El péndulo estéril de las ideologías y la muerte de las ideas

Mariana Rohrmoser

diciembre 16, 2025 - Actualizado diciembre 15, 2025
Mariana Rohrmoser

Las crisis que atraviesan países como el nuestro y gran parte de América del Sur y Norte no pueden explicarse únicamente en términos de corrupción, debilidad institucional o falta de voluntad política. Eso sería quedarse únicamente en la punta del iceberg del problema.

Esta situación genera una problemática mucho más profunda y estructural; y, sobre todo, más peligrosa, pues la política ha perdido el norte, la lealtad de quienes la practican y sus más profundos valores, sobre todo porque sus individuos han preferido profesar y refugiarse en ideologías probadamente agotadas, por sobre las ideas.

Durante décadas se nos prometió que la solución estaba en elegir “el lado correcto” del espectro ideológico. ¡Tremenda falacia!

Se incrustó la teoría de que bastaba con girar a la izquierda o a la derecha para corregir el rumbo.

Hoy la realidad es contundente y se evidencia que el péndulo va y viene, pero el mismo no construye absolutamente nada y se comporta de la misma manera. Cambian los eslóganes y lemas, cambian las palabras y los discursos, cambian los colores y hasta las banderas, pero el resultado es el mismo: instituciones fraccionadas, con personajes desleales con doble cara, sin valores, frágiles y volátiles, así como sociedades fragmentadas y Estados incapaces de materializar el bienestar que tanto prometieron.

Hoy Chile es un claro ejemplo de este agotamiento.

Chile es un ejemplo particularmente elocuente de esta dinámica. La administración de Gabriel Boric llegó al poder como una promesa de renovación generacional y ruptura con el pasado, pero pronto evidenció una grave carencia de estrategia de largo plazo, conducción política y capacidad de articular consensos amplios.

El gobierno quedó atrapado entre una retórica transformadora y una ejecución errática, incapaz de traducir ese discurso en políticas públicas sostenibles. La falta de claridad para trazar un rumbo, los tropiezos en la agenda constitucional y la debilidad para gobernar con pragmatismo terminaron erosionando la confianza ciudadana.

Lejos de consolidar un nuevo proyecto de país, dichas falencias recrearon el escenario perfecto para el retorno del péndulo, esta vez hacia la derecha, no como una adhesión ideológica profunda, sino como un voto de castigo, de cansancio y de búsqueda desesperada de orden y certeza. Así, Chile no avanza: oscila. Cambia de signo político, pero no de lógica.

Por lo tanto, el problema no es quién gobierna, sino la ausencia de visión estratégica y de ideas capaces de sostenerse más allá de un período presidencial.

Lo que vemos no son proyectos de nación en disputa, sino clubes electorales que se activan cada cuatro años, sin estructura, sin visión de mediano y largo plazo, dejando por de lado el compromiso real por el fortalecimiento institucional.

Es devastador observar una y otra vez el surgimiento de partidos políticos que no forman cuadros, no generan pensamiento crítico y estratégico, sin consolidar políticas públicas sostenibles.

Qué triste puede resultar percatarse que los supuestos partidos políticos no representan una genuina esperanza transformadora, a través de la construcción y materialización de ideas que permanezcan en el tiempo y en el espacio.

Por el contrario, sólo constituyen el aglutinamiento de personas con intereses voraces, a la caza y a la pesca de beneficios e intereses, olvidando el verdadero sentido del servir, sosteniéndose de infructuosas y aburridas narrativas, de orden ideológico. Son pues, constructores de consignas y palabras bonitas, productoras de un marketing político.

Esas ideologías, que en algún momento ofrecieron marcos de interpretación del mundo, hoy se han convertido en dogmas vacíos, incapaces de responder a las complejidades reales y actuales que enfrentan las sociedades.

Las mismas ya no orientan y por el contrario sólo dividen. Ya no explican y sólo tienen por finalidad complicar y confundir a la ciudadanía. Ya no proponen, y sólo repiten sin sentido y sin fundamento. Y en esa repetición estéril, los países quedan atrapados en un vaivén constante que desgasta a la ciudadanía y erosiona la confianza en la democracia.

El resultado que actualmente se evidencia, es una debacle institucional silenciosa pero persistente. Hoy, se vive entre Gobiernos sin estrategia, sin prioridades claras, sin capacidades técnicas, ni políticas claras para ejecutar.

A través de este largo continente e incluso abarcando otras latitudes de este globo terráqueo, se encuentran Estados capturados por intereses cortoplacistas, sin rumbo y sin norte.

Se han abandonado las ideas constructivas para incrustar ideologías que solo infunden miedos y provocan los péndulos peligrosos, que mantienen a las sociedades cansadas, polarizadas y cada vez más desconectadas de la política formal.

¡No hay conducción, sólo reacción!

¡No hay proyecto, sólo improvisación!

¡Urge decirlo con claridad: ya no queremos ideologías; queremos ideas!

Ideas que se traduzcan en políticas públicas viables. Ideas que convoquen a la unión y no a la confrontación permanente. Ideas que parten de la realidad y no de manuales escritos para contextos que ya no existen. Ideas que se materialicen en instituciones fuertes, reglas claras y resultados medibles y tangibles.

Las regiones no necesitan mesías ni redentores ideológicos.

Se necesita liderazgo con carácter, sin abusos de poder, pensamiento estratégico, sin bloqueos por envidias y egos.

Se requiere capacidad de diálogo profundo y sincero, que permita arribar a conclusiones que se concreten y materialicen. Se necesitan consensos mínimos para sostener políticas de Estado más allá de los ciclos electorales. Se necesita una ciudadanía activa que exija propuestas, adquiera corresponsabilidad y no sólo prefiera discursos y quejas.

Se necesita con contundencia planes y no promesas, ejecución y no excusas.

Seguir atrapados en el péndulo es condenarnos a repetir el fracaso. Por lo tanto, repetir errores del pasado ya no es una opción. La política debe reinventarse o terminará perdiendo el sentido que le da vida.

Todos los ciudadanos debemos tomar conciencia, y tener muy en claro que los pueblos ya no esperan relatos, esperan resultados.

Tags:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?