Un año para gobernar, pero tres en campaña

Elías Talé

mayo 29, 2026 - Actualizado mayo 29, 2026
Elías Talé

Sin importar el color del partido, las mañas se heredan a cada cuatro años, la estabilidad y el desarrollo del país pasan a segundo plano para una clase política que parece vivir en un eterno modo electoral, una campaña perpetua que no da tregua ni siquiera estando en funciones u horarios de trabajo.

Ante las múltiples crisis que atravesamos, es imperante recordar que una de las primeras acciones de la X Legislatura fue aumentarse el salario, sin darnos cuenta, con el tiempo se normalizó la percepción de la administración pública como un botín económico, del cual servirse, ofrecer lo mínimo a la población es una norma.

Gobernar un año y hacer campaña los otros tres, es una fórmula que jamás traerá el cambio que necesitamos, esta crisis nos obliga a cuestionar el sistema guatemalteco de fondo; aunque acudimos a las urnas cada cuatro años, el retraso acumulado es de décadas. No es sostenible tener pseudorepresentantes completamente desconectados de las múltiples necesidades.  

Por otra parte, es ofensivo que altos funcionarios (diputados, diputadas, ministros etc,) perciban salarios exorbitantes mientras la fuerza laboral sobrevive con lo mínimo, sin darnos cuenta se ha normalizado exigir títulos universitarios, pero recibir a cambio menos del salario base. Aunque no lo digan, los hechos demuestran que para los burócratas, cualquier prioridad va antes que el bien común.

Paciera que los 160 diputados y diputadas se preocupan más por aumentar sus seguidores en redes sociales y afiliar la mayor cantidad de personas a sus partidos políticos, sin embargo, los resultados son poco percibidos por el ciudadano de a pie. Si la permanencia del trabajo de los legisladores dependiera de resultados, asistencia al hemiciclo o eficiencia en las leyes aprobadas, muchos habrían sido despedidos con premura. Pero no, nuestro sistema consiente la mediocridad, las ofertas vacías y el populismo.

Otro ejemplo son los diputados del Parlamento Centroamericano (Parlacen), personajes a quienes no debemos pasar por alto. Poco o nada se sabe sobre el beneficio de esta institución y quienes la conforman son completos desconocidos. En campaña varios partidos políticos ofrecen desvincular a Guatemala de este órgano, por lo que es prudente que se considere tal propuesta, sobre todo teniendo la certeza de que no representa ningún beneficio para nuestra nación.

Aunque en apariencia vivimos en democracia, la realidad es que seguimos siendo manipulados y ultrajados. Quienes están en el poder no representan al pueblo, por el contrario, sus excesos económicos constituyen fugas de recursos que frenan el progreso. Se avecinan semanas intensas con los discursos de siempre. La pregunta es: ¿habrá algún proyecto político que se atreva a desafiar a este sistema decadente, opresor y elitista?

Los guatemaltecos merecemos que los funcionarios públicos ofrezcan cambios en la vida cotidiana de los ciudadanos. Para iniciar; el Congreso de la República debe dejar su papel de inoperancia, debe ser verdaderamente funcional, útil y sobre todo, que dignifique la vida. Por dignidad y respeto al pueblo, muchos legisladores deberían renunciar a sus cargos, los cuantiosos gastos que representan contrastan con sus nulos resultados.

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