Es claro que muchos del partido republicano estadounidense tienen claras simpatías por Hitler y los nazis como lo demuestran los dirigentes de ICE en contra de los inmigrantes latinos. Lo describe bien Ernesto Lemmingway en la revista conservadora The Atlantic en su reciente artículo “El Partido Republicano Tiene un Problema Nazi”. El jefe de ICE Greg Bovino usaba un abrigo de grandes solapas con botones de latón y estrellas a lo largo de una manga como un oficial de la Wehrmacht en la década de 1930. Estos republicanos apoyan ideas asociadas con el Partido Nazi durante su ascenso al poder a principios de la década de 1930. Hablan de su amor por Hitler. El vicepresidente J. D. Vance restó importancia a esa controversia.
Sin embargo, por paradójico que suene, muchos de ellos apoyan a Israel. Peter Beinart, en The Forward el 29 de julio de 2019, explicaba que la razón es que los republicanos ya no hablan de Israel como si fuera un país extranjero. Confunden el amor por Israel con el amor por Estados Unidos porque ven a Israel como un modelo de lo que quieren que sea Estados Unidos: una democracia étnica. “Israel es un estado judío. Trump y muchos de sus aliados quieren que Estados Unidos sea un estado blanco, judeocristiano. Israel, a pesar de sus elecciones libres e instituciones parlamentarias, privilegia estructuralmente a un grupo étnico y religioso sobre otros. Eso es lo que muchos republicanos desean aquí. Se pasa por alto la afinidad de la derecha por la democracia étnica, prefiriendo otras explicaciones para el apoyo republicano a Israel. No es solo Trump quien admira a los líderes autoritarios; los republicanos de a pie también. Tienen una visión más favorable de Rusia y Arabia Saudita que los demócratas. Otro argumento común sobre por qué los republicanos apoyan a Israel tiene que ver con la teología. A ellos no les gustan los cristianos evangélicos afroamericanos y latinos— porque son mucho más críticos con Israel y por el color de su piel.
A pesar de sus raíces nazis, los republicanos apoyan a Israel y sus acciones bélicas. Pero también los demócratas que, pese a que los religiosos afroamericanos y latinos desaprueban las guerras que libra Israel para expandir su territorio, sus políticos también apoyan a Israel como los republicanos por la sencilla razón que los políticos de ambos partidos reciben plata para sus campañas electorales de la asociación jázaro-judía (no semita) AIPAC. La Inteligencia Artificial dice al respecto:
“AIPAC financia de manera masiva y estratégica a políticos en Estados Unidos. El Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí opera formalmente como un grupo de presión bipartidista. Su objetivo central es garantizar el apoyo económico, político y militar incondicional hacia Israel. AIPAC no entrega dinero directamente desde su organización matriz debido a las leyes federales de campaña. En su lugar, utiliza un entramado legal altamente efectivo: Comités de Acción Política (PACs): Crearon el AIPAC PAC para realizar donaciones directas a las campañas de candidatos individuales. Súper PACs (United Democracy Project): A través de este mecanismo legal, movilizan sumas ilimitadas de dinero de donantes adinerados para emitir publicidad a favor o en contra de un político. Red de donantes individuales: Reúnen y dirigen las contribuciones de miles de ciudadanos estadounidenses pro israelíes hacia candidatos específicos. Financiamiento de viajes: Pagan de forma regular costosos viajes educativos a Israel para miembros del Congreso recién electo”.
Otra paradoja más: los extremistas judíos no semitas no solo atacan a los agricultores y pastores palestinos semitas sino también destruyen templos y símbolos cristianos en territorio ocupado por Israel. La fiscal general israelí Gali Baharav-Miara advirtió que Israel ha entrado en «una carrera para eliminar las instituciones democráticas», acusando al gobierno de normalizar el incumplimiento de las sentencias del Tribunal Supremo.
Derivado de la guerra contra Irán, es ahora claro que quien dirige la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente es Israel, por lo que muchos republicanos, incluso nazis y demócratas han comenzado a cuestionar esa política, porque no es del interés nacional de Estados Unidos seguir a Netanyahu en sus sus guerras en Medio Oriente con un gasto sideral para el presupuesto estadounidense. Tampoco están de acuerdo en la destrucción de Gaza, de Líbano y de Irán. Les revienta tirar mil millones de dólares al día para mantener la flota en el Golfo Pérsico, y ya van más de cuatro meses de guerra y amagos de paz. Saben que ese apoyo militar se ha tornado un suicidio para la gran súper potencia, mientras el intercambio de misiles continúa entre Estados Unidos e Irán, e Israel ocupa Líbano, y piensa continuar ocupando partes de Siria, quizás también de Sinaí en Egipto, en aras del Gran Israel.
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