Cada uno de los pueblos que habitan en Guatemala posee una historia, filosofía, cosmovisión, administración de justicia, economía y organización distinta a la que están acostumbradas las grandes ciudades. Dos de los principios que quisiera resaltar son la lucha constante por mantener el bien común y el espíritu de servicio con que se atiende a la comunidad. Esta forma de vivir es única y ofrece verdaderos resultados a la población.
El caso de Santiago Atitlán debería ser objeto de estudio para centros de investigación o grandes intelectuales que se consideran tanques de pensamiento, puesto que su modelo de administración comunitaria es único en cuanto a la organización para alcanzar un objetivo que beneficia a la totalidad de sus habitantes, en este caso, enfocado en el combate a la corrupción y exigencia del servicio público transparente.
El sistema criollo vigente en Guatemala está hecho para favorecer a élites específicas, empoderando a la vez a pequeños caudillos en los 340 municipios del país. El costo lo asume el pueblo; la riqueza, los servicios y los beneficios se concentran en un reducido grupo. Como reflejo del exitoso modelo en el que vivimos la sociedad ha normalizado la desigualdad social y económica.
Recientemente, el pueblo maya tz’utujil de Santiago Atitlán, Sololá, ha ofrecido un ejemplo de cómo una comunidad puede organizarse, decidir y lograr cambios positivos en favor de todos y todas, acciones que cobran vigencia desde una base comunitaria. Guiados por sus autoridades ancestrales y con la convicción de que el poder reside en el pueblo, han demostrado que los funcionarios públicos electos popularmente también son revocables si la propia población así lo demanda.
Haciendo uso de su legítimo derecho de autodeterminación, las autoridades ancestrales respaldadas por la población se presentaron ante el Tribunal Supremo Electoral con el acta emitida por el Concejo Municipal donde se declaraba vacante el puesto de alcalde municipal debido a las anomalías presentadas y el rechazo multitudinario. Acogiéndose al debido proceso, el TSE declaró vacante el puesto en la comuna. Un hito histórico para un pueblo que busca justicia, este logro demuestra la posibilidad de fusionar la libre determinación y la justicia ancestral de los pueblos con el sistema actual.
Debido a que el Ministerio Público, la Corte Suprema de Justicia y la Corte de Constitucionalidad están cooptadas por el crimen organizado, la ciudadanía no puede confiar en ellas. Es imperativo que el pueblo tome medidas contundentes para alcanzar el buen vivir. Paradójicamente, los criminales ahora utilizan toga, juristas con amplio conocimiento sobre leyes, pero son quienes más la transgreden.
El acto de legítima resistencia llevado a cabo por el pueblo tz’utujil es un claro ejemplo de que las autoridades que cometan actos indebidos, como: corrupción, peculado u otros delitos, deben ser removidos de inmediato. También deben serlo aquellas que no brinden resultados eficientes y eficaces. Por esta y muchas razones más, el sistema criollo guatemalteco le teme a los pueblos originarios. Su fuerza, organización y administración en diversas áreas. Este mensaje debe estar presente en cada guatemalteco y guatemalteca, la unión hace la fuerza y los servidores públicos deben responder exclusivamente al clamor popular.
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