La democracia en Estados Unidos la definió Abraham Lincoln como “el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”. Esta definición la dio en su famoso Discurso de Gettysburg, en donde subrayó la idea de que el poder reside en los ciudadanos, quienes lo ejercen y se benefician de él. Ese slogan ahora parece una sombra del pasado, puesto que la democracia ahora cambió a favor de la plutocracia, clase que se lleva casi toda la riqueza en pocas manos, en detrimento de la mayoría. Hay pobreza y sufrimiento, ahora sin vales para la comida que era dada a 45 millones de estadounidenses, mientras cae la expectativa de vida.
Declina la democracia y la libertad porque son los magnates o grupos de interés que llevaron a la Casa Blanca a su actual inquilino, donde se ha hecho más evidente donde este y aquellos han acrecentado sus fortunas por sus decisiones políticas. En contraste, hay desprecio por la burocracia estatal, desdeñada deseando desaparecerla con el cierre del gobierno de más de dos semanas porque el Partido Republicano obedece a dicho inquilino para que el presupuesto público mantenga el recorte a los programa sociales y sufra la gente menos favorecida, en tanto la Casa Blanca ha quitado buena parte de los impuestos a la plutocracia. Eso es una decepción para quienes dieron su voto a esa plataforma política que ahora les dio la espalda: hay un gobierno en su contra, incluso los agricultores de soya, que vieron interrumpida su producción en la guerra comercial que Trump libra contra el mundo sin ninguna causa que lo justifique.
La plutocracia desde hace décadas han estado detrás de los gobiernos durante las últimas tres décadas que han beneficiado al complejo militar-industrial y bancario, donde los más ricos se hacen más ricos, los pobres más pobres, la clase media descendiendo-. ¿Dónde está la igualdad y la libertad que allí se pregona? Educación y salud se desploma, los pobres en espera de su mesada mensual para comer, que no llegará con el cierre del gobierno, mientras la Casa Blanca se destruye en parte para construir un glorioso salón de fiestas de más de trescientas millones de dólares. Se ataca a los narcotraficantes del exterior pero no del interior: «El padrino» y docenas de películas indican que las mafias en USA distribuyen drogas de todo el mundo y compran banqueros, políticos y estructuras policiales. ¿Qué esperan para perseguirlas?
La Constitución de 1787 desterró los abusos del absolutismo monárquico y del parlamentarismo británico bajo el principio de supremacía constitucional, la separación de poderes, el federalismo y la protección de los derechos individuales. Ahora es clara la polarización y un marco institucional asediado por la falta de pesos y contrapesos, debido a que el Congreso y la Corte Suprema sin cuestionamiento siguen las directrices de la Casa Blanca en donde ha sido claro que se defiende y beneficia a los mayores magnates de Estados Unidos, de Arabia Saudí, Israel,Qatar y del complejo militar-industrial y bancario que a la vez ha beneficiado sin escrúpulos a la familia del inquilino de la Casa Blanca.
El panorama general en el siglo XXI muestra en el mundo un retroceso democrático y la concentración de poder mientras se da un alejamiento del derecho internacional como marco para la cooperación y la gobernanza, en especial en los derechos humanos y el cambio climático. En la práctica, las potencias debilitan las instituciones y la estabilidad del sistema global. Ante este panorama, podemos observar mayores injerencias de algunas grandes potencias en defender lo que consideran sus zonas de seguridad adyacente a sus fronteras y de ejercer presión para que se haga su voluntad con fuerzas su aparato militar a los estados donde tienen su zona de influencia como durante la Guerra Fría, cuando se repartió el mundo entre Washington y Moscú. Ahora sería entre cuatro: Estados Unidos, Rusia, China y la India. América Latina ya sabemos que estamos bajo la presión de la vieja doctrina Monroe. La plutocracia europea tendrá que decidir qué le conviene más, si estar bajo la zona de influencia de Estados Unidos o de Rusia, donde creo que tiene más qué ganar para salir de su crisis actual.
Entretanto, la sociedad estadounidense ha comenzado a entender que las ´teorías de conspiración´ sobre las actividades de la CIA no son tales, sino realidades que han motivado tantas guerras donde han muerto millones de personas, amén que han regresado miles de soldados enfermos que se han vuelto dependientes de drogas y opioides afectando a más de 45 millones de habitantes, dejando enfermos mentales al por mayor, en lo que se ha vuelto una sociedad enferma, que ahora no tiene dónde sanarse porque la plutocracia ha decidido recortar fondos para salud y se ha quedado con la tajada grande del dinero público al no pagar impuestos.
Quizás el candidato que salga electo alcalde de Nueva York esta semana podrá definir el curso del contrapoder democrático para que el poder del pueblo vuelva a la Casa Blanca y el Congreso.
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