¡Cómo ejercer la ciudadanía, más allá de nuestro metro cuadrado!

Mariana Rohrmoser

abril 22, 2025 - Actualizado abril 22, 2025
Mariana Rohrmoser

Ejercer nuestra ciudadanía es algo que no debiese ser optativo, pues, más allá de ser un derecho, se concibe también como una obligación.

Hacerlo bien y fuera de nuestra zona de confort, es algo que no sólo es fundamental sino trascendental, ya que puede ser el cambio de nuestras vidas, de la realidad de nuestro país y en gran medida, de nuestra historia.

En esencia, cumplir con nuestro rol de ciudadanos responsables es algo que va más allá de lo que conocemos y sabemos hacer, es algo que debe traspasar nuestro metro cuadrado.

Ante el desconocimiento de este derecho y obligación, lamentablemente se cae en la crítica inútil o maliciosa, misma que se convierte en caja de resonancia de los grupos o sectores que no desean que este país salga adelante.

Pareciera irreal pensar que hay guatemaltecos que desean una Guatemala invadida por la corrupción y el subdesarrollo, pero sí los hay y es por una simple razón: porque cambiar implica cesar a sus beneficios, a su comodidad, a su desmedida avaricia y a sus ganancias de toda índole.

Para muchos contar con un país equitativo, que permite la competencia es indeseable.

Por ello, invito a usted, estimado lector a ser muy cuidadoso con su crítica, entendiendo que estamos atravesando épocas complejas, por lo que debe ser imperativo transformar la misma, a una que realmente sea constructiva y así no servir a los detractores, evitando la distorsión de la verdad, la confusión y sobre todo la confrontación.

Tenemos claro que en este país muchas cosas no marchan bien y que esto radica en una culpa compartida y por lo tanto parecemos estar encerrados en un “loop” que nos arrastra a un pasado de múltiples conflictos, infestado de corrupción y de la cual pareciera imposible salir.

Pero también es una realidad, el que aún falta mucho involucramiento por parte de esa ciudadanía honesta e inteligente que desea un cambio y lejos de sumarse para enfrentar estos embates, pareciera que huye y se refugia en la crítica sin propuesta.

Finalmente, los problemas son de todos y sea por acción u omisión, hemos contribuido a que los mismos se enraícen en esta nación. Recordar que, buena parte de esta población se adhiere a las malas prácticas e incluso se pliega a veces a la corrupción, con tal de obtener beneficios o resultados.

La corrupción, la impunidad, la ineficiencia en los servicios básicos y la falta de infraestructura son el producto del pasado y nefastas administraciones, que por décadas ultrajaron hasta nuestra dignidad. Pero también es culpa del hoy y por eso, falta usted y sus acciones.

No permitamos constituirnos en detractores del presente, que, con todo y sus falencias, debe brindarnos una nueva oportunidad y por lo tanto urge activar nuestra ciudadanía.

Actuar únicamente desde nuestras trincheras y encima de todo criticando y sin propuesta, regresamos a ese “loop”  destructivo que sólo nos confronta. Mientras el mal avanza, la crítica abunda y nos draga en esa cotidianidad de un país que pareciera ir a la deriva.

Debemos enfrentar las preguntas que nos incomodan: ¿qué estoy haciendo yo para cambiar esta realidad? y ¿por qué, cuando un gobierno no da la talla, ya sea por su descaro, por su voracidad para robar, por su incompetencia, por su falta de carácter, porque enfrenta una oposición feroz o todas juntas, resulta mucho más tentador asumir el rol de espectador molesto y crítico y no de activista.

Definir bien, qué es ejercer la ciudadanía y cómo participar más allá de nuestras cuatro paredes, no implica necesariamente involucrarse en la política. Más bien es activarse en las múltiples formas que existen, para lograr cambios, dejar la crítica destructiva y ociosa, ser manipulado por la desinformación y pasar a la acción, que nos permita cambios fructíferos para el país.

