El sistema presenta una falla grave en cómo los servidores públicos entienden su rol, la temporalidad limitada de sus cargos se convierte en un incentivo para priorizar el lucro personal y el enriquecimiento ilícito. Conscientes de las deficiencias del sistema, utilizan de forma indebida el poder que se les confiere, esto sumado a una justicia selectiva y de bajo nivel profesional, anula temor ante la comisión de ilícitos.
Al analizar a fondo los hechos, se evidencia que los políticos se dedican a la promoción constante de su imagen. En Guatemala vivimos en una campaña electoral permanente, el tiempo que destinan a trabajar es a lo sumo, de uno o dos años, el resto lo invierten en publicidad personal o de su partido político. Aunque muchos lo nieguen, es notoria la campaña anticipada que realizan, incluso cuando falta mucho tiempo para las elecciones. A esto se suma el hecho de que el régimen jurídico guatemalteco está meticulosamente diseñado para proteger intereses y grupos específicos, silenciando a los ciudadanos que buscan generar un cambio genuino.
Si se me presentara la oportunidad de cuestionar a diputados, alcaldes, concejales u otros funcionarios, les preguntaría directamente: ¿Cuándo se dedicarán a trabajar por la ciudadanía?, ¿Cuánto tiempo tardaremos en superar tanta miseria? Resulta inadmisible que nuestro sistema democrático presente fallas tan grandes, garantizando impunidad a los servidores públicos. Tomando en cuenta que perciben salarios altísimos a pesar de trabajar muy poco, aún con tantos privilegios, tienen el descaro de incurrir en actos de corrupción.
Las calles, mercados, plazas, parques, incluso las redes sociales están inundadas de discursos políticos que esparcen mentiras, a los políticos les resulta muy fácil prometer, pero extremadamente difícil trabajar por el bien común una vez están en el poder. Por lo tanto, la ciudadanía debe reconocerse como el actor principal en nuestra democracia, somos quienes tienen la potestad de elegir y no debemos olvidar que nuestro voto es invaluable, las desgracias que atravesamos son el resultado de una mal elección aunado al desinterés de la población en temas políticos. Al elegir, o al dejar de elegir, estamos dirigiendo el destino del país.
Es vital hacerle saber a la ciudadanía que el sistema existe con el propósito de ofrecer una mejor calidad de vida a todos, a pesar de las falencias que posee. No podemos seguir promoviendo la narrativa de la apatía y el desinterés en los asuntos públicos. Esta actitud frena nuestro progreso y nos obliga a seguir estancados en las mismas condiciones, llevándonos incluso a estar condenados a ser gobernados por las peores personas.
Es imperante que nos formemos para comprender sobre política, para luego hacer; política, sin necesidad de pertenecer a un partido político. Ejercer activamente nuestra ciudadanía es una obligación que nos encaminará hacia el desarrollo que tanto anhelamos.
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