Entender las elecciones en Israel. Netanyahu seguirá igual  

octubre 29, 2026 - Actualizado octubre 28, 2026
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El partido Likud de Benjamín Netanyahu logró mantenerse como la fuerza individual más votada al capitalizar el discurso de la «guerra existencial» y el voto útil derechista, aunque se trata de una «victoria amarga» y parcial que deja al país en un profundo bloqueo político. A pesar de que el bloque del primer ministro perdió la mayoría absoluta en la Knéset (cayendo de 68 a un estimado de entre 50 y 52 escaños), analistas y medios internacionales explican su permanencia en el poder y su primer puesto por afirmar que de él dependía la «supervivencia existencial» del Estado.  Pese a ello, los partidos de extrema derecha, como Poder Judío (de Itamar Ben Gvir) y Sionismo Religioso (de Bezalel Smotrich), obtuvieron resultados considerablemente menores a los que preveían las encuestas (quedándose en 13 escaños). Esto ocurrió porque el electorado prefirió concentrar el voto útil en el Likud, dado que Netanyahu asumió formalmente gran parte de los postulados nacionalistas y de colonización de estas corrientes. Es decir, que sigan todos los abusos en contra de los palestinos. Este explotó el miedo a tener un gobierno con partidos palestinos, árabes, semitas.

Es claro que el ambiente tenso de Medio Oriente repercute en una población israelita confusa por el dramático y pérfido perfil de Netanyahu por el genocidio en Gaza. Se trata de un exvendedor de autos de Nueva York que, ligado a la cúpula de los judíos asquenazíes de origen europeo en esa ciudad clave (él con raíces rusas y polacas), lo llevaron a la palestra política y se convirtió en el eje de la política de Israel, primero como embajador en Washington y luego como primer ministro durante los últimos veinte años. Algo realmente poco democrático, por ósmosis como los regímenes que lo rodean. Pero eso está por cambiar con las elecciones venideras.

 Netanyahu impulsó a los presidentes de Estados Unidos a hacer las guerras en Medio Oriente dentro de un plan de expansión del Gran Israel impulsado por los sionistas de Wall Street y la familia Rothschild (con lazos con Jeffrey Epstein y el ex primer ministro israelí Ehud Barak que visitaba con regularidad su casa en Nueva York) para controlar esa región tan llena de riquezas petroleras. La CIA y la inteligencia de dicho país, el Mossad, trabajan juntos desde hace más de medio siglo. Y siguen trabajando juntos en esa región, pero también en otros continentes. Y tienen en la actualidad el control de la seguridad de diversos países de América Latina como sucede en Centroamérica, Argentina… Por supuesto que la colaboración comenzó en los años cincuenta cuando la CIA no tenía mucha experiencia con el Medio Oriente. Y trabajaron junto al MI5 británico, a partir del ataque franco-inglés-israelí en el canal de Suez, en Egipto, en 1956.

Salvo en la presidencia de Obama, todos los demás presidentes estadounidenses han estado al servicio de Netanyahu y han hecho lo posible para que no sea condenado por casos de corrupción ya probados de su parte. Y es que la asociación judía AIPAC es la que financia a casi todos los políticos estadounidenses, sean demócratas o republicanos, y sirven a Israel como su dirigente principal, además de tener todo el respaldo de los pentecostales blancos estadounidenses que desde hace más de medio siglo consideran a Israel como el pueblo elegido por Dios, un invento que no tiene ninguna racionalidad, porque la mayoría de los judíos que se asientan en Palestina, ahora Israel, no tienen ADN ni ancestros semitas. Netanyahu, por su parte, no ha cumplido su promesa de hacer más seguro a Israel como un territorio para recibir a todos los judíos del mundo, pues esa idea se ha venido abajo. Se habla de que él dejó que ocurriera la masacre del 7 de octubre de 2023 para justificar así el exterminio del pueblo palestino en Gaza. Para entender mejor el proceso electoral actual, le he preguntado a la inteligencia artificial y esto me ha respondido:

El electorado israelí ha experimentado una transformación interna considerable en las últimas dos décadas: La tasa de natalidad en entornos ortodoxos y nacionalistas es significativamente más alta que en los sectores seculares.  Las estadísticas reflejan que cerca del 74 por ciento de los votantes primerizos se identifican con la centroderecha o la extrema derecha. Toda una generación de jóvenes universitarios y soldados ha crecido bajo mandatos casi ininterrumpidos de Benjamín Netanyahu, asimilando una retórica principalmente belicista. Los ataques perpetrados por Hamás en octubre de 2023 alteraron de forma permanente la percepción de seguridad de la sociedad israelí. El conflicto contra los palestinos, la guerra contra Irán en alianza con Estados Unidos ha provocado un clima social donde hablar de coexistencia o de la solución de dos Estados está fuertemente marginado o «criminalizado» en el debate público. Es más, se va por el lado de la mano dura, como hasta la fecha, con los palestinos del área.

  •  Gadi Eisenkot: El ex general y líder opositor ha endurecido su plataforma rechazando de manera tajante la creación de un Estado palestino, buscando capturar el descontento de los votantes derechistas frustrados con la gestión del actual primer ministro.
  • Otros aspirantes fuertes de la oposición, como Naftali Bennett y Avigdor Liberman, provienen históricamente de corrientes de la derecha nacionalista y laica. 
  • La estrategia de Netanyahu ha consistido en plantear los comicios como una elección binaria entre «La derecha o Palestina», usando propaganda que etiqueta incluso a rivales moderados o conservadores como supuestos aliados de los partidos árabes o amenazas a la identidad judía del Estado.

No se avizora cambio alguno en las política del Estado israelí en la región, aunque casi la mitad de israelitas quisieran un cambio pero han perdido las elecciones.

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