Lo que parece, pero no es

Renzo Rosal

septiembre 18, 2026 - Actualizado septiembre 18, 2026
Renzo Rosal

Hasta las elecciones de 2011, los procesos se realizaban bajo ciertas condiciones de regularidad. En materia de candidatos, por ejemplo, aunque aparecían “personajes” con cuestionamientos, estos eran identificados con cierta facilidad, eran percibidos como actores “especiales”. El sistema legal-institucional los descartaba porque sus lógicas de actuación se salían de los marcos tradicionales. De esa manera, el sistema se contraía, resistía los embates, aislaba a quienes no respondían al modelo dominante.

Pero todo cambió a partir del proceso llevado a cabo en 2015. En principio, ciertos actores de veto, asustados por los sucesos acontecidos ese mismo año (movilizaciones populares, salida anticipada del binomio presidencial, fuerte presencia de la CICIG, agenda anticorrupción ampliamente respaldada) cerraron filas para evitar que esa vorágine de cambios continuara y se consolidara. Lo ocurrido no podía repetirse, en ninguna circunstancia. La elección de ese año debería ser el momento para garantizar ese objetivo, por lo cual qué mejor que imponer a un anodino como presidente simbólico sujeto de la más absoluta manipulación por quienes en lo sucesivo conformarían la alianza dominante, integrada por el menú más inverosímil de la historia política reciente.

Quienes estaban en el sitio de atrás pasaron a ocupar sitios privilegiados, incluso desplazando a quienes antes creían tener control absoluto del timón. Esa correlación ha sido ascendente y ha modificado todo un sinfín de factores, desde el interés por el control de las instituciones, hasta el listado de candidatos a puestos de elección popular que, cada vez más, se integra por personajes grises, ambiciosos, ávidos de porciones de poder a cambio de lo que sea.

En el proceso electoral 2019 varios de los personajes oscuros se guardaron porque aún se percibía cierta dosis del ambiente generado años atrás. En 2023 comenzaron a salir de sus guaridas. Pero en 2027 el festín del regreso apunta a ser mayor, más descarnado, con una enorme dosis de cinismo e interés por ir por todo lo que aún queda. Lo encaletado ha quedado en la absoluta impunidad; ahora toca ponerse al día.   Las condiciones son, en general, favorables. Está por verse si el TSE tiene el interés institucional y las herramientas necesarias para implementar, de una vez por todas, todo lo contenido en la ley electoral. Lo aprobado hace poco más de una década no ha dado el Do de pecho. Con solo aplicar mediadamente la normativa electoral, actualmente estaríamos en otras condiciones. Lo que viene adelante será más retante. El objetivo de varios partidos supone subordinar, aún más, el órgano electoral, inmovilizarlo, limitarlo para que solamente se dedique a los asuntos marginales. ¿Podrá y querrá salirse de ese script para asumir las competencias que le corresponden? Eso está por verse.

Los movimientos que han comenzado a mostrar varios partidos son para palidecer y generar alarmas por montón: facilitar el retorno de seudo políticos que años atrás cometieron todo tipo de ilegalidades, servir de plataformas para el ascenso de los inescrupulosos; favorecer el recrudecimiento del financiamiento electoral ilícito. Esos son los objetivos reales del proceso, todo lo demás es simbólico y poco transcendente. 

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