sobre los judíos Jorge Neumann y el cafetero Diseldorff, que dieron su buen aporte a los Toriello. Escribió que Neumann decidió financiar la campaña del candidato único de la oposición cuando fuera ungido por los maestros y universitarios. Jorge Toriello era consciente de que las dictaduras militares serían pronto cosa del pasado, ya que Estados Unidos impulsaba la democracia, no las tiranías. Long entendió que Ponce Vaides erró al nacionalizar los bienes alemanes tan rápido, pues aglutinó a la oposición en su contra y la de los generales.
Arévalo en Argentina
Juan José Arévalo en Tucumán entendió también que el botín de los bienes teutones sería el núcleo de las luchas políticas a venir en su país mientras fue crucial el paro nacional de tres días del empresariado, hecho para forzar la caída de Ponce Vaides, pues se unieron los industriales, la élite conservadora y los intereses de alemanes locales con universitarios y maestros para que Ponce Vaides NO osase manipular los comicios en noviembre. Arévalo por eso detestaba la politiquería. No obstante, luego de dar clases, discutía con sus colegas argentinos sobre los militares que se rotaban el poder en Buenos Aires. En Guatemala, decía, los jóvenes oficiales ganaban muy poco y los generales, mucho. En Argentina protegen a los grandes estancieros de ganado que viven en París, mientras los militares nacionalistas, como el general Juan Perón, buscan votos de la clase trabajadora, emulando a Mussolini, para apoyar sus derechos y a la industria nacional, no a los estancieros. En Guatemala, decía Arévalo, los generalotes no tienen idea de qué es servir a su nación.
En esos días Jorge Toriello contactó a dos jefes de cuartel, pero ninguno aceptó dar la asonada militar, por lo que le pidió a Jacobo que visitara al coronel al coronel Peralta Azurdia a cargo del cuartel de Totonicapán como él mismo había sugerido.
De pronto el rector de la universidad argentina de Tucumán le sugirió al joven doctor Arévalo, que fungía como secretario de la Facultad de Humanidades, que diera una charla sobre Guatemala y Centroamérica en medio de la transición mundial actual. “Fantástico”, respondió, y a los dos días entró al salón principal colmado de alumnos y profesores. Doctoral, expuso que la historia de la conquista ibérica fue lenta y duró casi dos siglos. En el siglo XIX solo Estados Unidos entró a la revolución industrial en este continente y repartió diez por ciento de su territorio a casi dos millones de migrantes, lo que generó una clase media de granjeros, mientras en el sur siguieron las plantaciones con esclavos africanos. Entretanto, en América Latina las oligarquías despojaron de sus tierras a la Iglesia y a los indígenas y los convirtieron en mano de obra rural para los nuevos hacendados. Así, no hubo mayor desarrollo industrial, hasta que comenzó esta segunda guerra mundial que indujo a producir algunos objetos industriales que antes se importaban.
El peruano Víctor Raúl Haya de la Torre creó en Guatemala una filial de la Alianza Popular Revolucionaria Latinoamericana, APRA, de corte antiimperialista para frenar los abusos de la United Fruit Co. sobre sus miles de trabajadores en el Caribe. En Colombia esa empresa masacró a muchos trabajadores que hacían huelga mientras los universitarios luchaban contra el tirano de turno. Ahora se han unido a la protesta por la justicia en Guatemala, Cuba, Haití, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá y Nicaragua, bajo la influencia de Estados Unidos. Hay que recordar que el fascismo vive en México con los Camisas Doradas, un movimiento antisemita y anti chino inspirado en Hitler. En Brasil está la Acción Integralista con miles de militantes que utilizan la letra griega sigma (∑), equivalente a la esvástica nazi, con el lema “Dios, Patria y Familia”. Y en Argentina tenemos el fascismo poco camuflado del populista Juan Domingo Perón con su discurso que vela por los trabajadores para ganar las elecciones.
