Países seguros, sin seguro

Marcos Melchor Palencia

julio 5, 2025 - Actualizado julio 4, 2025
Marcos Melchor Palencia

Hace algunas semanas hablábamos sobre el amor diplomático, o el desamor diplomático, algo de eso. Si no lo recuerda, vaya y busque la última columna, me ha gustado mi propia redacción. Esta vez, hablemos de un romance aún más confuso: la Secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., Kristi Noem, aterrizó en Guatemala con una sonrisa que parecía prometer soluciones mágicas. Anunció, como quien lanza una promoción irresistible en televisión, que habíamos firmado un nuevo “acuerdo de tercer país seguro”. Y no cualquier acuerdo: ahora Guatemala será un resort cinco estrellas —seis o hasta siete, si existen— para refugiados del mundo.

Ahora bien, como suele pasar en los mejores matrimonios por conveniencia —y en esas familias de abolengo—, parece que ninguno de los dos —ni Noem ni Arévalo— tiene muy claro qué se firmó.  Que sí, que no, que sí, que no, que sí, que no, ¡que va! Así, al ritmo de una canción pegajosa. Arévalo, con aire digno y malhumorado, desmintió todo: no es asilo.

¿Un programa de intercambio? ¿Un Airbnb humanitario?

Su reunión en el Palacio Nacional no fue más que un desastre sin entender: Noem sembrando titulares y Arévalo lanzando comunicados urgentes, y nosotros… casi en medio, preguntándonos si tendremos que acomodar a futuros nicaragüenses, haitianos, tal vez ucranianos y palestinos (¿por qué detenerse ahí?).

Pero como todo buen espectáculo, no faltan los detalles sin resolver: se firma un memorando de entendimiento para que Customs and Border Protection se instale en puertos y aeropuertos, luego alguien suelta un papel en inglés, otro lo traduce mal, y todos corren a la prensa. Mientras tanto, los transportistas y salubristas están* preparándose para otro paro (martes 1 de julio de 2025), no tanto por el asilo ese, sino por el abandono vial y salarios de hambre.

Total, ¿qué importa un “asilo” si las calles parecen un zoológico sin rejas?

Un déjà vu diplomático que ni Hollywood se atreve a escribir. O tal vez sí, pero necesitaría actores de primera.

Pero entonces, nos han dejado más preguntas que respuestas: ya firmamos, no firmamos, ya firmaremos, no firmaremos, y hasta quizás firmemos otros acuerdos.

Mire, estimado lector, sinceramente, yo ya me aburrí de escribir sobre estos enredos. Uno siente que se repite, que los temas se reciclan y que las noticias vienen en loop, como canción de elevador. Tal vez lo único sensato en estos días sea imitar a mi animal espiritual: Cristian Castro. Sentarnos, suspirar… y no hacer absolutamente nada.

*Columna escrita entre el 28 de junio y el 3 de julio

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