DES·EN·RED·ando / La fiesta de Zacapa y el negocio de la frontera

El resurgimiento de los Lorenzana y el regreso de Juan Orlando Hernández obligan a examinar la persistencia de las redes del narcotráfico y sus relaciones con el poder político.

Carmen Rosa De León Escribano

noviembre 4, 2026 - Actualizado noviembre 3, 2026
Carmen Rosa De León Escribano

La fiesta de quince años de la hija de la alcaldesa de Zacapa, Xiomara Ovalle, desató una discusión sobre vestidos, artistas internacionales y gastos millonarios que nadie ha documentado con precisión. Sin embargo, esta celebración pone sobre la mesa y a la vista pública, algo mucho más preocupante: la persistencia de estructuras del narcotráfico que han construido poder económico y territorial, mantienen vínculos con redes políticas y sobreviven a la extradición de sus dirigentes. El problema no es que una familia organice una fiesta lujosa, sino que su ostentación haya vuelto a poner bajo escrutinio relaciones que las instituciones guatemaltecas tienen la obligación de investigar.

El esposo de la alcaldesa, Sergio Fernando Cifuentes Sagastume, fue condenado en Estados Unidos por participar en una conspiración de tráfico de cocaína. Su cuñado, Haroldo Waldemar Lorenzana Terraza, conocido como Haroldito, está acusado por la justicia estadounidense, que ofrece hasta cinco millones de dólares por información para su captura o condena. Haroldito, nieto de Waldemar Lorenzana Lima, es señalado como parte de la generación que habría asumido las operaciones de aquel clan. El parentesco no acredita una responsabilidad penal de la alcaldesa, pero resulta pertinente examinar si existen relaciones económicas, financiamiento político o posibles beneficios institucionales asociados con esas redes.

Los Lorenzana han operado durante décadas desde el oriente guatemalteco, aprovechando su posición estratégica para transportar cocaína hacia México. Aunque numerosos integrantes fueron capturados y extraditados, InSight Crime documentó en julio de 2026 indicios de su recomposición. En mayo, un grupo de aproximadamente cien hombres armados irrumpió en San José Las Lágrimas, Chiquimula, junto a la frontera hondureña. La inteligencia militar atribuyó el ataque a los Lorenzana y planteó que buscaban controlar pasos fronterizos. Se trata de un señalamiento oficial, sin una responsabilidad judicialmente establecida; pero ilustra la disputa por territorios que continúan siendo rentables para el narcotráfico y el contrabando.

En septiembre, ocho personas murieron en Huité, Zacapa, durante una incursión armada cuya naturaleza y responsabilidades no se han esclarecido. Un informe policial indicó que quienes participaron habrían afirmado realizar una operación militar para capturar a Haroldito. Las contradicciones sobre la intervención del Ejército exigen una investigación independiente, que aún estamos esperando para tener respuestas. A este escenario se suma la desaparición de Claudia Pamela Rivas, directora financiera de la Municipalidad de Huité, ocurrida en noviembre de 2025. La investigación motivó numerosos allanamientos, incluso en instalaciones municipales, sin que hasta ahora se conozca públicamente una explicación concluyente sobre su paradero. Su desaparición añade otra dimensión a la situación de una región donde las disputas territoriales, la violencia y los posibles vínculos entre estructuras criminales y poder local requieren investigaciones que permitan establecer responsabilidades.

La dimensión hondureña ofrece una clave para comprender la continuidad de estas redes. Los Valle Valle controlaron históricamente un corredor de cocaína desde el occidente de Honduras hacia Guatemala. Investigaciones recogidas por InSight Crime describen antiguas transacciones entre los Valle y los Lorenzana, además de sus conexiones con operadores del narcotráfico regional. Por su parte, los procesos judiciales estadounidenses documentaron cómo Tony Hernández, hermano del expresidente Juan Orlando Hernández, brindó protección y articuló acuerdos entre narcotraficantes hondureños.

Juan Orlando Hernández fue condenado en Estados Unidos en 2024 a cuarenta y cinco años de prisión por delitos relacionados con narcotráfico y armas. Donald Trump lo indultó en diciembre de 2025 y el expresidente regresó a Honduras el 26 de julio de 2026, donde fue recibido por simpatizantes del Partido Nacional, nuevamente en el gobierno. Un tribunal hondureño dictó en septiembre el sobreseimiento de otro proceso por fraude y lavado de activos, resolución apelada por las autoridades acusadoras. El retorno de Hernández y su rehabilitación política puede transmitir un mensaje de tolerancia a antiguos círculos de poder y alterar las expectativas de rendición de cuentas, precisamente cuando se registran señales de reorganización criminal en la frontera.

Hay una contradicción que resulta difícil de ser pasada por alto. La Embajada estadounidense calificó la celebración de Zacapa de «narcoquinceañera» y llamó a vigilar la influencia del narcotráfico en las elecciones de 2027. Meses antes, el presidente de ese mismo país había indultado a un exmandatario hondureño condenado tras un largo proceso judicial estadounidense. Las decisiones responden a instancias diferentes, pero obligan a examinar la consistencia de una estrategia antinarcóticos que exige transparencia fuera de sus fronteras y flexibiliza las consecuencias de sus propias sentencias.

El desafío guatemalteco es menos vistoso que una fiesta y mucho más urgente: investigar el origen de los recursos utilizados, esclarecer Huité y la desaparición de Pamela Rivas, vigilar la contratación municipal y prevenir que el dinero criminal financie candidaturas. La experiencia demuestra que las organizaciones del narcotráfico pueden perder dirigentes sin perder sus negocios, sus alianzas ni su capacidad de influencia. En este caso, la ostentosidad de una fiesta implica también, sensación de impunidad. La responsabilidad institucional no puede depender de que una embajada decida pronunciarse. Si el Estado no actúa desmontando esas redes y persiguiendo judicialmente a sus estructuras, la violencia seguirá siendo una forma de disputar territorio y la política local y nacional continuará expuesta a la penetración criminal.

0 Comentarios

Comentarios de la comunidad

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?