Cuando el piloto automático no basta

Hugo Maul R.

noviembre 2, 2026 - Actualizado noviembre 1, 2026
Hugo Maul R.

Hace cuatro semanas se sostenía en este espacio que el Banco de Guatemala funciona, metafóricamente hablando, bastante parecido a un avión en piloto automático. No porque la política monetaria sea automática ni porque la Junta Monetaria carezca de discrecionalidad, sino porque existe una arquitectura institucional que hace que la continuidad del Banco dependa mucho menos de la persona que ocupa su Presidencia. Los acontecimientos posteriores sometieron esa afirmación a una interesante prueba. La Corte de Constitucionalidad dejó sin efecto el nombramiento de Menkos; el vicepresidente Alfredo Blanco asumió temporalmente las funciones; la Junta Monetaria continuó trabajando y, finalmente, el presidente de la República nombró a Eddy Carpio para completar el período 2026-2030. El avión, durante esos 22 días, siguió volando. Claro está, como toda metáfora, la del piloto automático también tiene límites. Hay momentos en que alguien debe tomar los controles y allí vuelven a importar la calidad del piloto, su independencia de criterio y la capacidad de escuchar el consejo del resto de la tripulación.

El recién nombrado presidente llega con una ventaja importante. Tiene más de 25 años de trayectoria vinculada al Banco de Guatemala, conoce desde dentro su funcionamiento, ha trabajado en análisis macroeconómico y pronósticos y posee experiencia en organismos financieros internacionales. No llega, por tanto, a descubrir cómo funciona el banco central.

Llega, sin embargo, en circunstancias poco ordinarias. La malograda designación de Menkos colocó al Banco de Guatemala bajo reflectores políticos y jurídicos que poco favorecen a una institución cuya principal fortaleza consiste precisamente en ser percibida como técnica, predecible e independiente. Al nuevo presidente le corresponde ahora disipar cualquier duda respecto de la relación entre el Banco de Guatemala y el Ministerio de Finanzas, entendiendo que independencia no significa aislamiento. El Banco Central y Finanzas deben coordinarse y colaborar cuando corresponda. Lo que no puede ocurrir es que la política monetaria termine acomodándose a las necesidades de la política fiscal. La historia económica latinoamericana ofrece suficientes ejemplos de lo que sucede cuando esa frontera se vuelve borrosa.

La segunda ventaja del nuevo presidente del Banguat es que proviene de los cuadros técnicos del Banco. Eso genera una responsabilidad. Quien conoce la institución desde dentro conoce el capital humano que existe en ella. Durante los últimos años, varios de los mejores cuadros técnicos tuvieron menos protagonismo del que cabría esperar. Una administración encabezada por alguien formado dentro del propio Banco tiene ahora la oportunidad de volver a ponerlos en valor, colocar a los mejores cuadros en las posiciones decisivas y dejarse aconsejar por ellos.

Esto no es mera retórica. Todo ocurre, además, en un contexto internacional menos benigno, con presiones provenientes de los precios de la energía y los alimentos. La primera prueba doméstica no tardará en llegar. El proyecto de presupuesto para 2027 propone un déficit equivalente a 4.4 por ciento del PIB y contempla Q42 mil 750 millones en bonos del Tesoro. Varios centros de pensamiento, entre ellos CIEN, ASIES e ICEFI, muchas veces antagónicos en sus posturas, expresaron conjuntamente preocupación por el crecimiento del gasto y del endeudamiento, y el sector privado organizado ha planteado objeciones similares.

La Junta Monetaria no aprueba el presupuesto, pero tampoco es un simple espectador frente al endeudamiento público. La Constitución establece que, para operaciones relativas a la deuda pública interna o externa, debe escucharse previamente la opinión de la Junta Monetaria. Allí aparecerá una primera oportunidad para que la independencia institucional deje de ser una declaración y se convierta en una actuación observable. La prueba no consiste en que la Junta tenga que oponerse al Ministerio de Finanzas. Independencia no significa discrepancia automática. Consiste en que su opinión pueda reconocerse inequívocamente como producto del análisis técnico del Banco, de sus responsabilidades monetarias y de la defensa de la estabilidad macroeconómica, aun cuando sus conclusiones resulten incómodas para quien diseñó la estrategia fiscal.

Precisamente cuando aumentan las perturbaciones externas resulta todavía más importante preservar la separación entre las necesidades fiscales de corto plazo y los objetivos de estabilidad que corresponden al Banco Central. La columna de hace un mes sostenía que la fortaleza del Banco de Guatemala consiste en poder seguir funcionando cuando cambia su presidente. Eso ya quedó demostrado. La siguiente prueba es distinta: comprobar que, cuando el piloto tenga que tomar los controles, lo hará escuchando a sus mejores técnicos, defendiendo el mandato del Banco y manteniendo suficiente distancia de cualquier presión fiscal o política. El nuevo presidente del Banguat no tiene que demostrar que es técnico. Su trayectoria habla por sí sola. Tiene que demostrar algo que ningún currículum puede acreditar de antemano: que cuando aparezcan tensiones entre las necesidades fiscales y el mandato del Banco, la independencia institucional prevalecerá y el Banco seguirá actuando conforme su mandato.

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