El subsidio para los combustibles está vigente desde el martes 28 de abril. Sin embargo, las quejas de los gasolineros ya comenzaron a circular. Los señores reclaman que en las condiciones en que se aplicará este apoyo temporal, autorizado mediante el Acuerdo Ministerial 189-2026, algunos van a enfrentar problemas que los harán incurrir en pérdidas.
De dónde sale esta lógica empresarial. Pues dicen los gasolineros que como el subsidio se otorgará a quienes vayan adquiriendo nuevas existencias de combustibles, aquellos que tienen almacenadas cantidades grandes de las que les costará más que a otros deshacerse a través de la venta, comenzarán a recibir el subsidio de manera tardía. Pero su reclamo se centra en que mientras unos podrán vender a precios menores a partir de sus nuevos abastecimientos, es lógico que la demanda de sus combustibles sea mayor que la de aquellos cuyos precios permanezcan elevados porque no han agotado sus antiguas existencias.
El pensamiento que da lugar a la inconformidad es obvio y natural. Pero los señorcitos no pensaron igual cuando se comenzó a especular sobre que los precios se elevarían producto del conflicto que llevó al cierre del estrecho de Ormuz y, por ende, al estancamiento de los barcos que transportan el petróleo iraní hacia otras latitudes mundiales. Los precios internacionales no habían subido aún, porque sólo era algo a lo que la lógica llevaba a pensar, pero los señores ya habían corrido a sus estaciones de servicio a modificar hacia el alza los precios en sus rótulos exhibidores.
O sea que nos vendían, a precios de guerra, combustibles que habían comprado más baratos. Esto, no obstante que autoridades y analistas internacionales y locales aseguraban que, en el mundo, incluida Guatemala, aún había suficientes existencias para al menos dos meses de precios sin aumento.
La escalada inició en Guatemala el 2 de marzo de este año. Y los registros dan cuenta de un aumento que en el término de 12 días significó un alza de Q7 quetzales por galón. Conforme pasaron los días, los precios continuaron subiendo hasta alcanzar los Q40 por galón.
La realidad de esta historia es que los precios estaban alrededor de los Q28 por galón y, en menos de dos meses, llegaron a Q40, pese a que, según la información oficial y de algunos representantes del sector privado, teníamos existencias para esos dos meses, tiempo durante el cual no debió haber alzas.
Pero ahora que la situación es inversa, entonces sí se preocupan los gasolineros. ¡Pobrecitos! Dicen que van a tener pérdidas. Y quizás vaya a ser cierto. Pero según la historia que acabo de contar, esas pérdidas fueron compensadas previamente con la especulación que significó elevar los precios, sin razones reales, Q12 por galón al valor que debían distribuirlo en su momento.
Y no pueden decir que fue por la oferta y la demanda, porque ninguno de nosotros observó gasolineras con grandes colas por la amenaza de las posibles alzas. El consumo siguió su rumbo normal. Más bien se supone que hubo muchos que prefirieron guardar su vehículo para esperar mejores tiempos.
En fin, lo cierto en todo caso es que los gasolineros están tomando de su propia medicina. Así es el libre mercado y cada actor debe, dependiendo el lado en que se encuentre, enfrentar las consecuencias. En este caso, parafraseando a uno de los máximos pensadores nacionales del liberalismo, el ya fallecido Manuel Ayau: si no les gusta o no les parece, que se dediquen a vender leche, huevos, piñas o cualquier otro producto que les de las ganancias que quieren sin estafar a los demás.
*Carlos Morales Monzón/Periodista y Profesor universitario
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