M.A. Asturias: “Que mis restos vuelvan a Guatemala cuando haya una democracia”

“Hacer honores a otros es una forma de enaltecerse a sí mismos”
François de La Rochefoucauld

Fernando González Davison

noviembre 4, 2026 - Actualizado noviembre 3, 2026
Fernando González Davison

En junio de 1974 estuve con mi esposa en el hospital de Madrid pocos días antes que Miguel Ángel Asturias diera su último suspiro. El Nobel estaba leyendo con aflicción “Archipiélago Gulag” al abordar las torturas de los presos políticos de la URSS  descritas por Aleksandr Solzhenitsyn que él mismo las sufrió por alzar su voz contra el Kremlin.  Y viendo Asturias que estaba en sus últimos días, le reiteró a su esposa Blanquita Araujo que sus  restos sólo podrían volver a Guatemala cuando hubiera una democracia plena, para que sus restos no fueran aprovechados por los políticos de la dictadura y sus intelectuales de corte conservador, que siempre lo habían despreciado y envidiado. El dicho lo avaló Amos Zegala, su secretario. Imagino que Miguelito estaba al tanto durante los funerales de su padre en Madrid, antes de ser llevado sus restos a París.

En ese sentido, se observan las acciones conservadoras y poco valientes del actual gobierno de Bernardo Arévalo porque se ha cruzado de brazos cuando los del Pacto de Corruptos han seguido actuando en contra de los movimientos democráticos, cuyos líderes han guardado prisión, los más sonados de los de lo 48 Cantones, o se han ido al exilio para no ser asesinados como sucede con varios periodistas, fiscales, jueces. Estos hechos violatorios de los Derechos Humanos podríamos preguntarnos si existe esa democracia plena de la que tanto anhelaba nuestro Premio Nobel. ¿Hubiera difo mejor si sus restos hubiera permanecido en el cementerio parisino de Père-Lachaise, cerca la tumba de Enrique Gómez Carrillo, Madame Saint Exupery, su primera esposa, de Chopin, Molière, Colette, Proust, Delacroix y de tantas mentes brillantes más allí enterradas. Y es que la idea de traer los restos de Asturias a su patria nació de su hijo Miguel cuando Bernardo Arévalo llegó a la presidencia con el apoyo de la ciudadanía porque era hijo del preclaro defensor de la democracia Juan José Arévalo. Pero resultó que su hijo era muy temeroso de actuar,  indeciso, sin capacidad gerencial, en nada comparable con su padre pues su hijo resutó demasiado cauto, quizás compremetido con algunos poderosos incluso antes de asumir el gobierno para que lo dejaran gobernar. Y no se atrevió hasta el momento a sin tocar a la estructura oscura de dicho pacto, el cual domina  el Congreso y las cortes, las judicaturas, la burocracia, la cancillería dejando a los diplomáticos a hijos y familiares de políticos y militares corruptos, colocando a co,o embajador en España a un diplomático, Jorge Skinner-Klee, que fue el cerebro de los oscuros de la expulsión de la CICIG cuando era representante de Jimmy Morales ante la ONU.   Y su política exterior marcada por la Casa Blanca e Israel tan igual a la de Jimmy Morales. Y presumiendo de socialdemócrata pues no lo es, votó abstención en la ONU el rechazo del bloqueo de Estados Unidos a Cuba de los que 130 países que lo condenaron porque ser un bloqueo sotra la humanidad. Tampoco se atrevió a enfrentar al Ministerio Público de Consuelo Porras desde un inicio, pues pudo haberla despedido con la Constitución en la mano, porque le daba ese derecho. Y ella se dedicó a perseguir a los periodistas socabando el libre pensamiento e incluso mandó preso y bajo tortura a José Rubén Zamora durante varios años sin que Bernardo Arévalo ordenara a la Dirección de Presidios a brindarle buen trato en la prisión ni presionó porque se le diera rresto domiciliario con fue el caso de varios detenidos políticos, entre ellos los capturados Luis Aroldo Pacheco Gutiérrez (expresidente de los 48 Cantones) y Héctor Samuel Chaclán (extesorero), junto con otros líderes comunitarios como Basilio Puac y Esteban Toc, acusado falsamente de terrorismo. Ya muy tarde Arévalo pidió disculpa pública del Estado en octubre de este año en el Patio de la Paz del Palacio Nacional. Además, no hizo nada por el cierre del diario elPeriódico, clausurado por órden de un tribunal.  

