La gráfica que acompaña esta columna es una composición elaborada con inteligencia artificial. Superpone, de manera aproximada, la evolución de los resultados PISA con la expansión de los smartphones y las redes sociales. No pretende demostrar causalidad ni sustituir un análisis estadístico; simplemente coloca juntas, por razones visuales, dos tendencias que invitan a hacerse una pregunta incómoda. La relación con el precio de los combustibles quizá no sea evidente al principio. Lo será al final de esta columna.

No hacen falta las explicaciones de los economistas cuando una conversación cotidiana explica mucho más claramente los fenómenos. ¿Para qué gastar tinta cuando un creador digital lo ha dicho de manera magistral? Este es el caso de Salvador Betancourt, quien se define a sí mismo como alguien que prefiere tener una mente abierta al asombro que cerrada por sus propias creencias. Su comentario de hace un par de días sobre la crisis de los combustibles merece ser citado textualmente:
Creen que el presidente controla el precio del barril de petróleo (eso es internacional, nadie desde Guatemala lo mueve) y que puede quitar o poner impuestos solo (él propone, pero el Congreso es el que decide). Y de ahí ya asumen que el gobierno “no tiene nada que ver” con el precio de la gasolina o que el mercado es libre total. Falso, pues: el Estado sí mete mano con impuestos, subsidios y hasta topes temporales (como el decreto que acaban de aprobar). El error no es pedir que hagan algo, sino creer que con solo gritarle al presidente la gasolina baja de un día pa’l otro. Y luego se van a tapar las calles. Eso hace más daño del que arregla. Los resultados de PISA explican un poco por qué anda tanta gente con versiones tan simplonas de cómo funcionan los precios de verdad. Dale SOS libre de manifestar. Pero ojalá así fueras de libre de poder aprender cómo funcionan las cosas.
Publicado por Hey Salvi en su cuenta de Facebook el pasado 11 de septiembre de 2026. https://www.facebook.com/heysalvi/posts/pfbid038CUFxf16ACG3p6pEoETTj7oi89de4dkak3164PyYr3bDbuRMiEh6HFCtkE9Ah6Dhl
Su referencia a PISA abre una cuestión que merece una reflexión más profunda: la capacidad para el pensamiento abstracto necesaria para comprender la problemática de los combustibles. Giovanni Sartori, en Homo videns (1997), sostenía que la primacía de lo visible sobre la palabra y el concepto podía deteriorar la capacidad de abstracción necesaria para entender fenómenos complejos. Su preocupación era que la TV debilitara el paso de lo que se ve a lo que se entiende: sustituir conceptos por representaciones inmediatas. Es decir, intentar comprender un sistema abstracto mediante una lógica visual, inmediata y personalizada.
El precio de los combustibles es un ejemplo magnífico de esto porque casi todo lo importante es invisible. Se ve al presidente. Se ve el precio en la bomba. Se ve al motociclista pagando Q100. Se ve una manifestación. Se ve a un diputado anunciando que “bajará los precios”. Sin embargo, lo que no se ve es lo más importante. Para comprender el fenómeno hay que construir mentalmente una cadena causal que no puede fotografiarse. Como el presidente es visible y el mercado mundial no lo es, el presidente “es responsable” del precio de la gasolina. Como el subsidio hace bajar el número que aparece en la gasolinera, el subsidio “abarata” el combustible, aunque otra persona termine pagando la diferencia mediante impuestos, deuda o menos servicios públicos. Como cerrar una carretera es una acción visible, parece una forma de “hacer algo”, mientras los costos de todos los afectados por los bloqueos quedan fuera del campo visual.
Si a Sartori le preocupaba que la televisión pudiera empobrecer el tránsito de la imagen al concepto, TikTok, Facebook, X o Instagram añaden incentivos para que gane la explicación más corta, la indignación más intensa, el culpable más identificable y la solución más simplona. Una explicación de treinta segundos como “el gobierno no está haciendo nada” compite con otra que exige entender mercados internacionales de derivados, elasticidades, impuestos específicos, IVA, pass-through, competencias del Ejecutivo y del Legislativo y restricción presupuestaria.
Algo de esa preocupación es lo que pretende ilustrar la gráfica del inicio: el deterioro de ciertos resultados educativos coincide en el tiempo con la extraordinaria expansión de los smartphones y las redes sociales. No prueba que una cosa cause la otra, pero sí plantea una pregunta pertinente sobre un ambiente cognitivo que premia la reacción rápida, la imagen, la emoción, la personalización y la certeza, mientras exige cada vez menos atención prolongada, lectura, abstracción, razonamiento cuantitativo y comprensión causal.
A Guatemala le cayó encima un problema que no controla: un choque internacional en los precios de los combustibles. Pero ese problema externo se convierte también en uno doméstico: la dificultad para comprender cómo se forman los precios, qué puede hacer el Gobierno, qué corresponde al Congreso y quién termina pagando las soluciones aparentemente gratuitas. Sartori quizá no imaginó que el homo videns llevaría algún día una cámara, una tribuna política y una herramienta de movilización dentro del mismo teléfono. Nunca el ciudadano había tenido tantos instrumentos para hacerse escuchar y tan pocos incentivos para detenerse a entender antes de hablar. El petróleo caro viene de afuera. La incapacidad para entenderlo es producción nacional.
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