Guatemala ya casi está entrando a la etapa designada oficialmente como preelectoral y el terreno político está cambiando mucho precisamente para que todo siga más o menos igual.
Entre las derechas estamos viendo algunos cambios de colores, símbolos y banderas que dejan sin tocar todo el trasfondo ideológico y político. Por ejemplo, el Partido Verde, que desde su fundación en 2025 perteneció a Delia Bac y de verde no tenía otra cosa más que el color, se ha vuelto el partido Calidad, un atributo del cual tiene tanto como las mojarras de Amatitlán; el partido Revolución es ahora Firmes, aunque su núcleo ideológico sea tan firme como la gelatina, una gelatina ideológica controlada por diputados/as que, por una u otra razón, se quedaron huérfanos/as en el legislativo y, obviamente, ¿por qué no formar su propio partido político y entrarle a la lotería?
El sistema político pasa así por un nuevo ciclo de proliferación de fuerzas emergentes y comités pro-formación incluyendo Revolución/Firmes, XGuate (del eterno candidato presidencial Edmond Mulet), Chapín, Orguate, Ciudadanía Celeste, etc. que se la están rifando en busca de adherentes o vehículos electorales y así constituirse como partidos oficiales para entrarle a la lotería política de 2027. El Tribunal Suprimo Electoral (TSE) ya ha oficializado a agrupaciones como Servir donde figura el ex candidato de la derecha empresarial y populista Carlos Pineda y Fuerza por Guatemala, la reencarnación del partido Fuerza, dirigido por Mauricio Radford. En total, en un país donde realmente existen solo dos o tres opciones sólidamente ideológicas, ahora hay 25 partidos políticos vigentes e inscritos en el registro del TSE y otros 21 comités pro formación. Completamente absurdo.
Como es de costumbre entre las formaciones políticas de Guatemala, muchos legisladores/as han cambiado de bancada, se han transfugado e integrado a plataformas emergentes o establecidas y están incorporando y reciclando a figuras políticas tan desgastadas que entre ellas encontramos a algunos exconvictos por lavado de dinero y otros que han enfrentado graves casos de corrupción. Pero todos tienen el objetivo de asegurar su reelección o su retorno a la política en los comicios de 2027. Por ejemplo, el partido Firmes es el partido de Nery Ramos, y ya sabemos bien quién es y de dónde viene este personaje, pero también del expresidente Alfonso Portillo, la diputada Evelyn Morataya (exesposa de Portillo y exprimera dama), la diputada Karina Paz que proviene de VOS y esa desesperanzadora formación política llamada UNE. Que a mucha de esta gente no le quede ninguna reserva de vergüenza y esté dispuesta a darle la cara al público no es algo que deba sorprender – tienen el cuero más grueso que los pocos cocodrilos que quedan en el canal de Chiquimulilla. Lo que nunca va a dejar de sorprender es que la ciudadanía de Guatemala, tan receptiva que es como siempre al espectáculo y la farándula, pueda ver en estas desgraciadas opciones algún chance de redención. Así funciona la idiotización en el país.
Es ampliamente sabido y contado que todos estos partidos responden más a aspiraciones de ascenso social por vía del legislativo, una lógica de lotería electoral que, si no es con un partido o con otro, bien puede resultar en una chamba sobre pagada, con dietas abundantes y aumentos inmerecidos en el congreso y, por supuesto, la eterna supervivencia y reciclaje de los caciques, nacionales y distritales, que buscan clientelas y apoyo para proyectos ideológicos que, en el fondo, guardan mucho en común con el consenso dominante (manufacturado desde arriba pero sostenido desde abajo) y que de formación ciudadana tienen tanto como la información que incluyen las sodas o la comida chatarra en sus etiquetas.
Entre las izquierdas, lamentablemente, estamos viendo algo similar. Esta semana el llamado Frente Democrático por la Democracia (FAD), en coalición con partidos de la vieja izquierda como la URNG y Winaq, y proyectos afines como Somos Dignidad, lanzaron lo que ahora llaman el Pacto Democrático por Guatemala. Con la presencia de una dirigencia bien curtida, empezando con Miguel Ángel Sandoval y Amilcar Pop, ahora ha decido apelar al «bien común» constitucional y desenterrar la agenda de los Acuerdos de Paz como el programa mínimo de una nueva coalición, frente o pacto político. Acuerpados por un grupo relativamente pequeño de simpatizantes y activistas que se hicieron presentes a la ceremonia de lanzamiento, algunos/as de ellos/as leyeron, como se leen textos selectos en las escuelas primarias, el documento que podemos considerar fundante de la nueva coalición.
El discurso suena bien y tiene sin duda cierto eco en la sociedad guatemalteca. Hablan de enfrentar la «crisis estructural» del país (una frase muy, muy común entre las izquierdas chapinas), la concentración de la riqueza, la corrupción y la debilidad institucional. Mucho de esto incluso lo tienen en común con el comité pro formación llamado Raíces – una fracción de Semilla encabezada por Samuel Pérez. Pero cuando nos detenemos un poco y nos preguntamos si es que acaso hemos escuchado un discurso similar, si es que no exactamente lo mismo, anteriormente, rápido se nos viene a la mente el recuerdo del Frente Democrático Nueva Guatemala (FDNG), la Alianza Nueva Nación (ANN), Convergencia (que también incluyó a CPO) y Maíz. Detrás de mucho de esto ha estado, por supuesto, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), sus viejos dirigentes, algunas de sus organizaciones o algunos grupos disidentes de la misma. Y no olvidemos, más recientemente, al Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP). La lista es larga y compleja y una nota como la presente no puede hacerle justicia, pero esto nos da una idea de la triste y trágica historia de frentes, unidades, convergencias, coaliciones, etc. que han definido la trágica participación electoral de las izquierdas en el mercado electoral del país. Cuando hay líos dentro de estas unidades, muchas veces pueden trazarse a clavos entre las dirigencias vitalicias que se han transmutado de las viejas organizaciones guerrilleras a nuevas formaciones políticas o movimientos sociales – sus propios vehículos personales para la liberación. Y cuando hay nuevos frentes o convergencias es porque, bueno, algunos de ellos han decidido reconciliarse. Hoy, con una dirigencia que ya francamente debería haberse jubilado en términos políticos desde hace rato, la cosa se perfila incluso un poco más fársica.
Cuando alguna instancia de la llamada «centro izquierda», aunque es mejor realmente entenderlo como extremo-centrismo, ha llegado al poder, como sucedió con Álvaro Colom y la UNE en el pasado reciente o Bernardo Arévalo y Semilla en el presente, la decepción ha sido tan aguda que parece un milagro que todavía haya gente activa y consciente militando entre las izquierdas que pueda confiar de nuevo en un nuevo frente o pacto democrático por Guatemala. Porque la verdad es que es imposible esperar resultados diferentes cuando la misma gente de siempre decide repetir más de lo mismo.
Tags: Delia Bac Etapa preelectoral Firme Nery Ramos Partido Verde







