Sin duda alguna el desarrollo de la tecnología ha sido la punta de lanza del desarrollo humano, principalmente en los últimos tres siglos. Primero fueron las máquinas de vapor, en 1800, que se construyeron y dinamizaron la industria. Además, significaron un cambio trascendental en el transporte y las comunicaciones. El siguiente siglo, 1900, fue el de las telecomunicaciones pues surgen fundamentalmente la radio y la televisión, así como las computadoras, los teléfonos móviles y la internet.
Pero todo esto ha quedado en la historia. Estamos en la era digital, principalmente empujados por la Inteligencia Artificial, mejor conocida como IA, por sus siglas. Aunque, por supuesto, no puede dejar de mencionarse el avance de la robótica y los esfuerzos humanos por construir máquinas que nos sustituyan, básicamente en tareas que actualmente son exclusivas para el trabajo humano.
Todo esto, aunque muchos se niegan a aceptarlo, nos puede llevar a la misma destrucción de la humanidad. Las máquinas, cómo película de ciencia ficción, podrían llegar a tomar el control del mundo. Y esto no es nuevo. Existen múltiples teorías en este sentido, desde hace décadas.
Así como los de generaciones como la X vimos la ficción de las videollamadas familiares en la serie de caricaturas de William Hanna y Joseph Barbera, también fuimos testigos de la zaga que protagonizó Arnold Schwarzenegger como Terminator, que produjeron Gale Anne Hurd, Hohn Daly y Derek Gibson. En ella se plantea una guerra entre las máquinas, producto del desarrollo tecnológico y los humanos, planteando la posibilidad de que las máquinas cobren un protagonismo que sus fabricantes niegan.
Pero eso es obvio. Cómo van a aceptar los fabricantes de un producto que será perjudicial para los seres humanos. Nadie los compraría.
Hoy día, todos recurrimos a la IA para cumplir muchas tareas. La música, por ejemplo ya es construida con IA, las plataformas para ello abundan. Luego, no sólo pueden obtener una canción sino también un video clip de tu canción, siendo tú el protagonista, aunque no sepas ni pisca de música, carezcas de oído musical y seas dominado por el arte escénico. Basta con que ingresas unas frases, aunque sean descuadradas, en una plataforma y esta se encarga de forzar la composición de los compases con las palabras que le proveíste. Y para el video, ingresas “tu canción” y luego tu fotografía y listo, en segundos tendrás un videoclip profesional.
De momento muchas de las animaciones no son exactas, fallan en rasgos faciales, pero seguro en breve alcancen la perfección.
Las plataformas de IA te ayudan con todo. Te dan datos históricos, descubrimientos, nombres de científicos o políticos, direcciones, comentarios y hasta te escriben libros.
Todo este fascinante desarrollo nos lleva a dos grandes problemas. Por un lado el aletargamiento del cerebro humano. Los niños hacen de todo, pero sin las plataformas de inteligencia artificial no pueden hacer nada. Son una especie de genios sin inteligencia propia. Antes, los niños nos fabricábamos nuestros propios juguetes. Desarmábamos algunos y los volvíamos a armar con mucha facilidad. Aprendíamos a tocar guitarra y a componer nuestra propia música. Hoy todo eso es un sueño.
Los jóvenes de hoy carecen de un pensamiento crítico real, excepto por los análisis que consiguen en las plataformas de la IA.
Y que decir de las máquinas. Ya hay robots que se mueven con mucha habilidad y van alcanzando cada vez más las habilidades de los humanos. También hay robots que simulan animales que ya fungen como guardianes.
A ese paso, la humanidad crece a pasos agigantados en términos cuantitativos, pero pierde espacio en términos cualitativos frente a las máquinas. ¿No es este acaso el principio de Terminator, pero sin Arnold Schwarzenegger? ¿Las máquinas y las plataformas de IA no están desplazando de sus trabajos a los seres humanos?
Claro que si le preguntamos a un fabricante responderá que no, que los humanos tenemos que aprender a dominar las plataformas y a controlar a los robots y asunto solucionado. Pero esa baratija de respuesta es falsa.
Para empezar, los algoritmos nos mantienen alejados de la realidad y nos encierran en lo que Eli Pariser llama los Filtros Burbuja. Nos hacen pensar que nuestra verdad es la única porque todo nuestro entorno está construido por ideas como la nuestra. Nos esconden la contraparte y siguen abonando al aletargamiento de nuestros cerebros o los de nuestros hijos.
Las personas ya se quedan sin empleo. Para lograr una canción grabada, antes necesitabas estudiar música, esos profesores están perdiendo su espacio. Luego necesitabas comprar un instrumento, pero luego necesitabas contratar a una banda de al menos cinco músicos, cuando no 10 o más. Todos ellos se están quedando sin trabajo. Después contratar a un estudio de grabaciones con su respectivo grabador (ingeniero de sonido). Este ya se quedó también en el aire. Es más, no me dejarán mentir que muchos sellos discográficos han pasado a la historia. Una plataforma, por US$10 al mes te hace todo esto, las veces que los créditos de aguanten.
En muchos países ya comienzan a tomar medidas correctivas, asustados por el daño que todo esto está causando a la humanidad. En los países escandinavos están prohibiendo los celulares, las tablets y las computadoras para los niños, por ejemplo. Los quieren devolver al método antiguo de aprendizaje. Un maestro explica, los alumnos escuchan y toman notas en sus cuadernos, para luego releer, hacer tareas para confirmar la obtención del conocimiento y llegar al punto de la evaluación que dirá si de verdad están preparados para la vida.
Pensemos qué queremos realmente para nuestros descendientes. Busquemos la forma de sacar provecho a la tecnología, pero sin promover el aletargamiento de nuestros cerebros. Sigamos siendo humanos.
Periodista y Profesor Universitario
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