En realidad, no existe una democracia plena, sino una democracia de fachada, como bien dijo Mario Solórzano Martínez hace dos décadas, cuando Alfonso Portillo asumió el gobierno en 2001 y La Cofradía quiso suplantar a la burguesía tradicional de Guatemala y los pleitos se sellaron  en un acuerdo poco democrático, por  el cual Álvaro Arzú se hizo parte de este grupo como uno de los capos, razón de su pleito con Óscar Berger. Nuestro Premio Nobel estaría frunciendo el ceño al ver que nuestra democracia no es plena pues está lastimada y fracturada: Guatemala vive en un régimen híbrido con un puntaje de 5.84 en el Índice de Democracia de The Economist Intelligence Unit, y atraviesa una profunda crisis estructural caracterizada por la tensión entre la presidencia de Bernardo Arévalo y fuertes resistencias institucionales y de élites políticas. Parece que Bernardo repite el ejemplo de Álvaro Colom que fue otro quien usó el apellido de insignes políticos para subir escalones en la política sin tener madera de sus parientes. Pero a la vez varios de los ministros de Arévalo han sido comparsa del crimen organizado como fue el caso del ministro de Gobernación Francisco Jiménez que, tras el escape de la cárcel de más de 20 mareros de la Mara 18  condenados, salió huyendo del país y no se conoce su paradero. Y era íntimo amigo gay de Bernardo. Además, su ministro de la Defensa está involucrado en la masacre de Huité de hace un mes, donde murieron ocho personas inocentes por armas de militares que buscaban a un narco con tropas del ejército. El presidente desdibuja la carictura de nuestra democracia y pareciera que estuviera bajo el control de los mismos de siempre y hace su voluntad, como lo mencionó el difunto Solórzano Foppa y lo ha dicho Thelma Aldana de manera indirecta. Por eso sé que nuestro Premio Nobel estaría desilucionado de ver esta terrible realidad en donde me he quedo corto. Estoy seguro que no es la democracia que él hubiera querido para sus restos.

   Ahora que vienen sus restos, Arévalo se dio una escapada a España para salir del montón de críticas que recibe por la inseguridad y la corrupción de los fondos públicos que sigue en alza, a pesar de que la ejecución presupuestaria es mínima, pues no hay una buena gestión para la ejecución de obra.

Deseo, para finalizar, rendir mis respetos al hijo y nieto de Asturias, Miguelito y Sandino, que se han esforzado araduamente por traer los restos mortales del Premio Nobel, superando la escasa voluntad y capacidad de la anterior Ministra de Cultura y de nuestra Cancillería, para que los guatemaltecos estemos más cerca de nuestro insigne escritor. Conocí a Miguelito en los funerales de su padre. Y de ello hago mención de mi testimonio que escribí en junio de 1974:

“Tras la muerte del notable MAA en el hospital La Concepción, el 9 de junio de 1974, en Madrid, fue embalsamado y llevado al aula magna de la fundación Jiménez Díaz, para recibir el tributo de los intelectuales madrileños, estando allí presentes su esposa Blanquita, su hijo Miguelito y Nora su esposa. Luego, un avión los llevó a París  siguiendo los deseos de él y de su esposa Blanca, donde fue velado en la bella iglesia La Madeleine, muy parecida al Partenón griego, fría y oscura, donde concurrieron con lleno total su esposa Blanquita acompañada por Miguelito y Nora y centenares de personalidades de la cultura europea, su secretario Amos Zegala, la esposa de Rodrigo Asturias, mientras hacíamos guardia a su féretro Roberto Asturias Zamora, René Poitevin, Luis Alberto Padilla, Oswaldo Mazariegos, su médico de cabecera, Roberto Cáceres, Guillermo Paz, Dina de Paz, Laura Hurtado, Celeste Aída Meneses y mi persona, más cinco guatemaltecos, ninguno de la embajada de Guatemala, pues Asturias había renunciado como embajador a la llegada del coronel Carlos Arana Osorio a la presidencia. No eran los doscientos guatemaltecos que asistieron al funeral de Enrique Gómez Carrillo, como Asturias me lo dijo una vez, y ya veremos por qué. Se dieron sendos discursos laudatorios. Los principales diarios franceses daban las noticias en la primera página como si fuera uno de sus hijos ilustres. ¡Salud por nuestro Premio Nobel!

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