Condenó a los tiranos de Centroamérica y del Caribe porque rechazaban la democracia y el Estado benefactor de Franklin Delano Roosevelt, quien dio a Nelson Rockefeller la tarea cooperar con las nuevas democracias de este hemisferio, ya que quiere que haya un nuevo orden mundial donde predomine la democracia liberal.
Vinieron los aplausos y las preguntas: ¿Por qué la Carta del Atlántico que firmaron Roosevelt y Churchill dice que ambos respetarán la autodeterminación de los pueblos? “Pues”, respondió el filósofo, “eso es algo bueno, porque las potencias coloniales deberán dar elecciones en sus colonias para darse una democracia, aunque por ello Churchill fue criticado en Londres, pues si se dan elecciones, perderá sus colonias…”.
Agregó que el New Deal y la política del Buen Vecino moderó la injerencia tradicional del imperio del norte en este hemisferio, y dio a Brasil ayuda militar porque se unió a las fuerzas aliadas contra los países del Eje, una actitud muy diferente a la de los generales argentinos que siguen apoyado a Berlín. “A los militares les cuesta entender que Roosevelt y los rusos están por ganar la guerra mundial”. Ubico condecoró a Mussolini y recibió un diploma de Hitler para tenerlo de su lado antes que le declarara la guerra a Estados Unidos. Y es que en Guatemala residían ocho mil alemanes, veinticinco magnates, en especial en Quetzaltenango y Alta Verapaz, ahora casi todos confinados en campos de concentración en Texas después de ser embargados sus bienes por Ubico en 1943.
A una pregunta sobre el papel de la UFCo en Guatemala, el filósofo señaló que el país tiene dos economías principales: la del café en las montañas, que hasta 1942 estaba en manos de los alemanes y que pasó al Estado; y la del banano que se produce en las costas, cuyas plantaciones son propiedad de la United Fruit, conocida como La Frutera o El Pulpo, porque controla en el país también la electricidad, la telefonía, los puertos y los barcos que llevan y traen los productos del comercio exterior.
Sobre el campesino indígena respondió que en su país cada hombre trabaja gratis dos semanas al año para reparar caminos vecinales y labora en las grandes fincas por temporadas como siervo. En cambio, la UFCo es un estado dentro del Estado, un emporio que abarca varios países caribeños. En total posee medio millón de acres de tierra. Guatemala emplea 20 mil trabajadores y posee 230 mil hectáreas, es decir, 328 mil manzanas. Dijo que los generales en Guatemala ahora tienen que portarse bien con los estadounidenses, pues hay tres bases militares norteamericanas. Festejó que el gobierno militar argentino pronto va a romper sus relaciones con Berlín porque soplan vientos de cambio. Y llovieron los aplausos. Agregó que la revista Fortune del mes aconseja a las grandes corporaciones que acepten a los sindicatos y mejoren los salarios porque así la democracia tendrá un mejor sentido de vida, más libertad y respeto a la ley. Además, precisó que él maneja la idea del “socialismo espiritual”, y que sigue la tradición de Kant, Fichte, Hegel, sin aceptar ideas totalitarias”.
Concluida la charla, fue con sus colegas a degustar un vino de honor y, ya en su apartamento, anotó en su cuaderno personal:
“En Guatemala hay desesperación frente a la dictadura… El alzamiento contra Ubico fue fundamentalmente una batalla por la dignidad. Estos y otros hechos se han acumulado como pólvora en la conciencia nacional, y lo que los guatemaltecos exigen es una vida digna como hombres, como conglomerado, como nación. Mienten los marxistas cuando pretenden explicar los movimientos sociales como producidos por el hambre. Lo que hay es hambre de libertad en la calle y de decencia en los despachos oficiales”.
