Cada vez con menos valores

Carlos Morales Monzón

agosto 6, 2026 - Actualizado agosto 5, 2026
Carlos Morales Monzón

Crisis de valores. Este es un tema del que se habla desde hace muchos años en Guatemala. Incluso los políticos partidistas, principales actores del tema, han hablado de ello.

La semana pasada les contaba como hemos venido perdiendo la urbanidad y deconstruyendo la ciudadanía. Les puse ejemplos simples, pero reales. La gente ya ni saluda. Miran a los vecinos con malas caras. Todo mundo espera que sea el otro quien salude primero para responder. Pero hay quienes llegan al extremo de ni siquiera responder el saludo de los demás.

Somos una sociedad que lejos de ingresar en el camino del desarrollo y el crecimiento socioeconómico, estamos en pleno retroceso y, como los grandes imperios, en decadencia. Lo malo es que nosotros nunca llegamos a los niveles de esos imperios. Estamos cayendo antes de crecer.

Muestras las hay de sobra y ya he mencionado algunas. Pero la vida me sigue dando ejemplos.

La semana pasada, en Santa María Nebaj, Quiché, una anciana de más de 70 años fue desalojada de su residencia, con lujo de fuerza. La acción fue ejecutada por la Policía Nacional Civil (PNC). El director general de la PNC, el comisario general David Estuardo Custodio Boteo, asegura que sus agentes sólo actuaron cumpliendo el protocolo, pues recibieron una orden de juez competente para la ejecución del desalojo.

Por enésima vez, puedo confirmar que no todo lo legal es justo ni correcto. Sacar de esa forma a la mujer septuagenaria, por ratos arrastrada y por otros ratos cargada, nos revela claramente la falta de conciencia que existe para con nuestros conciudadanos. Pero más aún me pregunto, qué pasaba por la mente de la jueza Ada Madaí López Morales en el momento en que firmó la orden de desalojo.

De acuerdo con la información que circula alrededor del caso, la propietaria original de la casa de habitación fue Juana Santiago Chel, madre de quien la heredó, su hija del mismo nombre. Pero esta, a su vez, desmembró la propiedad y le cedió una parte a su hijo Pedro Santiago López, quien ahora pretende desalojarla.

Esta es una muestra más de la decadencia social que enfrentamos. De esa crisis de valores de la que hablamos. Y que conste que no es el primero, único ni último caso. Hace unos años fue testigo de cómo unos hijos también pretendían desalojar a su anciana madre de su propiedad. La señora y su esposo (ya fallecido) eran propietarios de una ladera en una zona central de Mixco. Los ancianos ya habían heredado terrenos a todos sus hijos. Y no eran terrenos pequeños. Sin embargo, dominados por la avaricia, tres de los hijos se unieron para intentar despojar a la madre del pedazo en el que ella habitaba y llegaron con orden de juez, dispuestos al desalojo. Afortunadamente una de las hijas se opuso y no permitió que el hecho se consumara. Pero, como les digo, las muestras de desmoronamiento social abundan.

Es urgente hacer algo. El Estado debe buscar mecanismos ágiles y con celeridad para que la decadencia no llegue a su límite y terminemos enfrentándonos unos a otros. Porque este tipo de situaciones no hacen sino servir de base para la construcción de guerras fratricidas. Nuestro país ya vivió una que duró 36 años, por qué revivir una experiencia tan horrible como esa.

Todos juntos debemos buscar y aportar para construir esa ciudadanía tan necesaria y lejana. Tenemos que construir puentes entre unos y otros que nos hermanen y permitan ser una sociedad que unida puede ser hasta ejemplar. Recursos los hay de sobra, sólo falta la voluntad.

Algunos hablan de voluntad política, pero esa está podrida por los intereses particulares que fomentan la corrupción, ese cáncer que nos tiene hundidos en la miseria, no sólo económico sino también social.

Debemos hacer conciencia sobre la necesidad de revivir la antaña urbanidad, como el primer paso para comenzar a construir la ciudadanía. Pero si seguimos en este camino de deconstrucción, como diría un gran amigo: ¡que el Señor nos agarre confesados!

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