Desempañemos los vidrios

octubre 30, 2026 - Actualizado octubre 30, 2026
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En mis columnas y alocuciones varias, he insistido que, para cambiar este país, el insumo básico y primario es tener claridad política para poder leer la realidad e interpretarla, condición sine qua non para emprender cualquier iniciativa de cambio que vaya más allá de los retoques de siempre.

En este sentido, imagino a Guatemala como un gran cubo con los cristales totalmente empañados. Si se me permite la transcontextualización, algo así como el ejemplo de la Caverna de Platón. En consecuencia, cada guatemalteco/a mira la realidad exterior según qué tan nublado esté el sector del vidrio desde el que observa.

Lo anterior es particularmente aplicable para los procesos electorales que se vienen dando desde el 20 de octubre de 1957, primeros comicios posrevolución, a la fecha. La ilusión es más fuerte que la razón, lo cual comprobaremos el año entrante, otra vez.

En esta ocasión, no insistiré sobre la farsa electoral ya que, hasta las llamadas izquierdas (“progres” en realidad) parecen ofenderse si uno llama al voto nulo o la abstención. Me concentraré entonces, en una demanda que recibo de varios lectores y amigos: Aceptan mi crítica al sistema, pero requieren respuestas a la forma de cambiar la realidad nacional, lo cual es completamente válido.

Para una discusión de esta naturaleza, debemos acordar previamente, nueve cuestiones básicas para empezar a reflexionar y proponer:

1. No hay democracia, sino posdemocracia, es decir, una fachada formal donde compiten todos contra todos y al final ganan los mismos, al mejor estilo de Henry Ford que inmortalizó su frase: “Usted puede escoger el color del carro que desee, siempre y cuando sea negro”.

2. No existe un sistema de partidos políticos, sino una plataforma electorera donde un grupo de oportunistas se junta en torno a quien consideran fácil de mercadear como candidato presidencial. Sin necesidad de programa político o ideología alguna, solo se ponen de acuerdo para conseguir dinero y planificar los negocios que harán, aunque no ganen incluso.

3. Ninguna agrupación política cuestiona el modelo económico y la estructura social, solo se limitan a proponer cambios superficiales. Para más “realismo”, se pueden permitir discursos confrontativos, pero solo a  nivel de marketing, no como objetivo real. En el caso del único partido que lo hizo, el MLP de Thelma Cabrera, simplemente no le permitieron participar.

4. El sistema político-electoral depende del modelo económico y de quienes verdaderamente mandan: las narcoélites, que son las que financian a los “partidos”, candidatos y operadores, definiendo así, un blindaje para sus intereses económicos y políticos.

5. La institucionalidad del Estado está totalmente cooptada como nunca antes. Las voces disidentes minoritarias no existen más. En consecuencia, cualquier iniciativa de cambio, pasa por los mismos que corrompieron el sistema político-electoral: Corte de Constitucionalidad, Corte Suprema de Justicia y Organismo Judicial, Congreso, Ministerio Públicom Organismo Ejecutivo (incluyendo al actual, por supuesto).

6. La sociedad civil también está cooptada, dado el premio otorgado a sus dirigentes en puestos públicos o financiamiento para sus proyectos; de allí su silencio crítico y las fanfarrias al gobernante. Como me bromean varios amigos que laboran en secretarías del gobierno: “Esto ya parece una enorme ONG, pues aquí estamos casi todos”.

7. La vía armada está totalmente descartada y cualquier cambio real será lento y en el largo plazo, aunque no necesariamente pacífico, pues no es de pedir permiso sino de arrebatar lo que le corresponde al pueblo.

8. No existe partido o movimiento alguno con la suficiente legitimidad, organización y fuerza para aglutinar masas y desarrollar un proyecto histórico distinto al actual. ¡Hay que construirlo desde las bases!

9. La lucha por construir algo nuevo se enfrenta a un monstruo que ya se mimetizó en el Estado. En consecuencia, la lucha desigual debe compensarse mediante la guerra cultural e ideológica en redes, otros medios y la participación comunitaria. La época electoral no es la mejor, pues los egos e intereses personales y grupales se imponen. Sin embargo, el reto está planteado y es impostergable tomar la iniciativa, ya sin la presión de las tentaciones electoreras.

Si estamos de acuerdo en estas nueve acotaciones, podemos iniciar el consenso para cambiar nuestra realidad. De lo contrario, seguiremos como gallinas sin cabeza tratando de hacer –cada quien por su lado– reformas a la ley, sin cambiar lo estructural del sistema.

*Historiador y analista político

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