Se ha dado cuenta, estimado lector, que hacer nada también cuesta. Es difícil. Concentrarse para hacer nada. Recientemente, mientras juzgaba entre mil y un cuentas de twitter, me topé con uno que me hizo pensar: para mi cumpleaños quiero hacer lo que Cristian Castro nos recomienda; no hacer nada. Yo también quiero hacer eso para mi cumpleaños. Cancelaré la fiesta programada en casa presidencial para celebrar mi santo la próxima semana, y mejor me tumbaré en un sillón sin hacer nada.
Nada.
Yo lo veo como una revolución. Un acto revolucionario que determinará nuestro futuro. Optar por la nada es una revolución pasiva. Imagínese usted, no asistir a ningún acto, no emitir ninguna opinión, no opinar sobre lo que opina otro. Una vacación del juicio. Un sabático de la indignación.
¿Se lo puede permitir?
¿Me lo puedo permitir?
Eso sí, hay que encontrar el ángulo exacto del cuerpo en el sillón, una temperatura que no invite ni al sueño ni a la acción, y sobre todo, una mente lo suficientemente vacía como para que no se le cuele una sola preocupación. Nada tiene que interferir en la nada. Porque si se distrae, si empieza a pensar en la lista del súper o en si dejó mal cerrado el gas… ya falló.
Le pregunto: ¿ha tratado de hacer nada con el celular al lado? Me parece imposible. Apenas uno se acomoda, suena una notificación, alguien le escribe, alguien sube algo, alguien lo etiqueta en una foto de hace diez años donde uno parecía actor secundario de una película sin reconocimiento. No se puede.
Pensándolo bien, tal vez el futuro no sea de los que madrugan, sino de los que se levantan tarde, sin culpa, con una bata vieja y una taza de café mal hecho, a contemplar el techo y dejar que las ideas se disuelvan como el azúcar que nunca se revuelve. Quiero que sepa, si decide hacerlo, no está perdiendo el tiempo. Está ganando algo más valioso: el derecho a existir sin tener que justificarlo con productividad.
¡De ellos es el mundo! ¡De los que no hacen nada!
Ya lo sabe. Para su próximo cumpleaños no compre pastel, no se junte con nadie, no suba stories. Haga lo que Cristian. Haga lo que yo: nada.
Si logra hacerlo, escríbame. O no. Mejor no.
P.D.: Si usted, estimado lector, le pareció algo confusa esta columna, y cree que no es mi estilo, sepa que esta semana no quería hacer nada.
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