Mucho de lo que hasta hace poco tenía valor, ha perdido ese carácter. Por ejemplo, antes se concebía que las sociedades evolucionaban, lento o rápidamente, pero cambiaban dando pasos hacia delante. Actualmente, presenciamos con preocupación la involución de la humanidad. Pasamos de disminuir la intensidad de los cambios a la decadencia, la cual no parece tener límites. De esa forma, a escala global, pasamos de ser gobernados por los mejores o a quienes se concebía con los mejores atributos para dirigir, a ser liderados por mediocres, y ahora por los descerebrados. Lo que antes era determinante, ahora son escenarios dominados por el relativismo (depende de quiénes sean los actores de poder que tengan la sartén por el mango).
La crisis civilizatoria llegó para anclarse por largo tiempo. No se ve en el panorama al alcance factores que alteren la caída libre. Sobornar como recurso de último momento para revertir un previsible resultado electoral, o bien en el plano nacional, esperar, pero no con ansias, el relevo político de 2027 a sabiendas que las nóminas de candidatos son ampliamente dominadas por perfiles políticos-criminales, son algunos de los ejemplos que confirman la tendencia.
Mientras tanto, quienes tienen en sus manos ciertas porciones de poder, parecen obcecados en cruzar de brazos o ampliamente superados por las olas regresivas, con lo cual se convierten en facilitadores para el advenimiento de los creadores de falsas realidades que buscan convencer a los electores hartos de los mismos recetarios, quienes por incapacidad, atracción fantasiosa o simplemente, atraídos por los portadores de humo, terminan legitimando a los grotescos personajes que avanzan por el control de amplias porciones del globo, sin mayores contrapesos.
La ausencia es causante de daño, de consecuencias inimaginables. Su efecto es mayor que la inexistencia, porque solo está ausente quien antes estuvo, pero dio un paso al costado. Su arribo pudo ser considerado como oportunidad, de las pocas, de provocar el giró de timón necesario para encontrar rutas de cambio, pero cuando deja el escenario o se queda como figura, refuerza la “necesidad” de apelar al desconocido, que podría “solucionar”, más que solo “prometer”.
La carencia de liderazgo que ponga freno a los desenfrenos por doquier sigue siendo un lastre en nuestras sociedades. De nada sirven los “líderes” que se resisten en utilizar las herramientas de poder a su alcance, o que viven obnubilados, se marean en un metro cuadrado y se regocijan por las dosis diarias de servilismo, en lugar de tomar decisiones asertivas. Son estos, los que están desconectados con la realidad que los envuelve, las principales piedras en el zapato porque son como el perro del hortelano, ni comen ni dejan comer. Son estos los que impulsan o se dejan llevar por medidas, como el reciente decreto aprobado en el Congreso, donde se disfraza un nuevo subsidio como medida de estabilización y precios de referencia, ante el persistente incremento en el precio de los combustibles; creyendo o haciendo creer que tal medida aliviará la economía familiar; cuando en realidad está más que probado que es una decisión engañosa y artificial. Lo que quiso ser un disuasivo para disminuir tensiones, se ha convertido en factor provocador de una crisis en ascenso. Renzo Lautaro Ros
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