“Para nosotros, los espiritualistas dualistas, la misión del hombre sobre la tierra es dominar lo animal que hay en nosotros y elevarnos lo más alto posible en los planos de la verdadera humanidad… Y sus necesidades deben ser atendidas con preferencia sobre las exigencias del cuerpo. Produzcamos para sobrevivir, pero sobrevivamos por el camino de la virtud… No negamos la existencia ni el valor de las realidades económicas, de los bienes para el usufructo biológico, pero los de carácter espiritual son superiores”.
Juventud por el cambio
Con la mirada melancólica Paco sonrió cuando el supervisor militar estadounidense lo felicitó por entrenar bien a los pilotos y artilleros de los 12 tanques, y se despidió del mayor Carlos Humberto Aldana Sandoval, jefe de Paco y de Manuel de Jesús. Contento, Aldana Sandoval agregó con una ligera sonrisa que solicitará el ascenso para ambos y se lo agradecieron. Agregó, empero, que Ponce Vaides dio la orden de cancelar los permisos de salida de los cuarteles a los militares por temor a que el general Villagrán le dé un cuartelazo, pues se le han acercado con tal idea varios cachurecos. Es claro que los cuarteles capitalinos cuidan al gobierno, pero también lo pueden derrocar, señaló Pérez ante un admirado Aldana Sandoval, quien, sin decir palabra alguna, se retiró en silencio porque las paredes tienen oídos.
Días después, Paco fue al Palacio Nacional y le pidió al coronel Casado, segundo secretario privado de Vaides, de quien era amigo, que le consiguiera un permiso de salida. Pero lo que logró fue acelerar su ascenso militar a mayor para él y Pérez, con cinco dólares más al mes en su salario. Paco soltó este refrán: “Donde las dan las toman, y callar es bueno”. Aldana y el general Carlos Corado, jefe de la Guardia de Honor, hermano del ministro, supervisaron el estado de los tanques y camiones y se retiraron satisfechos. Paco, entretanto, se alegró al ver salir del cuartel a una docena de potros que retornaban al establo de la Escuela Nacional de Equitación, reconstruido, tras sufrir un incendio, pues la caca de los potros se atoraba en las orugas de los tanques. Pérez enojado le contó que Corado, jefe de su cuartel, era un hideputa porque venía de darles sendos fuetazos en la cara a varios oficiales por cometer pequeños errores y, colérico, exclamó: “Paco, ese hijo de la chingada es un sádico”.
Estando de franco, Paco fue en jeep al céntrico Callejón Variedades donde vivía y le dio la sorpresa a su bella Dorita de ojos verdes, alta y blanca y a sus tres niños. Su casa era típica de la clase media con pisos de colores rojizos, lustrados con cera, amueblada con armarios y sofás de madera estilo art noveau. En el patio delantero resaltaban las macetas rebosantes de azaleas y rosales en tanto en el trasero una gran pila chorreaba agua, cerca donde las habitaciones de la servidumbre. Ella le preparó un emparedado mientras lo puso al día de los chismes y que su madre Margarita mandó con el capataz un saco de verduras de su finca en Villa Canales sobre un burro, mientras los otros se fueron a dejar el producto al Mercado Central. Pese a su modesto salario, Paco le agradecía a su madre los quesos y frijoles de la finca que heredó de doña Tona, la madre de su padre. “Tan linda mi mamá siempre se acuerda de nosotros”. Paco telefoneó al hospital San Juan de Dios al médico Gabriel Evans, a quien consideraba su hermano, y quedaron en cenar juntos.
A Jacobo le decían El Suizo porque su padre era de ese origen, bien visto por la élite por su porte de atleta y pelo rubio de pinta germánica. Era buen amigo de Jorge y Willy Toriello y jugaban tenis al menos una vez por semana. En la cancha le presentaron a Jorge García Granados, un patricio adinerado, cuyo abuelo inició la “reforma liberal” a la par del férreo dictador Justo Rufino Barrios hace medio siglo. Vino del exilio en México, dijo, luego de años de ser perseguido por Ubico porque defendió como abogado a connotados opositores, por lo que su entrada al país se hizo de forma clandestina. García Granados de joven participó en la caída del dictador “liberal” Estrada Cabrera en 1920 tras 22 años en el poder y fungió como embajador en El Salvador del siguiente presidente provisorio. “Ahora viene con ganas de luchar contra Ponce Vaides”, dijo Willy.
