Nuevos jugadores del veto

Renzo Rosal

mayo 16, 2025 - Actualizado mayo 15, 2025
Renzo Rosal

La lista de los que quieren ser veto players va en aumento. Son varios los actores, instrumentalizados la mayoría, que se han convertido en saboteadores de la democracia. Unos, con la defenestrada idea de traerse abajo a la administración que no vieron venir, pero que se han transformado en “piedras en el zapato”; otros porque anhelan el regreso al pasado retrógrado y desfasado en tiempo y espacio.  El propósito común es traerse abajo todo lo que “parezca” en peligro, o que se pueda convertir en falsa narrativa de ello.

Estamos experimentando un período de recambio en los veto players. Antes, eran los actores sectoriales que, con la amenaza real o simbólica de somatar la mesa, buscaban por todos los medios (formales e incluso ilegales) salirse con la suya. Desde el “derecho” de picaporte, hasta las amenazas, los actores de veto han estado presentes siempre. Estos han tenido que ceder terreno a la “nueva generación” de vetadores.

Estamos ante un ciclo en donde aparecen actores que anhelan convertirse en decisores reales o con la suficiente influencia para ser las talanqueras de casi cualquier decisión de orden público. Intentan, incluso, con la venia de actores institucionales, convertirse en los actores que “sin su acuerdo no es posible sacar adelante ningún proyecto que afecte sus intereses”.

Vetar está de moda. Utilizan las redes sociales, los programas de medios claramente sesgados, eventos públicos montados a la medida como plataformas amplificadoras. Del otro lado, algunos sectores les ponen atención atraídos por una narrativa cargada de mentiras; pero que queda a la medida, ante audiencias con limitada cultura política. 

No olvidemos que la nueva generación de intento de vetadores, son actores informales por excelencia, y, por lo tanto, no sujetos a responsabilidad política. En dos platos: se aprovechan del enorme velo de la impunidad.

Los pulsos políticos no se detienen. Ni la oficialización de los resultados electorales en 2023, ni la toma de posesión pusieron alto, o al menos minimizaron el ímpetu de los opositores. Tal parece que en realidad sucedió lo contrario. El tanque de combustible de los destructores es de un tamaño mayor de lo previsto. Las embestidas continúan. Pero ¿contra quién? La respuesta obvia sería contra lo que les suene como opuesto a sus intereses. Los sucesos de las últimas semanas, unos en la arena legislativa y otros en diversos terrenos, indican que el propósito del descarrilamiento es mayor a la lógica inicial de los intereses contrarios. Se busca aprovechar cuanto “espacio de oportunidad” encuentren los detractores a su paso para ir contra lo que se coloque por delante, simplemente para colocar piedras en el camino.

El más reciente episodio son los cuestionamientos, sin fundamento, en contra del levantamiento de la reserva al artículo 27 de la Convención de Viena. Con la bandera de la supuesta amenaza que ese hecho “genera” soliviantan los ánimos, despotrican utilizando una serie de “explicaciones” sacadas de la manga, buscan defenestrar a los impulsores, aprovechan el escenario del miedo para “advertir” que semejante acción trae consigo un sinnúmero de consecuencias negativas. Todo para engatusar, mover las aguas, provocar y crear desaliento continuo.

Ninguna sociedad puede salir adelante, ni siquiera centímetros, en semejante escenario. La contaminación ha traspasado cualquier límite previsto. A esto cabe sumar las tendencias globales que van por el mismo lado ¿Quiénes, por más geniales que sean sus ideas, querrán meter sus manos en un ambiente tan contaminante, como el que prevalece? Este horizonte inviabiliza casi cualquier proyecto de nación decente, democrática y que aspire al desarrollo integral.

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