Pocos libros me han impactado tanto como «La resistencia Kaqchiquel ante la invasión Tlascalteca y Castellana», que ha escrito de manera magistral Demetrio Cojtí Cuxil, al punto que el dolor que produce aprieta el estómago y las vísceras. Y dan ganas de lagrimear como lo hiciera, lleno de culpa, el obispo Francisco Marroquín por haber consentido a Pedro de Alvarado en sus aviesas y brutales acciones contra los pueblos mayas de estas latitudes, donde hasta niños, mujeres y varones fueron esclavizados y selladas sus pieles con hierro candente.
De 1524 a 1549 fue una etapa de exterminio de los pueblos originarios, pero no solo por los castellanos, sino también por sus aliados tlaxcaltecas, quienes en número de seis mil acompañaron a Alvarado para someter a estos pueblos. Pero, ante la traición, surgió como líder sorprendente Ahpozotzil kaqchikel, figura de gran importancia en las primeras dos décadas de la época colonial en Guatemala, conocido por los españoles como Sinacán o Zinacán, y conocido luego como Kaji Imox. Accedió al trono en 1519, a la muerte de los reyes kaqchiqueles, seguramente de viruela. Se arrepintieron de haber colaborado en la derrota de k’iche’s, tz’utujiles y otros reinos indígenas; sin embargo, el 28 de agosto, poco después del retorno de Alvarado de Cuscatlán, ante los malos tratos recibidos y las exigencias del conquistador para que entregaran oro, iniciaron una resistencia armada que puso en peligro la conquista y que duró hasta mayo de 1530.
Fueron tiempos donde la esclavitud fue tan buen negocio como el encontrar oro y plata para los españoles. Empero, la resistencia continuó nueve años más. Según el Memorial de Sololá, se refugiaron y escondieron “en los bosques, bajo los bejucos”. Imox en 1533 encabezó otra insurrección producto de la forma como los trataba Jorge de Alvarado, teniente de gobernador (en ausencia de su hermano Pedro), y por haber nombrado un sustituto inaceptable de B’eleje’ K’at, quien había muerto lavando oro. Esta nueva revuelta de guerrillas al frente de Imox duró hasta 1535. Pedro de Alvarado ordenó que fuera ahorcado junto con docenas de principales Kaqchiqueles cuando finalmente fue capturado y no permitió ser bautizado. Dieciséis años de resistencia.
El texto histórico de Demetrio Cojtí permite comprender la furia de los invasores castellanos y tlaxcaltecas sobre estas tierras, que se tornaron un infierno para sus habitantes nativos. Los pobladores originarios de las islas del Caribe se habían extinguido en esas fechas. En Mesoamérica, a inicios de ese siglo la habitaban más de cincuenta millones de habitantes.
En 1550 el número no llegaba a 15 millones. Epidemias de viruela, tifus… matanzas y esclavitud general, la cual dejó una vasta estela de dolor en todo este triste Nuevo Mundo, donde los jefes castellanos fueron implacables y brutales, pero en donde sobresalió entre todos Pedro de Alvarado, el sanguinario, como lo describe Demetrio Cojtí en su libro que es de lectura obligada para los guatemaltecos.
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