El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, está utilizando la figura de Francisco Morazán de manera similar a como Hugo Chávez lo hizo con Simón Bolívar para construir legitimidad histórica, proyectar influencia política a nivel regional y reforzar un relato de soberanía, fuerza y unidad. Hugo Chávez recurrió al ideal bolivariano de la «Gran Colombia» y la integración de América Latina para posicionar a Venezuela como el epicentro político de Sudamérica, extendiendo su influencia mediante la diplomacia y dadivas por su riqueza petrolera.
Bukele, al “inaugurar” el mausoleo dedicado a Francisco Morazán en San Salvador y custodiar sus restos con honores militares, intenta rescatar el histórico ideal del unionismo centroamericano. Sin embargo, hay que decirlo con firmeza histórica: los restos de Morazán ya no existen, pues el mausoleo donde estaban se explotó con varios sacos de pólvora debajo bajo las órdenes de Rafael Carrera Turcios, luego de ganarle la guerra al presidente salvadoreño Gerardo Barrios en 1863.
Quedaron solo escombros y polvo. ¿Por qué lo hizo? Esa es la pregunta que se debe formular. Es una historia antigua que se remonta a 1839, cuando Morazán perseguía al guerrillero Rafael Carrera, líder de la gesta campesina en defensa de sus tierras y en medio de la epidemia de cólera. Y llegó a Mataquescuintla donde él vivía y preguntó a la población dónde se encontraba el líder de la montaña, el faccioso Carrera. Y, como nadie se lo dijo, mandó a violar a la esposa de Carrera, Petrona García, que se había refugiado de la soldadesca del hondureño junto con el resto de mujeres del pueblo, pues sus saqueos y ofensas eran ya conocidas desde hacía años. Y fue violada por soldados de Morazán.
No contento con ello, apresó al padre de esta para que dijera dónde estaba Carrera y, como también dijo no saberlo, Morazán lo decapitó, frió su cabeza en aceite y la colocó en la plaza como escarmiento para los que ayudaran a Carrera. Más adelante, Morazán a su vez capturó a varios mentores de Carrera, los curas del bajo clero Durán, Aqueche y Lobo, y los fusiló. La venganza culminó con la descalización del mausoleo al explotarlo.
También hay que recordar por qué el pueblo costarricense festejó su fusilamiento en 1842. Morazán, cuando terminó su mandato como presidente federal en 1838, se constituyó en dictador de facto de El Salvador en 1839, cuando la federación había dejado de existir. Y, con ese cargo de dictador, invadió Guatemala que recién había sido tomada por Carrera y sus guerrilleros, donde fue derrotado por Carrera y huyó de Centroamérica. Este se instaló en Perú durante casi un año. Allí logró el financiamiento de un general peruano con intereses en Costa Rica, con la idea de recuperar sus fincas expropiadas, y fue de esa forma como llegó a este país.
Al llegar allí convenció a sus jefes militares que habían sido sus amigos años atrás, y lo designaron gobernante, dándole un golpe de Estado al electo presidente costarricense Braulio Carrillo, que había hecho progresar a su país con la producción de café. Este tuvo que huir a Panamá con sus ministros. Y Morazán quedó como dictador, pero, al paso de los meses, decidió atacar Nicaragua con sus planes absurdos de unir a Centroamérica por la fuerza y, al pretender cobrar impuestos de guerra, los ticos se sublevaron y Morazán fue fusilado ante la aprobación de su pueblo en la plaza central de San José.
Se recuerda que Morazán gobernó la República Federal de Centroamérica de 1830 a1838. Incluso cuatro años antes se había elegido a José Cecilio del Valle para la presidencia. Pero como murió, Morazán, de manera ilegal, continuó en el cargo hasta que Carrera lo expulsó con el apoyo del campesinado regional, en el alianza con Francisco Ferrara, el líder campesino de Honduras.
Por eso me parece absurdo que Bukele quiera apropiarse de esta figura, que es el héroe de la historia oficial liberal-dictatorial centroamericana de Justo Rufino Barrios y Tacho Somoza, en busca de consolidar a El Salvador como el referente ideológico y el motor de liderazgo en el istmo, exportando el peso político de su administración más allá de sus fronteras.
La escenificación gubernamental en torno a Morazán (el uso de sables, uniformes solemnes y desfiles) conecta con sectores de la sociedad que asocian los símbolos castrenses con las nociones de orden público, autoridad dura y soberanía nacional. Bukele intenta ensalzar la figura de Morazán para enaltecerse él mismo en un eco vacío que no encontrará en parte alguna de Centroamérica. Bukele intenta blindar así los cuestionamientos internacionales contra la dictadura de su régimen, presentándose como el lider de una «gesta inacabada».
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