Provocatio / La posdemocracia

En el escenario posdemocrático guatemalteco, el dinero privado siempre ha actuado como una inversión que garantiza retornos regulatorios y fiscales para las grandes empresas, al tiempo que, para los grupos sociales sin capital, la acción política representa un gasto con escaso impacto en las políticas públicas. La igualdad es solo una quimera que habita en la letra muerta de las normativas que en la práctica no se cumplen.

José Alfredo Calderón E.

octubre 9, 2026 - Actualizado octubre 8, 2026
José Alfredo Calderón E.

Dentro del curso de ciencia política que imparto en la USAC, recientemente abordé el tema de la posdemocracia, que según Colin Crouch, es una paradoja estructural de la política contemporánea: “mientras las instituciones electorales formales, las libertades civiles y la alternancia partidista se mantienen intactas a nivel global, la sustancia participativa e igualitaria de la democracia sufre un proceso de vaciamiento progresivo”.

A diferencia de los regímenes autoritarios tradicionales, la posdemocracia no destruye el marco constitucional ni recurre a la coacción violenta, aunque en Guatemala podría ser muy discutible este último aspecto. El autoritarismo se disfraza y transforma la política en un espectáculo gestionado por profesionales de la comunicación, mientras el centro real de las decisiones económicas y distributivas se desplaza (o regresa) hacia élites corporativas y financieras transnacionales.

A nivel teórico, existe una tensión inherente entre el liberalismo de mercado y la democracia. Mientras el primero defiende la libertad de influir en el sistema según los recursos disponibles en el mercado, la democracia exige una igualdad básica de capacidad real de influencia entre todos los ciudadanos. En el escenario posdemocrático guatemalteco, el dinero privado siempre ha actuado como una inversión que garantiza retornos regulatorios y fiscales para las grandes empresas, al tiempo que, para los grupos sociales sin capital, la acción política representa un gasto con escaso impacto en las políticas públicas. La igualdad es solo una quimera que habita en la letra muerta de las normativas que en la práctica no se cumplen.

La fachada exterior mantiene elecciones aparentemente transparentes, plurales y libres, aunque dependan totalmente de la mano que mece la cuna. El mecanismo interno para que funcione se basa en la mercadotécnica, frases de impacto, cuñas, y fragmentos de audiovisuales al mejor estilo comercial, ya que ante la falta de ciudadanía plena, los votantes son tan solo clientes de un mercado (el político). El núcleo de poder se concentra en las decisiones que se acuerdan entre el Estado y las corporaciones transnacionales y sus representantes locales.

Para explicar esta evolución, el autor plantea el modelo de la parábola histórica de la democracia, la cual muestra que la trayectoria de las naciones industrializadas sigue una curva descendente tras alcanzar su punto de plenitud. En este punto hay que indicar que Guatemala no es un país plenamente industrializado.

  • Fase predemocrática: Que se caracteriza por el dominio absoluto de élites cerradas (en el caso guatemalteco, primitivas) y la preeminencia del poder económico privado sin regulación estatal. Las masas carecen de derechos políticos y de canales de participación efectiva.
  • El momento democrático: Correspondiente al período de posguerra del siglo XX. Se distingue por la movilización masiva de la clase trabajadora mediante sindicatos y partidos de masas, el compromiso keynesiano entre el capital y el trabajo y la expansión del Estado de bienestar, subordinando las corporaciones a la autoridad pública. Para nuestro caso, el punto de referencia es la Revolución de Octubre.
  • Fase posdemocrática: Período contemporáneo en el que reaparecen dinámicas de dominación aristocrática adaptadas al capitalismo tardío. Aunque persisten las elecciones, las mayorías quedan marginadas del diseño de las agendas públicas y los grupos corporativos recuperan un trato de favor por parte del Estado. En el caso de nuestro país, no recuperan sino mantienen el privilegio en todas sus formas.

Aunque el tema es extenso, dejo planteados dos elementos importantes de la posdemocracia: La mutación de las clases sociales y la ciudadanía, así como la transformación (desaparición en nuestro caso) de los partidos políticos.

La clase obrera tradicional, ha reducido su peso político; en gran parte, por el surgimiento de nuevas clases medias (en realidad, capas medias) resultado de la era posindustrial en la que predominan empleados administrativos y de servicios, así como técnicos y profesionales. Este segmento, carece de identidades colectivas homogéneas y de organizaciones representativas sólidas.

Los partidos políticos en su forma tradicional, de intermediarios entre el Estado y la sociedad, han muerto. En su lugar, ha surgido un cúmulo de plataformas electoreras basadas en el marketing político.

Este modelo se afianza en la tríada profesional de la política, donde los mismos individuos circulan de forma fluida mediante «puertas giratorias» entre cargos públicos, consultorías de comunicación y firmas de cabildeo corporativo. El caso extremo de este fenómeno lo encarna el «partido-empresa» (ejemplificado en Forza Italia de Silvio Berlusconi), creado directamente desde la cúpula empresarial para vender un producto político y proteger intereses privados.

Para el escenario tropical local, el mejor ejemplo es el CACIF, única corporación privada que opera como partido político único, aunque ahora tenga que compartir espacio con el narco y otras mafias políticas, militares y religiosas, de las que son socios y, para nada, entidades separadas.

*Historiador y analista polític

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