¡Antes de elegir, aprendamos a observar con detenimiento!

Mariana Rohrmoser

octubre 13, 2026 - Actualizado octubre 12, 2026
Mariana Rohrmoser

Aunque oficialmente no se ha convocado a elecciones, ya se comienza a respirar un ambiente electoral en Guatemala. Es decir que ya se observan movimientos políticos, apariciones públicas de determinadas personas, mensajes cuidadosamente elaborados, personajes que anuncian abiertamente sus aspiraciones electorales y otros no tanto, pero que igualmente preparan el terreno para su candidatura.

La verdad es que ya nada de esto debería de sorprendernos, pero sí preocuparnos, puesto que dichas acciones comienzan a ser más estrategia política y prácticas que contravienen la legislación electoral, que representar un verdadero y genuino interés por el bienestar de Guatemala.

Invocando la Ley Electoral y de Partidos Políticos, particularmente en su artículo 94 bis, se contemplan las consecuencias para quienes realizan propaganda electoral anticipada,  lo cual es ilegal, por lo que es posible que se impida la inscripción de algún o algunos candidatos.

En tal sentido, corresponde al Tribunal Supremo Electoral -TSE- investigar y determinar si efectivamente existen infracciones a dicha disposición, aplicando las consecuencias legales que de cada caso se deriven.

Por supuesto que la libertad de expresión y la participación política deben protegerse, sin embargo dichos derechos tampoco pueden convertirse en excusas para ignorar la ley y las normas electorales.

El 31 de agosto de 2026, dicho Tribunal informó sobre la existencia de 195 denuncias, mismas que supuestamente ya se encuentran en investigación y trámite por posibles actos de campaña anticipada, situación que debe seguirse fiscalizando, tanto por la autoridad electoral como por la ciudadanía, de forma rigurosa, transparente y oportuna.

Ojalá, tanto la autoridad como la población no se limiten únicamente a observar el desarrollo de este escenario político, garantizándose la participación electoral bajo las mismas reglas, y puedan así existir las consecuencias necesarias por cada infracción comprobada.

A pesar de lo anteriormente expuesto y en contra de la ley,  nos guste o no, la contienda electoral ya ha empezado y no necesariamente con una oferta política que satisfaga las expectativas de la población, teniendo ésta que escoger posiblemente entre opciones poco convincentes o el famoso “ menos peor”.

Entre discursos repetidos y promesas que difícilmente encuentran respaldo en propuestas concretas, ya se va visualizando, de forma anticipada ese menú electoral, mismo que en su mayoría refleja ese usual populismo y clientelismo, el cual representa un alto riesgo y merecedor de especial atención.

El primero puede transformar problemas complejos en promesas aparentemente sencillas; el segundo puede convertir necesidades legítimas de la población en instrumentos de intercambio político.

Ambos fenómenos dificultan el debate público, haciendo que el mismo se concentre en políticas poco sostenibles y deriven en instituciones poco sólidas y resultados inviables.

No se puede afirmar que toda persona,  aspirante a un cargo público,  persiga intereses particulares. ¡Sería injusto hacerlo! Pero tampoco podemos asumir que detrás de cada discurso que ya se escucha, no existe necesariamente una vocación genuina para luchar por el bien del país.

Hoy Guatemala necesita una ciudadanía que no se deje impresionar por esa falsa popularidad, por regalos y dádivas cuya única finalidad es comprar el voto, así como por campañas publicitarias y discursos emotivos.

Ya es hora, de saber identificar una verdadera intención por servir al país y entrarle con seriedad a los problemas que afrontamos,  por lo que es importante examinar  la trayectoria, la conducta, la transparencia y la coherencia entre lo que dicen, prometen, lo que verdaderamente han hecho y hacen dichos personajes.

Muy importante será preguntarse quiénes son esas personas que hoy ya salen hablando de forma pública, qué antecedentes tienen, cuáles son sus propuestas, cómo pretenden financiarlas y qué intereses podrían acompañarlas.

Es momento de aprender a distinguir entre quien ofrece soluciones responsables y quien simplemente identifica nuestras necesidades para convertirlas en oportunidades de protagonismo político.

También es fundamental, contar con la capacidad para escuchar distintas posiciones, contrastar información y exigir explicaciones sin caer en fanatismos ni descalificaciones personales.

Ese proceso electoral que legalmente aún no comienza, ya ha iniciado, por lo que deberá ser imperativo, ser analíticos desde estos momentos hasta el día de las votaciones.

Las dudas deben comenzar desde ahora, siendo críticos y muy observadores para no repetir patrones nocivos del pasado y ejercer así una verdadera ciudadanía responsable.

Recordemos que la palabra “elegir” no consiste únicamente en depositar una papeleta en una urna, sino en comprender las consecuencias de entregar el poder a quienes aspiran a ejercerlo.

En tal sentido, el primordial mensaje que en esta ocasión se desea recalcar, es ese aprendizaje que debe habernos no sólo quedado, sino también calado a través de la historia de nuestra política, recordando que la democracia no se fortalece solamente con elecciones periódicas, sino con ciudadanos que sepan cuestionar, exigir y decidir con criterio propio.

No esperemos a tener candidatos oficiales para comenzar a evaluar a quienes desde ya, pretenden gobernarnos.

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