PROVOCATIO / Resultados que nos desnudan ¡de nuevo!

El descenso vertiginoso de la disciplina y el rigor académico en todos los niveles educativos, incluyendo la universidad. Ahora resulta que la meta principal es que el estudiante no se aburra y, peor aún, no se esfuerce. Ahora la posmodernidad exige que todo sea divertido, entretenido y fácil, con lecturas cortas, lo que impacta en el análisis profundo y el pensamiento crítico. Hoy en día, en la universidad, 50 páginas de estudio ya se consideran demasiado, cuando nosotros teníamos que leer libros enteros en el siglo pasado.

José Alfredo Calderón E.

septiembre 18, 2026 - Actualizado septiembre 17, 2026
José Alfredo Calderón E.

A pesar de los escandalosos resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) en 2026, el impacto pareciera no preocupar a muchos en nuestro país. En resumen, no solo bajamos los niveles respecto a 2022, sino que somos el último país de Latinoamérica en la medición.

Ante este cuadro, se esperaba que el MINEDUC reaccionara contundentemente sobre las medidas de corto y mediano plazo que se implementarían ante la gravedad de la situación. Sin embargo, el viceministro técnico Francisco Cabrera se limitó a minimizar nuestras vergüenzas, achacando casi todo a la pandemia y al hecho que el examen se hace en forma digital. Inefable la reacción oficial por lo que no externaré más comentarios al respecto.

Decenas de respuestas surgen entre quienes sí estamos preocupados y nos dedicamos a la docencia y la investigación.  Hoy quiero compartirles las que son, a mi criterio, las más importantes y decisivas:

§  La dictadura cultural audiovisual instalada en el siglo XXI. Es evidente la dependencia (y mal uso) del móvil y otros dispositivos como el cine, la televisión y, sobre todo, la transmisión y reproducción de contenido multimedia (como audio o video) a través de internet (Streaming). No está demás indicar que los contenidos son cada vez más intensos, agresivos y carentes de sentido.

§  El descenso vertiginoso de la disciplina y el rigor académico en todos los niveles educativos, incluyendo la universidad. Ahora resulta que la meta principal es que el estudiante no se aburra y, peor aún, no se esfuerce. Ahora la posmodernidad exige que todo sea divertido, entretenido y fácil, con lecturas cortas, lo que impacta en el análisis profundo y el pensamiento crítico. Hoy en día, en la universidad, 50 páginas de estudio ya se consideran demasiado, cuando nosotros teníamos que leer libros enteros en el siglo pasado.

§  Deficiente preparación y actualización de los maestros. Se han preguntado ¿cuántos libros lee al año un maestro promedio? Esto ya se midió durante el gobierno de Berger y el resultado fue espantoso: la mayoría de maestros no habían leído un solo libro en su vida. Se educa por medio del ejemplo y la deficiencia del magisterio, contagia a los alumnos. Contrario a lo que pudiera pensarse, esto ha empeorado, gracias a la nefasta incidencia de Joviel Acevedo y sus secuaces.

§  Programas educativos que aparentan excelencia y vasto contenido. En la realidad, se maquillan resultados y se consciente la deficiencia, porque el maestro que coloca notas bajas, es muy exigente o (dios guarde) reprueba alumnos, no solo es mal visto, sino que pone en riesgo su trabajo, sobre todo, en las entidades privadas. Eso sí, en los informes, se declara que todos los contenidos fueron vistos y aprendidos.

§  Padres de familia ajenos a la dinámica educativa. El concepto de una comunidad escolar integrada es una falacia. En nuestro país, este factor tiene otros elementos a considerar:

o   La mayoría de familias son monoparentales, con énfasis en madres solteras y/o abandonadas, quienes tienen que fajarse en dos o más trabajos (entre formales e informales) para que el hogar subsista, en perjuicio del tiempo de calidad para atender las necesidades educativas de sus hijos.

o   Padres sobreprotectores que se oponen a la exigencia y las “malas” notas, pero que son incapaces de asistir a las reuniones convocados por autoridades y maestros o apoyar el proceso formativo de sus hijos. Conozco de casos en los que, incluso, algunos padres se auxilian de abogados al finalizar el ciclo escolar, para reclamar puntos o cualquier acto disciplinario que ellos consideran –antojadizamente– como represivo (sin perjuicio que los hayan).

o   Formación deficiente de los padres. Una de las razones para oponerse a las tareas en casa, sobre todo si son en vacaciones o descanso docente, es que la mayoría de padres y madres de familia acusan un deficiente proceso educativo, el cual, puede llegar al analfabetismo incluso.  Al respecto, debe recordarse que el alfabetismo que se exhibe en el DPI, no necesariamente refleja niveles básicos de comprensión lectora y habilidades de escritura y pensamiento lógico.

o   Niveles infames de pobreza. En este sentido, la educación secundaria y superior es un lujo inalcanzable para muchos en Guatemala. Aunque la instrucción sea gratuita, hay muchos elementos más que generan gasto para las familias. Por otra parte, debe recordarse que el 80% de la economía y el trabajo es informal.

Como ven, los culpables van más allá de la inteligencia artificial y el uso excesivo del celular. Por de pronto, esforcémonos por menos inmediatez y diversión; y atrevámonos a ser diferentes. En mi caso, todos mis exámenes son orales, por lo que la evaluación de conocimiento, retención, procesamiento de información y elaboración narrativa de lo aprendido, es mucho más efectiva.

*Historiador y analista político

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