Muchos guatemaltecos ejercen bien su papel de ciudadanos, desde sus posturas como trabajadores, profesionales, empresarios y demás, cumpliendo con todas sus responsabilidades. Sí, ciudadanos ejemplares, pero desde su metro cuadrado, creyendo que desde ahí será lo único que pueden aportar.

Estos ciudadanos olvidan un detalle: se puede elegir la profesión y nuestra forma de vivir o existir, sin embargo, el ejercicio de la ciudadanía responsable no es una elección, es un deber.

Pareciera ser importante comenzar a entender que, de este enredo, de ese pasado y de este presente que aún no tiene claridad, sólo se saldrá con acciones e inteligencia colectiva que trasciendan el metro cuadrado de cada uno de nosotros y eso implicará, dar la milla extra.

Hablemos claro: Sí, la responsabilidad principal recae en quienes nos gobiernan. Esto es un hecho irrefutable y para eso fueron electos. Pero también debe quedar algo claro y es que, en contextos de dificultad, polarización, desconfianza institucional y debilidad estatal, el ciudadano tiene más herramientas de las que cree tener, para generar impacto.

No necesariamente se trata de involucramiento partidista. Esta, también es una elección.

Se trata de activarse, de investigar y cambiar el chip, entendiendo que ser ciudadano responsable, sí es una obligación que se ejerce desde muchas trincheras.

La ciudadanía responsable y consciente empieza por algo tan básico como informarse bien, no propagando desinformación y teniendo una visión crítica, pero propositiva. Requiere pasar del reclamo al involucramiento y eso puede darse de muchas formas: participando en auditoría social, sumándose a movimientos civiles, proponiendo desde espacios comunitarios, estudiantiles, profesionales e incluso, desde el arte y la cultura.

En Guatemala existen herramientas concretas que permiten ese involucramiento: las comisiones de transparencia y probidad municipales, los consejos de desarrollo en donde la ciudadanía puede participar en la priorización de obras; los observatorios ciudadanos, como los que impulsan universidades y organizaciones civiles; el acceso a información pública mediante solicitudes individuales para conocer cómo se están usando los recursos; o incluso la posibilidad de presentar denuncias ante la Contraloría General de Cuentas o acciones legales cuando hay indicios de corrupción. Aunque hoy no tengamos plena confianza en nuestras instituciones, exigir que éstas trabajen y cumplan con su deber y con la ley, es nuestra obligación.

Existen plataformas como Guatecompras, en las cuales cualquier persona puede consultar para monitorear contrataciones públicas; espacios de diálogo como cabildos abiertos; o iniciativas y espacios juveniles en donde los jóvenes se pronuncian, escriben y ejercen el debate como herramienta de discusión sobre temas de impacto nacional.

Todos estos son mecanismos y formas de ejercer ciudadanía activa, sin necesidad de tener un cargo público.

La participación no siempre es visible ni grandilocuente. A veces basta con abrir un espacio de diálogo entre vecinos, con escribir un artículo, con educar desde el aula o desde el hogar sobre valores democráticos. Cada acción cuenta y ese ejercicio de micro activismo sostenido, es el que puede consolidar una ciudadanía con poder de transformación.

El gran reto es dejar de delegar absolutamente todo al Estado, evitando caer en el conformismo y en la renuncia a exigir rendición de cuentas. Se trata de reconocer que un Estado débil y lleno de obstáculos no se va a fortalecer si su población se convierte en un coro de quejas sin acciones. A veces, ayudar a un gobierno que supuestamente no da la talla, no significa aplaudirlo, sino exigirle con propuestas, con participación que genere contrapesos y así construir alternativas desde lo colectivo.

No es una fórmula mágica, pero es un camino más honesto. No se trata de esperar a que los gobiernos lo arreglen todo, sino de entender que la democracia se construye desde la calle, la escuela, el barrio, la oficina, la red social. En esencia, cada pequeño espacio, se convierte en ejercer esa ciudadanía de forma responsable.

En tiempos difíciles, hay dos opciones: quedarnos en la queja o convertirnos en parte del cambio. Yo elijo lo segundo.

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