España, Hispanoamérica y su independencia

Fernando González Davison

septiembre 16, 2026 - Actualizado septiembre 15, 2026
Fernando González Davison

En 1808, Europa y el mundo vivían una profunda transformación dominada por la expansión del Primer Imperio francés bajo el mando de Napoleón Bonaparte, un periodo que quebrantó el orden del Antiguo Régimen. Napoleón controlaba gran parte del continente europeo mediante anexiones y estados satélites. En mayo de 1808, tras las abdicaciones de Bayona, Napoleón impuso a su hermano José Bonaparte como rey de España, lo que provocó el levantamiento popular en Madrid y dio inicio a la Guerra de la Independencia española.

El pueblo español, apoyado por el Reino Unido y Portugal, combatió al ejército francés, infligiéndole derrotas notables como la de Bailén, en Jaén, lo que demostró que las fuerzas napoleónicas no eran invencibles. Europa sufría las consecuencias del Sistema Continental, un bloqueo comercial impulsado por Napoleón para ahogar económicamente a los británicos. El vacío de poder en Hispanoamérica, derivado de la usurpación de la corona española, generó una crisis de legitimidad también en las colonias americanas. En algunas de ellas se crearon las primeras Juntas de Gobierno, lo que sembró el inicio del proceso de independencia en el continente.

       Para defenderse del bloqueo, el Imperio británico expandió su comercio global, consolidándose como el principal rival de la hegemonía francesa en el Viejo Continente. Fue 1808 el año catalizador definitivo que desencadenó el proceso de independencia en América Latina. Fue parte de la implosión política interna del “imperio” español, provocada por la invasión de Napoleón a la península ibérica, como se reitera. Este personaje fue el culpable de esas luchas por la independencia, pues Napoleón impuso a su hermano José Bonaparte como rey español, y se rompió el vínculo jurídico e ideológico con sus colonias en América. Las leyes coloniales estipulaban que los reinos americanos eran posesiones directas de la Corona, no de la nación española. Al no reconocer al monarca francés por considerarlo ilegítimo, las colonias entraron en un estado de acefalía política o vacío de poder.

    Los ingleses, en defensa de sus intereses, ayudaron al pueblo español a liberarlo de los galos y, además, planificaron su estrategia para hacer lo mismo con América del Sur. ¿Y cómo ayudar a Simón Bolívar y a San Martín para que pudieran derrotar a los remanentes realistas que eran leales a José I, hermano de Napoleón, para apropiarse de su mercado sin trabas, ante el bloqueo a sus productos en Europa continental? Londres dio armas a los españoles en su guerra de liberación nacional contra los galos y también a los dos libertadores que vivieron en Londres y asistieron a logias masónicas donde estuvieron de acuerdo en aquel plan de sacar a los españoles de sus tierras y poner a los criollos en su lugar.

       En Nueva España era otra las historia. Dada la desigualdad del sistema de castas donde los españoles peninsulares tenían privilegios amplios y menos los criollos, aunque ambos explotaban a los indígenas, mestizos, afromexicanos que sufrían de marginación, pobreza y explotación, surgió el cura Miguel Hidalgo y Costilla y dio el Grito de Dolores en 1810 al ser descubierta su conspiración, y convocó al pueblo de Dolores haciendo sonar la campana de la parroquias.

Su discurso llamó a luchar contra el «mal gobierno» colonial. Formó una tropa y luego tuvo la ayuda del cura José María Morelos. Estaba compuesta de campesinos, indígenas, pardos y mestizos armados con herramientas de trabajo. Y abolió la esclavitud (como hizo Haití al vencer a los franceses en 1802) y el fin del pago de tributos en Guadalajara antes de ser capturado y fusilado en 1811. Pero Morelos retomó a la bandera de la Virgen de Guadalupe como su estandarte popular y, luego de ser fusilado, pasó la estafeta popular al pardo Vicente Guerrero.