Jacobo le dijo a García Granados que admiraba su pasión contra la dictadura y todos lo incorporaron al grupo. Conversaron sobre su tarea primordial, que era encontrar a un general que se animara a dar un golpe militar a cambio de cuarenta mil dólares recolectados entre los pudientes conservadores. La cautela era clave para no ser muertos ni torturados en el intento. Toriello dijo que quiso convencer al ex triunviro, el general Villagrán, pero se negó a dar el golpe porque Ponce Vaides ordenó que se le siguiera al jefe Linares de la policía secreta. Jacobo, así, fue comisionado a buscar qué coronel o general al frente de un cuartel podría dar la asonada militar a cambio de ese montón de dólares. Jacobo sin dudarlo pensó en el coronel Enrique Peralta Azurdia, pero ¿podría convencerlo de unirse a la causa de la oposición?
En la pensión de su madre, Jacobo usaba el teléfono para hablarle a su joven esposa que seguía en San Salvador. Ella le contó que comenzó a vender algunas de sus pinturas para tener ingresos y ya no depender tanto de sus hermanos. “Periquita linda, tenme paciencia, que pronto estaremos mejor. Mi mamá y Octavia te mandan saludes. Di a las niñas que las quiero tanto como a ti”. Ella le suplicó que se cuidara. Cuando Jacobo colgó, Octavia le contó que Charles Siemon era ya su novio y lo iba a llevar la graduación de su primo Eduardo Weyman, como piloto aviador a realizarse en el Campo Los Cipresales, en el salón del aeropuerto militar.
¡Viva Arévalo!
Jacobo y Jorge cerraron filas con los dirigentes universitarios de la facultad de Derecho, Manuel Galich, los Méndez Montenegro, los flacos Alfonso Bauer Paiz y Augusto Charnaud. Galich invitó a Jacobo a una reunión de dirigentes de los dos partidos hermanos: el Frente Popular Libertador, donde estaban los universitarios; y el partido Renovación Nacional, de los maestros, dirigido por Juan José Orozco. En un momento, este subió al podio y habló ante todos y criticó que hubiera tantos candidatos a la presidencia de ambos partidos, pues ello generaba un caos indeseable. No se trata de una lotería, dijo. Debían llegar a un consenso para designar a un candidato común. Y planteó que, a falta de una figura nacional, debían encontrar un candidato presidencial que uniera a universitarios, maestros y a las familias antiguas conocidas como ´cachurecas´ ligadas a la Iglesia Católica. “Necesitamos un hombre sin nexos con el ubiquismo ni partido alguno actual, que tenga una formación académica de primera”. Orozco, fundador de la Universidad Popular en 1922, tenía ascendencia sobre ellos y confesó que los que se habían postulado no eran los mejores y, peor aún, se peleaban entre sí. Debían escoger a un dirigente nuevo que cumpliera los requisitos por él enumerados.
Hubo silencio y expectativas. En el debate algunos maestros, profesionales y universitarios propusieron a Jorge García Granados como su candidato, mientras un nervioso Orozco lanzó el nombre del doctor Juan José Arévalo como el mejor, pues era un notable intelectual conocido en el magisterio por su método para leer y por su obra Geografía Elemental de Guatemala, que son textos obligatorios en las escuelas del país. Y concluyó en voz alta: “¡Arévalo rechazó el viejo autoritarismo y se desterró en Argentina! ¡Es un humanista que cree en la libertad y en los valores morales que brotan de practicar la justicia, como proclamó Max Scheler! Arévalo pregona también el socialismo espiritual como guía de la humanidad y ha escrito mucho. ¡Nuestro Che Arévalo es un talento!”
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