Lo sucedido en Chile y Honduras me recordó el adagio: Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Ambos con gobiernos “progres” y escasos resultados concretos de gestión, prepararon el escenario para lo que llegó. Los dos países con expectativas de repetir gobierno, pero que en la recta final, se derrumbaron.
Más allá de narrativas y discursos, la mayoría de ciudadanos que resienten el impacto de la crisis en sus condiciones materiales de existencia (seguridad, transporte, trabajo, salud, educación) lo que exige es resultados concretos, pues con los conceptos de democracia, libertad, justicia, igualdad, equidad de género, conciencia social, no se come. Como complemento a lo que afirmo, puede consultarse mi artículo: https://epinvestiga.com/opinion/hablemos-de-los-progres/
La derecha retorna en ambos países, en sus versiones más feas y tristes. Extraña más de Chile por su histórica formación política, pero al final, se nos viene una ola de restauración ultraconservadora que debemos advertir con análisis crítico, pues tocará otros territorios y no creo que los sectores democráticos estemos preparados para afrontarla.
El Salvador, todos los sabemos, cuenta con un gobierno autoritario de derechas, muy cercano a Trump, como lo estará Honduras, pues ambos finalistas son variantes de un mismo proyecto ultraconservador.
Nicaragua renunció a las izquierdas desde hace mucho y lo que se tiene es un gobierno pragmático, ejercido por una pareja presidencial centrada en el férreo control de una cuasi dictadura para garantizar los negocios de una camarilla que traicionó los ideales sandinistas.
Las conquistas y base social heredada de la Revolución se les están agotando y, dogmatismos aparte, ese desgaste pasará factura más temprano que tarde. Los empresarios que hoy siguen apoyando al malogrado Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no lo pensarán mucho a la hora que la sustitución del cartel sea viable, creo, en el mediano plazo. Mantener sus privilegios es la prioridad. Mientras tanto, los altos mandos del ejército, tampoco es que sean muestra fiel y permanente de lealtad, más si el imperio del norte aprieta.
Como si los nubarrones grises no fueran suficientes, el 1 de febrero de 2026 (en 57 días) se darán elecciones presidenciales en Costa Rica. Me parece raro que aún no haya favoritos claros, pero según la mayoría de fuentes, se prevé que la tendencia sea hacia la conservación, con un posible enfoque en soluciones pragmáticas en lugar de ideologías puras, y temas como la seguridad y la lucha contra el crimen organizado ganan protagonismo. Por cierto, se debe entender el concepto de seguridad en su integralidad y profundidad, pues es algo mucho más allá de mayor número de policías o acciones represivas, de ahí su impacto en la población.
El otrora ejemplo de democracia representativa en la región, ya no lo es más, no solo por la fragmentación partidaria sino por las graves consecuencias de gobiernos abiertamente liberales (en el sentido tropical del término) o de características progres, que lo único que hicieron es fomentar el giro conservador del electorado tico.
Revisando análisis, opiniones y discusiones en la que fue llamada la Suiza de América, concluimos que la opinión pública costarricense tiende a inclinarse hacia posiciones conservadoras, lo que podría disminuir –sustancialmente– las posibilidades del ascenso de gobiernos de izquierda o, incluso, moderados. El voto podría estar más enfocado en resolver problemas concretos como la corrupción, la inseguridad y el crimen organizado, en lugar de seguir agendas ideológicas propiamente dichas.
Aunque Costa Rica ha avanzado en derechos de las mujeres, la diversidad y la ecología, el comportamiento electoral podría seguir siendo conservador e incluso virar más a la derecha, lo que representa un desafío para las políticas Woke, según el análisis de la Universidad de Costa Rica: Posiciones-conservadoras-podrian-determinar-resultados-de-elecciones-nacionales-del-2026
La contienda electoral del 2026 también elegirá a dos vicepresidentes (figura inexistente en la región) y 57 diputados para la Asamblea Legislativa, como indica el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica.
Finalmente, Panamá tuvo elecciones el año pasado pero las condiciones son similares en cuanto al fraccionamiento partidario y el rechazo a los políticos tradicionales, que han optado por formar agrupaciones “nuevas” en torno a sus figuras personales. El voto de castigo se debe a los escándalos de corrupción, la pobre gestión de las crisis y el incumplimiento de promesas de la democracia.
La tendencia conservadora también se ha impuesto en Panamá, ya que desde la huida a Nicaragua del expresidente Martinelli (por corrupto) los candidatos a los que ha endosado su voto, han alcanzado una tercera parte del electorado: José Domingo Arias en 2014 (31,4 %), Rómulo Roux en 2019 (30,9 %) y José Raúl Mulino en 2024 (34,2 %) actual presidente.
En 2006, Guatemala tendrá importantes elecciones de segundo grado que, dada la correlación de fuerzas, no prevé ningún cambio a favor de la democracia sino más bien, una consolidación del poder corrupto. Después de esto, las elecciones de 2027 serán puro trámite, pues la fragmentación partidaria no hace sino esconder la perversión de obligar al electorado a votar (no elegir) por una gran cantidad de seudopartidos, alienados casi todos, a la extrema derecha.
¡¡Se nos viene una helada encima y nosotros en mangas de camisa!!
Tags: elecciones de segundo grado Frente Sandinista de Liberación Nacional Nicaragua progres