Por supuesto que todo ello alarmó a las autoridades del sur, allá en el Reino de Guatemala, y a su nuevo capitán general José de Bustamante y Guerra, que relevó en 1811 a Antonio González Mollinedo y Saravia. Bustamante fue leal a la Corona española sin importar que fuera José I, y se enfrentó de manera frontal a los movimientos insurgentes inspirados por la independencia de Nueva España y reprimió con dureza conspiraciones locales, como la Conjuración de Belén en 1813.

Se opuso abiertamente a la Constitución de Cádiz de 1812,  donde se estableció la igualdad entre peninsulares y criollos de las colonias durante la lucha popular contra los franceses.   Siguió cual dictador a pesar de la llegada de Fernando VII a la corona española y gobernó con mano dura hasta 1818, cuando fue sustituido por Carlos Urrutia y Montoya.

El golpe militar de Rafael del Riego en Madrid en 1820 obligó al rey absolutista Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz, lo que reactivó la libertad de imprenta, las elecciones populares y la participación de diputados de ultramar en las Cortes de Madrid.

Los liberales en España creían que la vigencia de dicha Constitución frenaría el descontento en América, pero las élites criollas vieron como una amenaza las libertades y las elecciones que dispuso dar Madrid liberal, pues ellas ya detentaban la mayoría de puestos en la administración colonial. Además iban a perder el monopolio comercial del que gozaban al controlar los consulados en la ciudades de México y de Guatemala.

Tampoco apoyaban las reformas anticlericales y liberales procedentes de Madrid. El Plan de Iguala, elaborado  por Agustín de Iturbide, criollo al frente de las tropas realistas que perseguían al pardo Guerrero, negoció con este en 1821 una independencia conservadora que mantuviera el statu quo monárquico, en espera que Fernando VII recuperara el poder.

Entretanto, el capitán general del Reino de Guatemala, Urrutia y Montoya, renunció a su cargo ante la presión de la élite comercial criolla del clan Aycinena que declarara la independencia siguiendo el ejemplo de Nueva España que dio pie a la independencia de México. Urrutia delegó su cargo en Gabino Gaínza en marzo de 1821, militar recién llegado a la capital del reino, bien sabido de las intrigas que tramaba Mariano Aycinena no solo contra España, sino contra las provincias del Reino de Guatemala (que iba de Chiapas a Costa Rica), que no estaban conformes en que su clan controlara los precios de los productos que producían y las vías portuarias lejanas que les imponía. Y de prisa, sin plan alguno salvo defender sus intereses de familia, Mariano Aycinena con su sobrino el marqués, redactaron el Plan Pacífico con la idea de independizar al reino (para luego anexarse al imperio de México en gestación), que ya fraguaba Iturbide, el futuro emperador mexicano.

Luego de declarada la independencia el 15 de septiembre de ese año en ciudad de Guatemala, no se hizo caso de la cláusula de que debía llamarse a una asamblea del reino para que la aprobase. Sin embargo, se pasó a la anexión a México en enero de 1822, cuyo imperio se desmoronó al año siguiente. En el ínterin, las tropas mexicanas al mando de Vicente Filísola controlaron El Salvador, estado que prefirió unirse a Estados Unidos antes que a una monarquía mexicana, pero la Casa Blanca rechazó su pedido.

Al volver Filísola a México, dejó a Centroamérica sin un poder exterior  y dejó libres todas las fuerzas centrífugas intercriollas del reino que habían permanecido latentes y subterráneas durante siglos, y la guerra intestina vino tras constuirse la república Provincias Unidas del Centro de América. Los dos polos en pugna eran, de un lado, los productores de El Salvador, Nicaragua y Honduras, contra la capital, donde mandaba la élite comercial del clan Aycinena. La pólvora definirá el conflicto entre ambos grupos criollos, cuya secuela será el fraccionamiento de Centroamérica.

Tags:
0 Comentarios

Comentarios de la comunidad

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?